Yemen: nuevo frente en una región convulsionada

l mundo islámico ha estado históricamente dividido. Desde sus primeros tiempos. Esencialmente, entre «sunnis» y «shiitas». En los últimos años, esa división ha encendido una rivalidad -con frecuencia violenta- entre Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, por una parte, e Irán, por la otra, en lo que es una lucha por el predomino regional y el liderazgo en el universo del Islam. Los países árabes han visto crecer una preocupación por la conformación de un eje entre Teherán, Beirut, Bagdad y Damasco, conducido por Irán.

Los primeros, esto es los «sunnis», creen que el legítimo sucesor del Profeta fue Abu Bakr, el primer Califa, a quien no asignan rol religioso específico alguno. Para ellos, en materia religiosa, basta con ceñirse al contenido del Corán y a la historia -y enseñanzas- del Profeta para guiar a los creyentes.

Los «shiitas», en cambio, sostienen que el Profeta fue sucedido por su yerno Ali -nacido en la Kaaba, en La Meca- quien fuera, sostienen, el primer Imán. Para esta segunda facción, los fieles necesitan siempre de un liderazgo religioso concreto, que atribuyen a los Imanes. Por esto asignan un rol central de conducción religiosa (y política) a sus clérigos, que hoy conforman la oligarquía de la teocracia iraní.

Ahora, en Yemen, se acaba de abrir lo que luce como un nuevo frente en esa puja capaz de convertirse en una conflagración que se extienda rápidamente más allá de las fronteras yemenitas.

Ambos bandos se han enfrentado con alguna frecuencia. Últimamente -con extrema dureza- en Irak, Siria y el Líbano. De allí que -en rigor- exista entre ellos una guerra en curso. Sin cuartel.

Ahora, en Yemen, se acaba de abrir lo que luce como un nuevo frente en esa puja capaz de convertirse en una conflagración que se extienda rápidamente más allá de las fronteras yemenitas, en lo que puede ahora transformarse en una peligrosa espiral bélica.

Los países árabes atribuyen a Irán haber provocado y alimentado la guerra civil que se ha extendido en Yemen, donde un grupo «shiita» -entrenado y fuertemente armado por Irán- se ha prácticamente apoderado del país. Se trata de los «Houtis», provenientes del norte de Yemen, que primero capturaron (en septiembre pasado) la ciudad capital: Saná. Y luego avanzaron sobre la segunda ciudad de Yemen: Adén, en la costa sur del país, obligando a huir al presidente Abd Rabbuh Hadi, quien -empujado por la ofensiva de los «Houtis»- había establecido su sede en esa ciudad.

Los países árabes atribuyen a Irán haber provocado y alimentado la guerra civil que se ha extendido en Yemen, donde un grupo «shiita» -entrenado y fuertemente armado por Irán- se ha prácticamente apoderado del país.

Los «Houtis» son un grupo heterodoxo, alineado con los «shiitas», desde una rama denominada «Zaidi». El 40% de la población de Yemen, cabe apuntar, es «shiita». El resto es «sunni».

El presidente Hadi terminó teniendo que abandonar precipitadamente su país, rumbo a la vecina Djibouti. Por mar, protegido por Arabia Saudita. Ahora, con la ayuda del mundo árabe, intenta reconquistar el poder perdido. Cabe destacar que algunos «sunnis», partidarios del ex presidente de Yemen Ali Abdullah Saleh (quien gobernara por 34 años a Yemen) acompañan la campaña militar de los «Houtis».

Yemen es un país árido, pobre y tribal. De apenas unos 25 millones de habitantes, la mitad de los cuales vive en la pobreza y sumida en el atraso. Allí opera, muy activamente, Al-Qaeda, enfrentada con los «Houtis» y con las fuerzas leales al presidente Hadi. Con todos los que no abrazan su credo.

Yemen es un país árido, pobre y tribal. De apenas unos 25 millones de habitantes, la mitad de los cuales vive en la pobreza y sumida el atraso. Allí opera, muy activamente, Al-Qaeda, enfrentada con los «Houtis» y con las fuerzas leales al presidente Hadi.

Hasta no hace mucho, Al-Qaeda era perseguida -desde la base aérea de Al Anad, en las cercanías de Adén- mediante el uso de los llamados «drones», esto es de pequeños aviones manejados a control remoto. Con el rápido avance de los «Houtis», esa operación -conducida por los norteamericanos- ha debido ser discontinuada. La base aludida ha sido bombardeada -e inutilizada- por los aviones militares de la coalición que, liderada por Arabia Saudita, ahora defiende al presidente Hadi.

Las naciones árabes acaban de reunirse en Egipto para decidir cómo actuar conjuntamente en la crisis de Yemen. Lo hicieron en una reunión de emergencia convocada por la Liga Árabe. Allí se dispuso conformar una fuerza militar multinacional que desaloje a las fuerzas «Houtis» de los territorios yemeníes bajo su control. Y reponer al presidente Hadi. Combatiendo en el terreno. Lo que no es nada fácil, porque la región es montañosa y los «Houtis», bien pertrechados, la conocen bien.

Todos tienen, sin embargo, plena conciencia de la complejidad y peligrosidad de la tarea que enfrentan. En rigor, recuerdan bien lo sucedido en la guerra civil de Yemen que tuviera lugar entre 1962 y 1970, cuando -con el marco de la Guerra Fría- se enfrentaran los «realistas», apoyados por Arabia Saudita, y los «republicanos», endosados entonces por Egipto y la Unión Soviética. Ese conflicto, que terminó en un punto muerto, fue «el Vietnam» de Egipto, que enviara a Yemen unos 70.000 hombres, muchos de los cuales perecieron en las batallas entonces libradas, que dejaron un saldo de 26.000 muertos.

Ese conflicto, que terminó en un punto muerto, fue «el Vietnam» de Egipto, que enviara a Yemen unos 70.000 hombres, muchos de los cuales perecieron en las batallas entonces libradas, que dejaron un saldo de 26.000 muertos.

De inicio, el accionar de Arabia Saudita ha estado acompañado por una fuerza aérea árabe, integrada también por los Emiratos Árabes, Qatar, Bahrain y Kuwait. Los bombardeos realizados han utilizado aviones de todos esos países, agrupados en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Sólo Omán no los acompañó. Los Estados Unidos han respaldado expresamente a la coalición, a la que proveen información de inteligencia y medios de coordinación. Irán, como cabía esperar, ha rechazado formalmente esos bombardeos. Se espera que Egipto, Marruecos, Jordania y Sudán se incorporen pronto al contingente militar liderado por Arabia Saudita. Y no sería demasiado sorpresivo que, de pronto, también lo hiciera Pakistán.

Para Arabia Saudita se trata de una cuestión vital. En la que no puede fracasar. No sólo por las razones geopolíticas que la impulsaron a la acción. También por el hecho de que, desde enero pasado, tiene un nuevo monarca: el rey Salman, quien designó a su hijo, el príncipe Mohammed bin Salman, como su Ministro de Defensa, hoy a cargo de este tema.

No es ciertamente la primera vez que los países del CCG intervienen militarmente para poner coto a las pretensiones «shiitas» en sus países. Lo hicieron hace ya cuatro años en la pequeña Bahrain con buenos resultados. En ese país, donde existe una clara mayoría «shiita», la sombra de Irán apareció en torno a algunas revueltas callejeras, que fueron rápidamente sofocadas por las autoridades locales, con tropas que incluyeron contingentes militares de los países vecinos.

La apuesta ahora parecería ser que Irán -que combate exitosamente en el terreno en Siria, Líbano e Irak y tiene, por ello, las manos llenas- evitará sumergirse en una nueva confrontación violenta.

La apuesta ahora parecería ser que Irán -que combate exitosamente en el terreno en Siria, Líbano e Irak y tiene, por ello, las manos llenas- evitará sumergirse en una nueva confrontación violenta. Pero nada es seguro y todo puede pasar. Particularmente cuando aparecen componentes religiosos.

Los países del Golfo temen que si Irán y la comunidad internacional acuerdan cómo manejar el peligroso tema nuclear iraní, la influencia externa de Irán podría crecer significativamente.

Además, no están dispuestos a que Yemen, que está emplazada sobre un paso marítimo de 25 kilómetros de ancho, por el que diariamente circulan unos 3,8 millones de barriles crudo -la mitad de los cuales viaje hacia el canal de Suez con destinos europeos- se transforme en un nuevo estado «colapsado». Como Libia y Somalía. Así como Siria o Irak.

Lo cierto es que se ha abierto un nuevo y peligroso frente en la guerra sectaria entre «sunnis» y «shiitas» por el predominio del mundo musulmán y la hegemonía en una de las más importantes regiones del planeta en materia de hidrocarburos. En una región convulsionada, una fricción más..

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