Una visión distinta de las villas de emergencia

Buenos Aires (AICA): El Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Buenos Aires, en su número de julio actual, publica un artículo escrito por el Pbro. Lorenzo de Vedia, que con el título “¡Qué pequeño era mi mundo! A propósito de la película Elefante Blanco”, señala que conviene abandonar la mirada distorsionada y equivocada sobre los habitantes de las villas, y expresa que “hay mucho que aprender de estos barrios, que tienen mucho para aportar a la gente de otros lados”. Pienso que vamos en camino hacia una visión más integral sobre lo que se vive en estos verdaderos barrios obreros, donde hay mucha droga y violencia pero también hay solidaridad, fiesta y espíritu de progreso, y de donde “miles de hombres y mujeres salen temprano todos los días para ganar el pan con el sudor de su frente”. El padre Lorenzo de Vedia es hijo de Bartolomé de Vedia, jefe de editoriales del diario La Nación, fallecido hace un año.
El Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Buenos Aires, en su número correspondiente al mes de julio actual, publica un artículo escrito por el presbítero Lorenzo de Vedia, que con el título “¡Qué pequeño era mi mundo! A propósito de la película Elefante Blanco”, señala que conviene abandonar una mirada lejana, distorsionada y equivocada sobre los habitantes de las villas, y expresa que “hay mucho que aprender de estos barrios, que tienen mucho para aportar a la gente de otros lados”.Pienso que vamos en camino hacia una visión más integral sobre lo que se vive en estos verdaderos barrios obreros, donde hay mucha droga y violencia pero también hay solidaridad, fiesta y espíritu de progreso, y de donde “miles de hombres y mujeres salen temprano todos los días para ganar el pan con el sudor de su frente”. El padre Lorenzo de Vedia hijo de Bartolomé de Vedia, jefe de editoriales del diario La Nación, fallecido hace un año.

Por considerarlo de sumo interés publicamos el texto completo del artículo.

¡Qué pequeño era mi mundo!
a propósito de la película “Elefante Blanco”…

Una tarde, mi padre paseaba por San Pedro (localidad de la provincia de Buenos Aires) y, mirando una villa instalada en una barranca, se acordaba de la frase de una obra de teatro: “Qué pequeño era mi mundo”. Esta frase puede ser la conclusión de muchos que ven la película “Elefante Blanco”. Se muestra un mundo tantas veces “ninguneado” por el resto de la sociedad.

Podríamos decir que el tema de las villas hoy está en el “tapete”. Aparece en programas y series de TV, ahora en esta película y en muchos comentarios de la gente.

Esta película es parte de un proceso de cambio en el que, como sociedad, queremos sacar del “olvido” a los villeros. Hoy los ponemos en “primera plana”; se habla de ellos, se les dedica notas, programas, películas, políticas públicas, proyectos de ONG…

Ninguneados o en primera plana, conviene seguir abandonando una mirada lejana, distorsionada y equivocada sobre los habitantes de las villas.

Tanto los curas que vivimos en las villas como los vecinos somos seres humanos con luces y sombras, con las contradicciones propias de quien está en camino. Llegará el día en que no se necesite hablar de la villa como de un mundo lejano y desconocido. Sabemos que la villa no es “un lugar al que hay que ayudar”.

Hay mucho que aprender de estos barrios, que tienen mucho para aportar a la gente de otros lados.

Está bueno que se muestren realidades que existen en estos barrios, como el narcotráfico, la toma de tierras y los sórdidos pasillos de las villas. Pero debemos saber que la realidad de la villa es más amplia que esto que aparece. Es bueno que salgan a la luz muchas realidades que antes “no existían”. Pienso que vamos en camino hacia una visión más integral sobre lo que se vive en estos verdaderos barrios obreros, donde hay mucha droga y violencia pero también hay solidaridad, fiesta y espíritu de progreso.

Los curas que tenemos el privilegio de vivir en las villas somos testigos de familias enteras que buscan salir adelante, jóvenes que le pelean a la droga e intentan avanzar en su camino de recuperación. Miles de hombres y mujeres salen temprano todos los días para ganar el pan con el sudor de su frente.

Algún día las películas y los programas de televisión reflejarán de manera más completa todavía lo que pasa en las villas: el sentido de familia, la religiosidad popular traída de las raíces, los jóvenes creciendo, las madres que son madres de sus hijos y de otros también…

La Iglesia acompaña la vida del barrio. Los curas no estamos solos. Los principales actores de la Iglesia son los vecinos del barrio, hombres, madres y jóvenes que se constituyen en líderes positivos para los menores. Es verdad que contamos con trabajadores sociales y personal técnico, pero estos se ubican como parte de un proyecto pastoral que va más allá de “correr detrás de emergencias”.

Somos un pueblo en marcha. Gracias a Dios y a la Virgen, los vecinos de las villas son protagonistas en su lucha por la dignidad, la inclusión y la liberación.

Celebramos que la película ayude a sacar del “olvido” a los que Dios no olvida. Reconocemos que la realidad en las villas es más de lo que refleja “Elefante Blanco”. Soñamos con una integración urbana en la que no haya excluidos y todos ampliemos la mirada que tenemos del mundo.+ 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *