VIDA CONTEMPLATIVA, VIDA ACTIVA

CENTRO DIAMANTINO

VIDA CONTEMPLATIVA, VIDA ACTIVA
El Vajra o Cetro Diamantino

El Vajra, (Sto.)  Dorje (Tib.) o cetro diamantino es el símbolo quinta esencial del ‘vehículo del diamante’ o del sendero del budismo vajrayana.  Es también utilizado como prefijo del nombre de una hueste de divinidades, atributos y cualidades propios de esta antigua tradición espiritual.  El término sánscrito vajra significa ‘el duro o poderoso’ y su equivalente tibetano dorje significa ‘el señor de las piedras’, implicando su indestructibles dureza y brillantez diamantina; la piedra que no puede ser cortada o rota.  El vajra esencialmente simboliza al estado impenetrable, inamovible, inmutable, indivisible e indestructible de la iluminación o la budeidad, metafóricamente descrita como la mente de diamante.

Como el centro diamantino de las deidades apacibles y el arma
indestructible de las deidades airadas, el vajra simboliza el principio
masculino del método o los medios hábiles necesarios para conducir a
los seres a su despertar.  Ritualmente es sostenido en la mano derecha
o masculina, como su complemento la ghanta o la campana tibetana,
símbolo de la sabiduría, es sostenida en la mano izquierda o femenina.
De esta manera se representa la perfecta unión entre el método y la
sabiduría o los medios hábiles y la entendimiento discriminativo.  Como
un símbolo sexual, el vajra es unido con el loto como metáfora del pene
y la vagina.

El Buda primordial (Sto. Adibuddha) Vajradhara, el que sostiene el cetro diamantino, es visto como la manifestación
suprema de la mente y cuerpo no dual del buda histórico Shakyamuni
Buda. A su vez, es la fuente esencial de la cual emanan las cinco
familias búdicas y sus cualidades, fundamentos todos de la cosmovisión
budista tántrica tibetana.

La forma del vajra como cetro o como arma, aparenta tener su origen en el tridente de dos o tres
puntas, símbolo del trueno o el relámpago en muchas de las antiguas
civilizaciones del medio y lejano oriente.  Paralelos occidentales
pueden ser establecidos entre el martillo meteórico del dios del cielo
teutónico Thor, el cetro de relámpago del dios del cielo griego Zeus y
los tres relámpagos del dios romano Júpiter.  Como un arma que se
arroja, el indestructible trueno surca el espacio como un meteoro
incandescente que expide una lluvia de relámpagos, truenos y centellas.

Como acabo de afirmar, el vajra histórico podía fungir tanto como un
arma como también como un cetro.  Como la primera, podía ser arrojado o
utilizado como una nudillera apretándolo entre el puño cerrado para
entregar golpes más poderosos.  Como el segundo, representaba un
símbolo de realeza y autoridad, sus cuatro puntas arqueadas
convergiendo en un eje central asemejándose al prototipo de la corona
de los reyes europeos y muchas otras insignias reales o estandartes
heráldicos.

En la antigua India, el vajra como relámpago, se convirtió en el arma principal del dios del cielo védico Indra, cuyo
cetro controlaba las fuerzas del relámpago y el trueno, disipando así,
a las nubes de las tormentas monsónicas que traen las bienvenidas
lluvias a las secas planicies del verano Indio.  De acuerdo a la
leyenda, el relámpago de Indra fue fabricado de los huesos del gran
rishi o vidente Dadhichi, quien asumió de forma temporal la cabeza de
un caballo, previo a ser decapitado por Indra.  El sacrificio de los
indestructibles huesos craneanos de Dadichi le confirió a Indra la más
poderosa de las armas diamantinas, ya que a través de su energía, se
dice venció a ‘nueve veces noventa’ vritras o dragones.  En las
descripciones mitológicas, el cetro de relámpago de Indra está
conformado como un disco horadado o como una cruz con barras
transversales afiladas.  En el Rigveda, el más temprano de los textos
védicos compuesto alrededor del 1500 a.c., al vajra se le identifica
como un mazo de metal con mil puntas, fundido para Indra por el artista
celestial Tvashriti.  De acuerdo a las leyendas budistas, Shakyamuni,
el buda histórico, tomó el arma vajra de Indra y unió a sus fieros
ganchos extendidos, para formar un cetro representativo de su autoridad
espiritual.  Como el símbolo primordial del vacío o shunyata (Sto.), el
vajra budista asimiló las inquebrantables cualidades del diamante, el
indestructible poder del relámpago y la claridad indivisible y
transparente del espacio vacío.

El metal meteórico es la sustancia suprema para forjar la representación física del  vajra,
debido a que ya ha sido templado por las ‘divinidades celestiales’ en
su tránsito a través del espacio.  La indivisibilidad de la forma y el
vacío, representa la perfecta metáfora para ilustrar la imagen del
meteorito o la piedra ‘descendida del cielo’, emergiendo del vacío del
espacio como una estrella fugaz o bola de fuego, y depositándose en la
tierra como un pedazo amorfo de hierro.  Muchas de las armas vajras de
las deidades budistas son descritas como habiendo sido elaboradas de
metal meteórico y el Tibet recibe, producto de su gran altura, fina
atmósfera y grandes desoladas planicies, una gran cantidad de estos
fragmentos celestes.  Los vajras tibetanos a menudo eran elaborados con
este metal y como un acto de magia empática, un pedazo del metal
meteórico era retornado a su sitio de origen.  Encontramos una
tradición similar en las dagas balineses o kris, elaboradas de metal
meteórico y protegidas por un etéreo espíritu protector.  Han sido
muchas las horas que he pasado y hecho pasar a mis estudiantes en la
meseta tibetana buscando fragmentos de estos meteoritos con mitológicas
propiedades mágicas.  Tengo hoy en casa una espléndida colección de
estos, que espero algún día fundir, en mi propio vajra o daga mágica.

Por lo que corresponde al kris balines, por muchos años los busqué en
Indonesia y la propia isla de Bali, dejando pasar la compra de un
magnífico ejemplar hace alrededor de 10 años y finalmente encontrando
dos extraordinarias kris, pertenecientes a un viejo diplomático
indoneso, en el antiguo barrio de santelmo en Buenos Aires.

Al vajra se le representa con una, dos, tres, cuatro, cinco, seis o
nueve navajas en cada una de sus extremidades, siendo los vajras de
cinco o nueve puntas los más comúnmente utilizados en la tradición
tántrica indo – tibetana.  Como podrán imaginar, estos cuentan con
muchos más niveles de significado, pero creo que con los anteriormente
mencionados contamos con los elementos básicos para lograr un buen
entendimiento del trascendente, grande y profundo simbolismo espiritual
del vajra o cetro budista.

*Texto tomado en parte de “The Enciclopedia of Tibetan Symbols and Motifs” de Robert Beer.

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