Warner, un estudio que lleva la violencia en los huesos

Las películas familiares están en el ADN de Walt Disney. Universal Pictures tiene debilidad por los monstruos. ¿Y Warner Brothers? Sus filmes suelen presentar aristas violentas.

Durante décadas, las películas de Warner han instalado al estudio en el centro del debate sobre la violencia en el cine y en la vida real, un debate que ha cobrado nueva fuerza luego de la matanza del 20 de julio en Aurora, Colorado, en una proyección de «The Dark Knight Rises».

Si bien el éxito de taquilla de «Dark Knight» parece asegurado, los ejecutivos de Warner retrasaron el estreno de «Gangster Squad», según una persona informada sobre los planes del estudio.

El filme muestra la lucha de la policía con los mafiosos en los años 50 en Los Angeles. Sus trailers, en los que se veía a hombres armados que abrían fuego en un cine, fueron retirados luego del episodio de Aurora. Los ejecutivos han analizado si volver a rodar partes de «Gangster Squad».

Seguir adelante con la película podría generar rechazo a las escenas que parecen recordar la matanza del cine de Colorado.

Pero modificarla podría dar la impresión de que se admite que hay un vínculo entre violencia cinematográfica y hechos reales.

La asociación de Warner Brothers con la violencia se remonta a la década de 1930, cuando los musicales empezaron a declinar y el estudio produjo una serie de películas sobre gangsters basadas en hechos reales. Los diarios, a su vez, en ocasiones acusaron a la Warner de incitar a la conducta que mostraba en las películas. Los más conocidos entre los primeros títulos de Warner sobre gangsters fueron «Pequeño César», «El enemigo público» y «Soy un fugitivo».

Dos películas de Warner, «Bonnie and Clyde», de Arthur Penn, y «La pandilla salvaje», de Sam Peckinpah, ocuparon en los años 60 el centro de un debate sobre lo que el crítico del New York Times llamó «el conocimiento de la violencia».

Pero fue «La naranja mecánica», que se estrenó en 1971, la que instaló firmemente a Warner en la controversia sobre las películas y sus presuntas consecuencias.

El filme, una fantasía sobre jóvenes sociópatas en un hipotético futuro, se vendió con el slogan de «violación, ultraviolencia y Beethoven». En una ciudad inglesa, se informó que una pandilla que cantaba «Singin in the Rain», imitando a un personaje que interpretaba Malcolm McDowell en la película, había violado a una mujer. Un empleado de un parque de diversiones que, según se dijo, estaba obsesionado con la película, mató a dos mujeres a golpes ­con una diferencia de trece años entre ambos episodios­ mientras personificaba a McDowell luciendo un sombrero hongo y entonando la obertura de «Guillermo Tell» durante sus ataques.

La veracidad de esos vínculos con la película es incierta, pero el director, Stanley Kubrick, insistió en que la Warner retirara «La naranja mecánica» de Gran Bretaña, donde no se la volvió a ver hasta después de su muerte en 1999.

Warner creó una segunda serie de ondas expansivas en diciembre de 1971 con el estreno de «Harry el sucio», en la cual Clint Eastwood, en el papel de un policía de San Francisco indignado por la benevolencia legal ante los delincuentes, llevaba a cabo sus ajustes de cuentas con una Magnum 44. Para 1974, un escritor había especulado sobre la influencia de la película en incidentes brutales en los que estuvo involucrada la policía de San Francisco.

Quentin Tarantino, maestro de un nuevo tipo de violencia más extraña, hizo su debut como guionista del estudio con «True Romance» en 1993. «Asesinos por naturaleza», basada en una historia de Tarantino pero dirigida por Oliver Stone, generó lo que puede haber sido el encuentro más amenazador de Warner con la vida real, por lo menos hasta la matanza de Aurora.

La película, que se estrenó en 1994, versaba sobre una pareja de amantes lanzados a una orgía de muerte. En medio de una serie de crímenes con elementos de copia, una pareja acribilló y dejó paralizada a Patsy Byers, empleada de un negocio de Louisiana.

La mujer de la pareja asesina dijo que ella y su novio se encontraban bajo la influencia de la película.

Byers demandó a Stone y a Time Warner. La Corte Suprema de los Estados Unidos autorizó la demanda. Por último, el caso quedó desestimado sobre la base de la Primera Enmienda.

Para 2002, «The Matrix» había creado un nuevo tipo de violencia cinematográfica al combinar una elaborada ficción sobre manipuladores del mundo que conocemos con grandes armas y artes marciales. Se acusó a las películas de «Matrix», por supuesto, de crímenes basados en el filme. En ocasiones, los responsables se declararon inimputables y afirmaron que habían tratado de escapar de la Matrix de las películas.

Treinta años antes, un redactor de la revista Newsweek registró la futilidad de preocuparse por los efectos negativos de un filme. Las películas «buenas» rara vez parecían hacer el bien.

«Hay pocas posibilidades de que esa fantasía de derecha vaya a cambiar cosas en las que décadas de películas humanistas han fracasado», señaló en la reseña.

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