Valentina Carrasco: «El destino es algo que no se puede evitar»

Cualquiera de las anécdotas que cuenta Valentina Carrasco merecería una nota aparte. En sus viajes junto a La Fura dels Baus, compañía que integra desde hace más de una década, tuvo que hacerse cargo de situaciones tan inverosímiles como dirigir a miembros del ejército del Líbano formando una red humana en el puerto de Beirut (Naumon, 2004), superar los múltiples controles de los aeropuertos de Europa transportando valijas con juguetes sexuales que formaban parte de una producción inspirada en la obra del Marqués de Sade (XXX, 2002) u organizar a más de un centenar de extras chinos en Shanghái, cada uno de los cuales hablaba un dialecto distinto (Window of the City, 2010). Ahora, de regreso en la Argentina, Carrasco tiene a su cargo, junto a Alex Ollé, la puesta de la ópera Edipo (1936) de George Enescu (dirección musical de Ira Levin), que el martes 29 de mayo sube a escena en el Teatro Colón.

En comparación a sus anteriores trabajos, contar la historia de un hombre parricida e incestuoso que se arranca los ojos parece lo más natural del mundo.

-¿Cómo abordar una historia como la de Edipo?
-La obra de Enescu es ambiciosa: abarca toda la vida de Edipo, desde su nacimiento hasta su muerte. Muchos de los episodios que se ven en la ópera apenas son mencionados en las tragedias de Sófocles. En rigor, las dos tragedias que conservamos, Edipo rey y Edipo en Colono, son los actos tercero y cuarto de la ópera, respectivamente. La famosa escena del cruce de caminos, por ejemplo, cuando Edipo asesina a su padre, es narrada en la tragedia como un episodio que ocurrió en el pasado. En la ópera, en cambio, es una escena que se vive: Edipo canta ahí una de sus arias más importantes. El cruce de caminos es, literalmente, la encrucijada en la que se encuentra el personaje, que cree escapar de su destino, pero en realidad no hace sino ir a su encuentro.

-Es difícil hablar de Edipo y no pensar en el psicoanálisis…
-No creo que sea casual que una figura tan fuerte como Edipo haya reaparecido en escena recién en el siglo XX, con Stravinsky, Turnage o el propio Enescu. Otras tragedias estuvieron siempre presentes en la ópera o en el teatro, pero el caso de Edipo es distinto. Como si los demonios que evoca recién hubieran podido salir a la luz después del psicoanálisis. O tal vez antes no había una sensibilidad apropiada para recibir una obra tan cruenta. De cualquier modo, la obra tiene un alcance que es verdaderamente universal. De ahí un recurso que utilizamos con Alex Ollé que es el de los saltos en el tiempo, que nos permiten no estar atados a una referencia temporal precisa. Hay incluso una especie de sesión de psicoanálisis, con Edipo en un diván contándole a la que él cree que es su madre los sueños que lo atormentan…

-El momento en el que Edipo se quita la vista cierra el tercer acto. ¿Cómo se hace para mantener la tensión después de una escena tan intensa?
-Creo que la intención de Enescu es tratar a su personaje como un ser humano, quitarle toda la rigidez del héroe trágico. Y creo que es por eso que elabora una especie de “biografía” de Edipo, y va más allá del texto de las tragedias. Lo que Enescu nos quiere contar es la historia de un ser humano al que le cae un destino encima. En ese sentido, el cuarto acto es crucial, porque ahí se ve realmente el sentido de todo lo que pasó, a qué grado de vulnerabilidad llega Edipo. Es cierto que la tragedia en la que está basada ese cuarto acto, Edipo en Colono, es quizás la más floja de las que se conservan. Tomada en soledad no dice mucho, pero como epílogo de lo anterior es fundamental. En el cuarto acto, Edipo finalmente se redime. Cuando comenzó la obra, conocimos a un hombre violento, cruel con los que lo rodean, un asesino, y en el último acto se transformó en un anciano ciego y débil… Aquí creo que está el nudo de la obra. El destino es algo que no se puede evitar, pero que debe ser asumido para alcanzar algún tipo de redención. Por eso Edipo elige morir en Atenas, para realizar una acción que lo redima: el oráculo había anunciado que la tierra donde él muriera sería próspera. Creo que Enescu quería terminar con esa imagen, más humana. La música del cuarto acto, más bucólica, también apunta a eso.

-Independientemente del libreto y la dramaturgia de una obra, ¿qué lugar ocupa la música a la hora de abordar un nuevo proyecto?
-Creo que vas a obtener distintas respuestas de acuerdo a quién le preguntes. Alex, por ejemplo, se enfoca principalmente en los personajes y el tema de la obra. Para mí, en cambio, la música es lo primero que me tiene que afectar. Necesito sentir primero la música para después entrar en el tema que quiere presentar la obra. Tal vez por eso me siento mucho más inclinada hacia la ópera que hacia el teatro de prosa. La música es para mí fundamental, y la de este Edipo es muy especial. Enescu escribió una gran obra, que requiere una gran orquesta y un gran coro. Y todo para contar una gran historia.

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