Vivir en sociedad

Esta semana leemos dos parashot: Ajarei Mot y Kedoshím, cuyos respectivos significados son «Luego de la muerte» y «Santos».

Para entender un poco la razón por la cual leemos ciertas secciones juntas, debemos comprender que la costumbre mundialmente aceptada es leer toda la Torá en un ciclo de un año. Cada semana se lee una porción (que puede ser de una o dos parashot). Ahora bien, en la Torá hay 54 parashot, al igual que el número de semanas del año, sin embargo, debemos tener en cuenta los Shabatot que algunas festividades «sacan», por así decir, del ciclo normal de lectura. Si una festividad acaece en Shabat o en los Shabatot intermedios de Pesaj y Sucot, se interrumpe el ciclo secuencial de lectura y se lee algo relacionado con el momento. Esto va restando Shabatot y forzando que, para completar la Torá en un año, se deban juntar secciones.

En los años bisiestos, es decir, cuando hay un mes de Adar adicional, generalmente no se juntan secciones porque se le agregan al año 4 (o a veces 5) Shabatot más.

Nuestros sabios indicaron qué secciones se pueden juntar, no es que cada año se elige alguna combinación diferente, sino que son siempre las mismas. Esto indica que debe haber alguna relación entre las secciones que se leen juntas y, por supuesto, una enseñanza que podamos extraer de esa combinación.

El comienzo de la primer sección habla de la muerte de los dos hijos de Aharón. Como fue mencionado en otro boletín , hay diferentes opiniones entre los comentaristas sobre por qué fallecieron. El Or haJaím, del Rabí Jaim ben Atar (1696-1743), escribe que la razón de su muerte fue un excesivo acercamiento a Di-s. Por eso el versículo dice (Vaikrá 16:1) «cuando se acercaron a Di-s y murieron». Este acercamiento se trató de un nivel excelso de amor a Di-s que causó que sus almas se separen de su cuerpo para retornar a Di-s.

Por el otro lado, la segunda sección presenta una extensa lista de 51 Mitzvot, muchas de las cuales están relacionadas con asuntos cotidianos, como el respeto a los padres, la ayuda a los pobres del producto del campo, el amor al prójimo, la prohibición de la venganza, el rencor, el robo, etc., todas cuestiones muy prácticas y que hacen a la vida en sociedad.

Una forma de ver la relación entre estas secciones es que uno podría pensar que la máxima santidad consiste en apartarse de la sociedad, aún si se tratase de una sociedad sana, quien es santo está «por encima» de ella. De hecho lo llamamos a Di-s Santo porque su esencia está removida de este mundo, en términos de no ser modificada ni afectada por el universo entero ni por nuestras acciones. Es como si tomásemos el ejemplo de los hijos de Aharón fallecidos «cuando se acercaron a Di-s» y estableciésemos que ese es el ideal de santidad.

Sin embargo, continúa la Torá con la segunda sección de esta semana aclarando que santidad no significa el apartamiento total, sino la modificación del medio en que uno se encuentra. ¿Cómo? Respetando a los padres, ayudando a los necesitados, no robando, etc.

Es verdad, debe haber una cierta abstracción del medio para no ser afectado negativamente, porque después de todo, la Torá y sus reglas son eternas e inmutables, porque vienen de un Di-s Eterno e Inmutable, y la sociedad y el medio ambiente son efímeros y cambiantes. Nosotros, los seres humanos, estamos más cerca de lo efímero y cambiante que de lo eterno e inmutable. Por eso debe haber un cerco y un cierto alejamiento. Pero no del todo. Siempre debe haber una conexión con el mundo, porque el objetivo mismo de la vida es cambiar el mundo. Para eso se debe estar dentro, por así decir, del mundo.

Por eso la Torá, en su enorme sabiduría, nos advierte que no seamos como los hijos de Aharón, sino que nos involucremos y mejoremos el mundo a través de las Mitzvot y eso significa ser santos.

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