Una Reflexión de Shabat B’H – בה 6 de junio de 2013 – 28 de tamuz de 5773

Una Reflexión de Shabat
B’H – בה
6 de junio de 2013 – 28 de tamuz de 5773
 
Encendido de velas al atardecer del viernes: 17:37 horas
 
Parasha: Matot-Masei / Números 30:2-36:13
Haftara: Jeremías 2:4-28, 3:4
Conclusión del Shabat: 18:37 horas
 
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Nos enseña el Talmud que, durante los meses de Abril, Mayo y principios de Junio, Israel siempre disfrutó de la magnificencia de la cosecha de cebada. El amontonamiento del grano, cuando los agricultores trabajaban en los campos bajo el cálido cielo, era un rito anual.
 
Una de las tareas más arduas era la molienda.
 
Los hombres trabajaban, a lo largo de todo el día, y, al final, conseguían transformar el grano de cebada en fina harina.
 
Una y otra vez molían la cebada para refinar la harina hasta el mayor grado posible, hasta hacerla lo suficientemente pura como para la ofrenda al Templo de Jerusalem.
 
La molienda solo se daba por terminada, cuando resultaba ya imposible hacer más fina la harina.
 
Al principio el molinero podía pensar que era imposible hacer una harina más fina.
 
Pero, una y otra vez, cuando el molinero pensaba que había llegado al punto en el cual no había mejora posible, los rabinos dicen que el molinero se dejaba llevar por una voz interior que decía: “sigue moliendo”.
 
El molinero necesitaba de aquella voz, y ella lo mantenía en marcha.
 
“Sigue moliendo, sigue mejorando. Sigue refinando la harina hasta que no pueda ser más fina.”
 
La cosecha es como nuestra vida. Muchas veces, llegamos a un punto en el cual sentimos que no se necesitan o no podemos hacer más esfuerzos.
 
Es allí cuando necesitamos de una voz interior que diga: “Sigue moliendo, sigue mejorando. Sigue refinando la harina hasta que no pueda ser más fina.”
 
Nuestro trabajo, nuestros sueños, no terminan nunca.
 
Simplemente escuchemos esa voz interior que, al igual que los molineros, nos ayuda a no bajar los brazos y a seguir trabajando en ellos.
 
Shabat Shalom – שבת שלום
Rabina Graciela de Grynberg
 

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