YO NO SOY UNA HARPIA SUFRAGISTA”

Hoy nos cuesta admitir que hace apenas noventa y noventa y cuatro años, la mujer montevideana tenia que librar, todavía, encarnizadas batallas para ganarse el derecho…a votar, tan solo. No se habla de militancia política, ni cosa parecida (que era por entonces impensable) ; apenas si se trataba de practicar ese acto cívico tan elemental, tan consabido en cualquier democracia, que es el sufragio. Pero ni aun ese mínimo se le reconocía a la mujer por aquel 1916 ; y lo curioso es que quienes le negaban mas cerradamente ese derecho …eran mujeres.
Muy ilustrativo de esta situación resulta un articulo publicado en la revista “Acción Femenina” , portavoz del movimiento feminista uruguayo, aparecido en ese año de 1916 bajo la firma de una tal Panchita Jiménez ; nombre que no se si seria real, o si se trata del seudónimo de alguna dama que no se atrevía a dar la cara , vistos los prejuicios todavía imperantes. Nótese la obviedad de los argumentos a que recurre Panchita Jiménez en esta materia que hoy , noventa y cuatro años después, nos parece tan superada : “Nunca creí que hubiese mujeres que se opusieran al voto de la mujer.
¿Por qué no ha de votar? Creo firmemente que la mujer puede y debe votar ; mas hoy cuando su cultura avanzo tanto, que ha dejado de ser muñeca para convertirse en un ser consciente y pensante. Los argumentos presentados para combatir el voto femenino carecen de solidez. El caballito de batalla de los que se oponen, es que el voto femenino es incompatible con el hogar. Se puede votar y se puede atender el hogar perfectamente. Votar no robara tanto tiempo como lo roban mil atenciones religiosas, mil deberes sociales que obligan a permanecer horas y mas horas fuera de casa, teniendo que dejar al bebe al cuidado mercenario de una niñera; a los mayorcitos a cargo de la mucama, y a la casa para atenderla…

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