VENI A LAVAR LOS PLATOS

Por Diana Maffía, Doctora en Filosofía (UBA). Directora académica del Instituto Hannah Arendt.
El Presidente de la Universidad de Harvard y Ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, ostenta dos respetables cargos a los que nunca ha llegado una mujer, y seguramente daría para ello la misma explicación que sugirió para justificar la escasez de mujeres en matemáticas, ciencia y tecnología: no tenemos “habilidad innata” para tales saberes. Lo que se dice “matar dos pájaros de un tiro”: justifica las restricciones políticas pasadas pretendiéndolas naturales, y desanima a intentar avances sociales en esa línea porque serían inútiles.
Nada original. La naturalización de las diferencias sociales (entre mujeres y varones, entre negros y blancos, entre hispanos y anglosajones) ha servido históricamente para justificar los abusos y detener los cambios. Y en períodos socialmente revulsivos, desde el poder económico y político se agudiza la búsqueda del determinismo biológico de las diferencias. El antiesclavismo y el feminismo, por mencionar dos movimientos sociales pertinentes para este tema, tuvieron como reacción explicaciones hoy abandonadas que justificaban la opresión por el tamaño de los cráneos o el peso de los cerebros. Pero los poderes hegemónicos perduran, y buscan otras teorías donde sostener los mismos resultados. La derecha norteamericana recibió con hurras el darwinismo social, que sostenía que las mujeres quedaban en la mitad del camino de la evolución entre el mono y el hombre, y supongo que aplaudirá el innatismo de Summers, tal vez apoyado implícitamente en las actuales teorías de la lateralización cerebral.
Summers es seguramente un hombre inteligente. Cabe entonces preguntarse por qué dijo semejante burrada en un encuentro del National Bureau of Economic Research, exponiéndose ante sus colegas; y creo que la respuesta es: la impunidad. Con esfuerzo se ha conseguido que las personas sean más cuidadosas cuando se refieren a diferencias raciales o religiosas, pero la corrección política en cuestiones de género es todavía un desafío, simplemente por el casi nulo costo que estos exabruptos tienen para quienes los emiten. Lo sabe nuestro ex Ministro de Economía Domingo Cavallo, que mandó a lavar los platos a la Dra. Susana Torrado porque no le gustó el resultado de su investigación sobre la pobreza, y mucho menos le gustó que lo divulgara. Lo sabe el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Felipe Solá, que se declara machista y misógino como quien exhibe medallas. Lo sabe el Presidente de la Nación Néstor Kirchner, que a pesar de su declarado compromiso con los derechos humanos no ha firmado aún el Protocolo Facultativo del único pacto internacional incluido en la Constitución que no cuenta con él: la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW). Eso significa que la discriminación contra las mujeres, si es compartida por nuestras autoridades internas, permanecerá impune (ya que sin el Protocolo no se reconoce la posibilidad de hacer una denuncia ante el Comité de la CEDAW).
Si Summers es tan creativo para la economía como lo es para la sociología del conocimiento, aquí le sugiero algunas hipótesis que pueden serle útiles en los próximos Foros: “los pobres tienen una incapacidad innata para el consumo”, “los pueblos originarios tienen una incapacidad innata para la tenencia de la tierra”, “las colonias tienen una incapacidad innata para la democracia y los derechos humanos”.
Algunos datos históricos:
Hace ya 2500 años, en la antigua Grecia donde comienza nuestra civilización occidental, un genio de las matemáticas como Pitágoras era acompañado por tres mujeres: su esposa Theano y sus dos hijas. Con ellas conducía su escuela. ¿Se trataría de una mutación genética, o simplemente de la falta de prejuicio al incentivar los saberes humanos? La famosa Hypathia, que en la Alejandría del siglo IV deslumbraba con sus conocimientos matemáticos y astronómicos, era hija de un astrónomo que tal vez se confundió. Al menos así debe haberlo pensado el obispo que mandó lapidarla por hereje, modo en que murió una mujer (erróneamente) sabia para escarmiento de todas nosotras. Las universidades creadas en Europa en el siglo XV, no aceptaron mujeres hasta los últimos años del siglo XIX. Las Academias de ciencias de Europa que desde el siglo XVII concentran a los sabios, no aceptaron mujeres hasta después de la segunda guerra mundial.
Cuando pensamos en mujeres científicas, la única figura que acude rápidamente es la de Marie Curie. Pocos saben que después de ganar el Premio Nobel, lo que ocurrió dos veces, Marie pidió su ingreso a la Academia de Ciencias de París. Se lo negaron por ser mujer. Como ningún artículo del estatuto de la Academia indicaba que no se aceptaban mujeres, reclamó. Le dijeron que no estaba explicitado porque era obvio. Se votó, y por mayoría decidieron negarle el ingreso y agregar el artículo. La Academia aceptó su primera mujer en 1978.

 

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