Vencedores y vencidos

HONGOS

Alberdi sentenció que, de reformarse la Constitución de 1853 antes de los diez años en que se había jurado mantenerla intacta, “el país caer[ía] en el ridículo”. La Constitución se reformó en 1860, sin cumplir el plazo estipulado, mediante una convención en la cual Sarmiento desempeñó un papel protagónico. Para Alberdi este fue el signo de su propio fracaso. Nunca pudo superar esta derrota política e intelectual, hasta que la federalización de la Ciudad de Buenos Aires en 1880 le permitió recuperar, durante los años que le quedaban de vida, algo de la confianza perdida.

En el caso de Sarmiento, su compromiso con Buenos Aires abrió curso a una trayectoria que lo llevaría a desempeñar la presidencia de la Nación entre 1868 y 1874. La reforma de 1860 incorporó algunas de sus inquietudes expuestas en los Comentarios…

y además permitió que, en nombre de la descentralización del régimen republicano, la Aduana de Buenos Aires cayese bajo el control del Gobierno federal. El Estado dispuso, por fin, de una base fiscal que, sin embargo, no pudo aguantar el peso de los gastos de unas guerras, externas y domésticas, que seguían prolongándose.

¿Quién acertó a la postre en el blanco? Si Sarmiento celebró por aquellos años su victoria, la fórmula de Alberdi logró vencer al tiempo y se reprodujo en la rama del poder que enhebraron los presidentes y gobernadores.

 

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