UNA REFLEXION PARA LOS DIAS DE JÁNUKA (Comunidad Bet El)

UNA REFLEXION PARA LOS DIAS DE JÁNUKA
Es tiempo de reinaugurarnos y para eso tendremos que entrar quizás en lo que nos duele, en lo que está destruido, en lo que dejamos abandonado… porque para reconstruir el altar, necesitamos luz. Aceite puro, el material noble, intacto, que nos hace recuperar el brillo, que nos enciende de nuevo, que nos abriga.

A veces parece imposible. Quizás a ellos también les pareció imposible encontrar aquella vasija sellada por el Kohen Hagadol. Sin embargo, se animaron y entraron, y revolvieron, y se ensuciaron… pero al final, encontraron.

Encontraron porque buscaron.
Descubrieron porque se animaron.

Creyeron con fe profunda, que era posible un poco de luz en la oscuridad.

En aquel tiempo, la vasija contenía aceite.

Quizás lo que nosotros debamos buscar son las porciones de amor que iluminan la santidad de nuestros días: reinaugurarnos en la sonrisa de los nietos, en el abrazo al encontrarnos con los hijos, en la paz que nos da conversar con nuestros padres, en el cuidado de los amigos, en el brillo de los ojos de los viejos cuando nos dedicamos a ellos…

Y entonces, en el momento en el que descubramos la luz, nosotros nos transformaremos en la propia vasija que irradia e ilumina al que tenemos a nuestro lado.

Cada uno es luz.
Cada uno es vasija que contiene todo lo necesario para brillar.

El desafío es salir a buscar.
No desesperar ante la destrucción.
No resignarse a vivir lo que nos destruye.
Juntarse con quienes no perdieron la fe.

Y reencontrarnos con el brillo que nos hace recuperar la santidad de nuestra historia.

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