Viví el ahora

¿Alguna de nosotras se animaría a dudar de que vivimos en un tiempo presente? Pero ¿cuánto estamos presentes en nuestro presente? Quizá suene a juego de palabras, pero no lo es. Muchas veces parecemos vivir en piloto automático, pensando en otra cosa, sin prestarle demasiada atención a lo que está sucediendo a nuestro alrededor. ¿Nunca te descubriste preparando la cena y pensando al mismo tiempo en la presentación ante un cliente que tenés al día siguiente? En la era del multitasking, suena incluso lógico que nos encontremos haciendo diecisiete cosas al mismo tiempo sin estar presentes en ninguna de ellas.

Ahora, la pregunta del millón es: ¿cómo hago para fortalecer el presente? El psicólogo alemán Eckhart Tolle parece tener las respuestas. Su teoría -desarrollada en el best-séller El poder del ahora- plantea la importancia de ser conscientes del momento presente para no perdernos en el laberinto de nuestra mente. Una mente que con sus estrategias evasivas se encarga de eludir el ahora.

Ganemos presencia real -o presencia testigo, ese estar presente, pero sin actuar- en nuestros actos cotidianos y nuestra vida se verá enriquecida. ¿Cómo? Con más libertad e independencia de la automatización de nuestros hábitos y del ambiente vertiginoso en que nos movemos, con menos conciencia de la falta, entrando en un espacio de calma y de aceptación. Corriéndonos un rato de la vigilancia permanente de la conciencia y sintiéndonos observadores silenciosos de nuestras conductas, emociones y reacciones. Simplemente registrando lo que pasa a nuestro alrededor en el mismísimo momento en que está sucediendo, dejándolo ser.

Con uno mismo

¿CUÁNDO? Para contrarrestar esa sensación de «la cabeza no me para un segundo», no son necesarias grandes pausas, sino aprender a convertir las actividades más automáticas -sacar a pasear al perro, viajar en colectivo al trabajo- en pequeñas brechas de no-mente.

¿CÓMO? 1) Ya sea que estés parada o sentada, comenzá por enfocar toda tu atención en cada uno de los puntos de apoyo de tu cuerpo -los pies sobre el piso, la columna sobre el respaldo del asiento, los brazos, la cabeza-. 2) Concentrate en las sensaciones y los movimientos que realiza tu cuerpo. 3) Una vez que recorriste el cuerpo, prestá especial atención al ritmo y la frecuencia de tu respiración. Observá cómo entra y sale el aire de tu cuerpo y tratá de volver consciente el recorrido que realiza, entre que inhalás y exhalás. 4) Es importante que estés con tu mente ahí y que no aparezcan pensamientos del tipo: «Quiero llegar ya» o «cuando llegue a la oficina, lo primero que tengo que pedirle a Fulano es que me mande esos informes urgente». Si la cabeza te juega una mala pasada y te ataca con ideas vinculadas con el futuro (aunque sea inmediato), tratá de disolverlas y reconectarte con la experiencia. Convertí ese viaje, en el medio del tráfico caótico y los bocinazos impacientes, en un ejercicio de aceptación y observación del presente. 5) Otro ejercicio consiste en conectarse con la emoción estética. Registrá conscientemente todo aquello que te rodea: la observación del entorno natural y/o del entorno social y las sensaciones que te provoca cada uno de estos estímulos. Es importante que observes, pero que no juzques.

¿CUÁNTO? Durante cinco minutos en cada viaje.

¿PARA QUÉ? En vez de llegar a la oficina quejándote del tráfico y de lo mal que funciona el transporte público, empezás el día con una inusitada sensación de paz. Probalo.

Con tu pareja

¿CUÁNDO? La convivencia, el matrimonio o la rutina convirtieron la conexión emocional y el sexo en algo que está dado por sentado. Y muchas veces, en nombre de nuestros agitados días, la emoción y el contacto profundo con el otro quedan en segundo plano (¿o nunca te acordaste de que al día siguiente se te vence la factura del celular mientras tu hombre te está dando unos besos?). Es hora de entrenarse para que la domesticidad no aniquile el erotismo.
¿CÓMO? El «abrazo relajante» es una técnica para practicar de a dos. Es sencilla de hacer y se convierte en una herramienta placentera para conectarse con nuestras sensaciones, las propias y las que te genera tu pareja. Párense con ambos pies firmemente apoyados sobre el piso. Rodeá con tus brazos a tu pareja. No se «apoyen» uno en el otro, la idea es que no haya uno que sostenga al otro, sino que lo que sostenga a ambos sea el equilibrio que cada uno proporciona. Concentrate solamente en vos, en tus sensaciones y en la emoción que te genera el abrazo. ¿Qué sentís? No analices la emoción, sólo observala.

Disfrutá el estado de relajación y fusión emocional con el otro. Este ejercicio también puede aplicarse al sexo y convertir el encuentro íntimo en un banquete para los sentidos. Siguiendo algunas claves -también presentes en la creciente tendencia del slow sex-, es posible hacer el amor de un modo plenamente consciente del ahora.

¿PARA QUÉ? Poner la atención en el presente de nuestro vínculo con el otro contribuye a la profundización de la conexión y a la permanente renovación del deseo.

Con los padres

¿CUÁNDO? Las reuniones familiares pueden ser el espacio del «pase de facturas bilateral» de hijos a padres y de padres a hijos. Tu abuela te pregunta por enésima vez si ya conseguiste novio y qué esperás para casarte, haciéndote saber que no estás satisfecha con tu vida; tu mamá se preocupa porque «lo único que hacés es trabajar» y vos -mitad para no hacerte cargo y mitad para creer que la culpa siempre es de algún otro- les endilgás las responsabilidades a ellos.

¿CÓMO? Si tu mente se quedó anclada en el pasado, es difícil que puedas estar presente en el día a día. Si todo lo que te sucede hoy tiene una explicación, es porque perdiste el foco en el ahora. El pasado se perpetúa en la falta de presente. ¿Cómo cortar con eso? No es tan difícil; simplemente se trata de disolver el agobio del «porque cuando yo era chica vos me dijiste que…» para convertirlo en el «ahora que soy una mujer adulta, yo creo que…». Un ejercicio para poner en práctica en el próximo evento familiar: 1) Preparate de antemano para observar a cada uno de tus padres. 2) Tomate unos cinco minutos para prestar atención a lo que hacen, dicen, etcétera, sin sacar conclusiones, sin responder, sin juzgarlos. 3) Reconocé los sentimientos que te generan ellos. Eso reemplaza las viejas y gastadas estructuras de pensamiento que quizá te sirvieron hasta ahora, pero que tal vez quieras dejar ir. Porque vos cambiaste, pero ellos también cambiaron.

¿PARA QUÉ? Para no quedarnos enganchadas con esas «cuentas pendientes», esas heridas narcisistas que desatan las peleas que arruinan los almuerzos del domingo. Aparte, siendo prácticas: ¿tiene sentido ocupar lugar del placard con esa ropa que no te pusiste durante dos años si tenés miles de atuendos nuevos? La conclusión se desprende de ahí: ¿por qué seguir, entonces, dándole oportunidades al pasado cuando el presente está ahí, adelante de vos? Salí a estrenarlo, a cada momento, todos los días.

Por Eugenia Castagnino

Y vos, ¿vivís el ahora? ¿Pusiste en práctica estas técnicas? Opiná.

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