Una muestra sobre Pizarnik: (casi) simplemente sangre


Acusada de bruja y de haber torturado y asesinado a más de seiscientas personas utilizando la sangre de sus víctimas para conservarse joven y bella, la condesa Elisabeth Báthory, nacida en Transilvania en el siglo XVII, y muerta emparedada después de años de no ver la luz, se convirtió rápidamente en un personaje literario que tuvo una gran influencia en muchos artistas y escritores. Su figura subyugó a los románticos y a los surrealistas. En 1962, la francesa Valentine Penrose le dedicó un libro,La Condesa Sangrienta . En 1966, con el mismo título, la poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) publicó un texto que es una mezcla de ensayo sobre la Condesa y reescritura del libro de Penrose.

En septiembre próximo se cumplen cuarenta años de la muerte de Pizarnik. Para recordarla, el Museo Enrique Larreta está exhibiendo “El deseo y la palabra”, una muestra que integran las veintisiete ilustraciones que hizo el artista Santiago Caruso para La condesa sangrienta, e imágenes, libros, objetos, y papeles personales de Pizarnik, cedidos por sus familiares y amistades más próximas.

“Mi mayor desafío como ilustrador de La Condesa…”, señala Caruso, “fue el de resolver cómo hacía para escapar de la visión tan directa del horror que hay en el libro, como reemplazaba ese horror frontal por una “belleza convulsiva”, como la llama Pizarnik”.

Para eso, Caruso recurrió a un imaginario hecho de magia negra, alquimia y onirismo.

La técnica que utilizó, llamada esgrafiado, consiste en expandir la tinta sobre un cartón satinado para luego ir creando los blancos mediante el levantamiento de esa tinta con un cúter. Sobre eso agrega el acrílico rojo con que representa la sangre. Son imágenes con una fuerte impronta dibujística, de trama compacta y profundidad de negros.

Sobre los objetos expuestos se distinguen siempre las palabras de Pizarnik, inscriptas en misivas, dedicatorias, colofones. “ Amiguito mío ”, le escribe en una carta a Arturo Carrera. Y a Silvina Ocampo: “ Nadie te comprende, Silvina. Se esconden para no ver ”. De la antología de tangos de Idea Vilariño subraya, con marcador verde, algunas líneas deMalena , de Homero Manzi: “ Y en cada verso pone su corazón/ su voz perfumada/ tal vez, allá en la infancia, su voz de alondra/ tomó ese tono oscuro de callejón/ tus ojos son oscuros como el olvido/ tus tangos son criaturas abandonadas ”. Pizarnik usaba marcador verde si entendía la letra con un ánimo vital y rojo si era lo contrario. Escribía sus poemas a mano y luego los pasaba a máquina.

Vivió en la casa paterna hasta los treinta años, primero en Avellaneda y luego en Constitución, y cuando murió su padre se mudó a un departamento sobre la calle Montevideo. Ahí tenía un pizarrón, donde también iba escribiendo sus poemas y quedaron anotados sus últimos versos: criatura en plegaria/ rabia contra la niebla/ no quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo/ hasta/ la/ opacidad .

Varias actividades complementan la exposición. El sábado 9, Caruso hace una visita guiada a las 16.30 y a las 19 la escritora María Negroni da una conferencia. El domingo 10, a las 17 y a las 18.30 se proyecta el documental Vértigos o contemplación de algo que cae –de Vanesa Ragone y Mariela Yeregui– sobre la poesía de Pizarnik.

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