ZENÓN DE ELEA

Los gérmenes de escepticismo que pudiera encerrar la doctrina de Parménides los desenvolvió un filósofo de la misma escuela: Zenón, que, fundado en el arte de la dialéctica, adquirió un instrumento poderoso en el terreno de las cavilaciones. A fuerza de ponderar el valor de la razón y deprimir el de los sentidos, llegó a negar la legitimidad del testimonio de éstos, y considera a la experiencia como contraria a la razón. Así las nociones que tenemos sobre los seres finitos son puras ilusiones; negaba la existencia del movimiento, de la materia y del espacio. La razón en que se fundaba era el que si existiesen cosas finitas sería necesario atribuirles calidades opuestas, admitiendo semejanza y desemejanza, movimiento y quietud, unidad y pluralidad. En el supuesto panteísta, el argumento es concluyente, porque si no hay más que un ser, no puede haber desemejanza ni pluralidad; mas esto es lo que debía probarnos Zenón; de lo contrario, su argumentación es en este caso una petición de principio. Si todo es uno, no hay variedad, sino apariencia de ella; se concede, pero la dificultad está en probar el antecedente, a saber: que todo es uno, y ésta es una condición sin la cual no se puede dar un paso. El decir que todo es uno, porque no puede haber variedad, sería un círculo vicioso: no hay variedad porque todo es uno, todo es uno porque no hay variedad.

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