Uno de los compañeros del Profeta nos narra su aceptación del Islam

Mezquita

del

Centro Cultural Islámico

Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd

Buenos Aires – Argentina

Viernes 24 de Dhul Hiyyah de 1433 / 9 de noviembre de 2012

Traducción de la Jutba

pronunciada por el

Sheij Muhammad Al Ruwaili

 

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Uno de los compañeros del Profeta

nos narra su aceptación del Islam

 

Primera Jutba

 

Alabado sea Dios, Quien nos guio agraciándonos con la fe y no hubiéramos podido encaminarnos de no haber sido por Él. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Único, sin asociados. Atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Dios! Bendice a Muhammad, su familia, sus compañeros y todos los que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

 

No existe gracia ni bendición más grande que Dios pueda conceder a una persona que infundir en su corazón la luz de la fe con la cual pueda discernir y reconocer la verdad donde quiera que se encuentre y así volver al estado de pureza natural con el que Dios lo ha creado.

 

¡Hermanos! Reflexionemos hoy sobre la historia de un gran compañero del Profeta, ‘Amr Ibn ‘Abasah As Sulami, quien nos relató cómo fue su búsqueda de la verdad.

 

“Cuando yo estaba en la época de la ignorancia, o sea, antes de aceptar el Islam, consideraba que la gente estaba extraviada, que no se basaban en nada verdadero y que sólo adoraban ídolos…”

 

Por cierto que éste es un razonamiento sano e inteligente para llegar a la verdad, ya que nadie, excepto Dios, única divinidad, merece ser adorado; y ningún ídolo, estatua, rey o profeta es digno de adoración.

 

Y continúa su relato diciendo:

 

“Escuché de un hombre, en La Meca, que estaba dando noticias de un mensaje profético. Entonces subí a mi montura y fui a verlo. El Mensajero de Dios se ocultaba, ya que la gente le hacía la vida difícil…”

 

Los profetas y sus seguidores enfrentaron al comienzo de su misión todo tipo de dificultad y hostilidad que supieron vencer con fortaleza y fe, irradiando así su luz sobre los demás.

 

Y agrega:

 

“Con una actitud amigable hacia los habitantes de La Meca, me las arreglé para llegar hasta él.

 

Le pregunté: ¿Quién eres tú?

 

Dijo: Soy un Profeta.

 

Dije: ¿Qué Profeta?

 

Dijo: He sido enviado por Dios.

 

Dije: ¿Y con qué cosa te ha enviado?

 

Dijo: He sido enviado para unir los lazos de parentesco, destruir los ídolos y proclamar la unicidad de Dios para que no se asocie nada con Él.”

 

Por cierto que estos principios y enseñanzas concuerdan con la naturaleza humana y el más importante de todos es la unicidad divina y la adoración a Dios sin asociarle copartícipe alguno.

 

“Le pregunté: ¿Quién está contigo en esto?

 

Dijo: Un hombre libre y un esclavo (Abu Bakr y Bilal estaban en esos días entre los que habían creído).

 

Dije: Quiero seguirte.

 

Dijo: En estos días no podrás hacerlo, ¿no ves en las difíciles condiciones en las que yo y mi gente vivimos? Mejor vuelve con tu gente y cuando escuches sobre mi victoria, ven a mí.”

 

El Mensajero de Dios profirió estas palabras con total convicción y confianza de que Dios haría triunfar Su religión sin importar los obstáculos y dificultades que tanto él como sus compañeros atravesarían. Dios dice: “Por cierto que socorreremos a Nuestros Mensajeros y a los creyentes en esta vida y también el Día del Juicio cuando comparezcan los Ángeles testigos.”(Sagrado Corán 40:51)

 

“Entonces me fui con mi gente, y al tiempo el Mensajero de Dios llegó a Medina. Yo solía buscar noticias y preguntar a la gente sobre él, hasta que me encontré con un grupo de la gente que llegó de Medina y les pregunté: ¿Qué ha hecho ese hombre que llegó a Medina?

 

Dijeron: Las personas se apresuran a aceptarlo mientras su gente, en La Meca, sin lograrlo, intenta matarlo.

 

Entonces llegué a Medina y fui a buscarlo.

 

Le dije: ¡Mensajero de Dios! ¿Me reconoces?

 

Dijo: Sí, ¿tú eres el que me encontró en La Meca?

 

Respondí: Así es, y le dije: ¡Profeta de Dios! Infórmame de lo que Dios te ha enseñado y que yo ignoro, e infórmame sobre la oración.”

 

Ésta es la obligación del musulmán; pues luego de aceptar la fe y proclamar la unicidad divina debe preguntar sobre las obligaciones que Dios dispuso para él y esforzarse en aprender su religión. Y por cierto que la obligación más importante luego del testimonio de fe es el cumplimiento de la oración. Por ello el Mensajero de Dios comenzó a enseñarle los horarios de las cinco oraciones.

 

“Dijo: Reza la oración del alba, luego deja de rezar cuando el sol está saliendo hasta que haya salido por completo, ya que cuando sale lo hace entre los cuernos de Satanás, y es en ese momento que los incrédulos se prosternan ante él. Luego puedes rezar, que esas oraciones voluntarias son atestiguadas por los ángeles y observadas por los obedientes, hasta que el sol esté en el cenit. Luego deja de rezar ya que en ese momento el Infierno se calienta. Y cuando la sombra de un objeto se mueva, reza nuevamente que esa oración es atestiguada y observada por los obedientes, hasta el momento de rezar la oración de la tarde. Luego deja de rezar hasta que se ponga el sol, ya que se pone entre los cuernos de Satanás y en ese momento los incrédulos se prosternan ante él. Y luego de ello reza nuevamente.

 

Dije: ¡Profeta de Dios! ¿Y la ablución?, cuéntame sobre ella.”

 

El Profeta aprovechó la oportunidad para enseñarle y trasmitirle todo aquello que lo motive a buscar la complacencia de Dios, Su misericordia y el perdón de sus pecados en cada acto de adoración que realice.

 

“Dijo: No hay uno, entre ustedes, que haga la ablución con agua enjuagándose la boca, aspirando y expulsando agua por la nariz sin que los pecados del rostro, boca y nariz se caigan. Luego si lava su rostro, como Dios lo ha ordenado, los pecados de sus rostro caen por el final de su barba con el agua, luego si lava sus brazos hasta los codos, los pecados de sus brazos caen de las puntas de sus dedos con el agua, y si pasa la mano húmeda por su cabeza, los pecados de su cabeza caen de las puntas de sus cabellos y de las orejas con el agua, y si lava sus pies hasta los tobillos, los pecados de sus piernas caen de las puntas de sus dedos con el agua, y si luego se para y reza, alaba a Dios y Lo elogia y glorifica con lo que Le pertenece y consagra su corazón para Dios, sus pecados lo abandonan dejándolo tan puro como el día en que su madre lo dio a luz.”

 

¡Hermanos! Es importante reconocer la magnitud de la oración, pues es lo que mantiene unido al siervo con su Señor. Además, si la oración es aceptada por Dios todas las demás obras son aceptadas, y si es rechazada todo cuanto haya hecho el siervo habrá sido en vano.

 

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece. Y pido a Dios que perdone nuestros pecados, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

 

Segunda Jutba

 

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

 

¡Siervos de Dios! Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad y quien se aparte de ella será castigado el Día del Juicio.

 

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanos, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra.

 

Dios dice: “Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.” (Sagrado Corán 16:90)

 

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias que se las incrementará.

 

Sepan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle pues, y pidan bendiciones por el Profeta Muhammad.

 

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