Una muchedumbre respetuosa y dolida en la misa de desagravio por la profanación

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Buenos Aires (AICA): Una muchedumbre respetuosa y dolida llenó la iglesia de San Ignacio en la misa de desagravio por su profanación que celebró el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mario Aurelio Poli. El viejo templo de 1722, restaurado en los últimos años, estaba literalmente repleto. Resultaba difícil poder acercarse al presbiterio. Además de los bancos de la iglesia, se habían agregado sillas y había muchísimas personas de pie cubriendo los pasillos, una al lado de la otra, desbordando el templo. Hubo autoridades educativas del Colegio Nacional Buenos Aires y de la UBA, funcionarios, políticos y referentes de los principales credos.

Una muchedumbre respetuosa y dolida llenó la iglesia de San Ignacio en la misa de desagravio por su profanación que celebró el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mario Poli. 

El viejo templo de 1722, restaurado en los últimos años, estaba literalmente repleto. Resultaba difícil poder acercarse al presbiterio. Además de los bancos de la iglesia, se habían agregado sillas y había muchísimas personas de pie cubriendo los pasillos, una al lado de la otra, desbordando el templo. 

La comunión se distribuyó a lo largo de unos veinte minutos por varios sacerdotes y al cabo de este tiempo se veían manos levantadas al final del templo de quienes todavía no habían podido comulgar, mientras el párroco, presbítero Francisco Baigorria, daba la comunión, entre muchos fieles, pasada la mitad de la nave central. 

Un ambiente de respeto y recogimiento, de silencio acongojado, signó la ceremonia, que el arzobispo comenzó incensando y aspergiendo agua bendita sobre los lugares que habían sido objeto de profanación. Podía escucharse como fondo sólo la música de órgano y de coro. 

Un larguísimo aplauso rubricó las palabras del arzobispo al concluir la homilía, cuando tras deplorar la profanación y el ensañamiento contra el altar, habló de los túneles de las ideologías,de tender puentes, llamó a apostar, como invita el Papa Francisco,a la cultura del encuentro y dijo al final que el túnel se mantendrá abierto, acotando, que con los recaudos necesarios. 

Concelebraron la misa el nuncio apostólico, monseñor Paul Emil Tscherrig; los obispos auxiliares Joaquín Sucunza, Enrique Eguía Seguí y Vicente Bokalic; el párroco y una treintena de sacerdotes.

Entre otras autoridades, estuvieron el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri; la vicejefa de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, María Eugenia Vidal; el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y el ministro de Educación, Esteban Bullrich. 

También asistieron los ministros porteños de Planeamiento Urbano, Daniel Chain, y de Hacienda, Néstor Grindetti; el subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Ciudad; el director de Cultos de la Ciudad, Alfredo Abriani, y el jefe y el subjefe la Policía Metropolitana. 

Asistió también el director nacional de Patrimonio y Museos, de la Secretaría de Cultura de la Nación, arquitecto Alberto Petrina. Y se hicieron presentes el vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Alberto Barbieri, y el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Gustavo Zorzoli. 

Entre otras personas, estaban el ex secretario de Culto Norberto Padilla, el economista Armando Blasco, ex secretario de Educación de la Ciudad; el embajador Archibaldo Lanús, el ex ministro de Economía José María Dagnino Pastore, el ex legislador Jorge Enríquez, la legisladora Lía Rueda, los catedráticos de Derecho Juan Navarro Floria y Juan Carlos Casagne. 

Representantes de distintos cultos expresaron su solidaridad con la grey católica ofendida y el arzobispo se acercó a saludarlos. En el presbiterio estaba el arzobispo y vicario patriarcal en la Argentina de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía, monseñor Crisóstomo Juan Ghassali. Y en bancos del costado estaban, entre otros, el pastor luterano David Calvo, el pastor metodista Hugo Urcola, el dirigente bautista Raúl Scialabba, los rabinos Arieh Stokman y Sergio Bergman; el presidente de la B’Nai B’Rith, Boris Kanicki, y el dirigente presbiteriano Marcelo Figueroa. 

También estaban las autoridades de la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana, Martha de Antueno y María Grandoli de Hrubisko. En el centro del templo, en medio de la gente, estaba Sergio de Widder, del Centro Simón Wiesenthal. 

En general había gente mayor y pocos jóvenes, aunque el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, profesor Zorzoli, había invitado a los alumnos a asistir. Pero no faltaban también representantes de una nueva generación, como un matrimonio jovencito, en el que la mamá llevaba en brazos a un bebito y no quiso aceptar la invitación a sentarse, prefiriendo permanecer de pie durante toda la ceremonia. Un muchacho llevaba una remera que lo identificaba en la espalda como integrante de un grupo juvenil de Mataderos.

Los asistentes contestaban con fuerza las oraciones, compartieron el rezo del Padrenuestro y se saludaron emotivamente en el momento de la paz. «Yo me casé acá», comentó, emocionada, una asistente, Cynthia Votta. 

En medios de los bancos y pasillos, entre la gente común, que no acudía en representación de ninguna entidad y colmaba el templo, estaban, entre otros, el presidente del Partido Demócrata Cristiano de la Capital, Carlos Traboulsi, el empresario Juan Carlos Blumberg, que se presenta como candidato a legislador de la Ciudad por el partido Es Posible; el relacionista público Jorge Irazu, el diplomático Alfredo Corti; Julia Torres, de la Pastoral Social porteña, las integrantes de actividades ecuménicas María Luisa Cárdenas y Florencia Uriburu, etc. 

Al final, el párroco quiso decir unas palabras de agradecimiento a los presentes y a todos los que se solidarizaron, en su nombre y en el de la comunidad parroquial. Invitó a todos a ser instrumentos de luz y de paz en sus comunidades, con serenidad y coraje. Y como aludiendo a una de las leyendas pintadas en el suelo, llamó a ser fieles al Señor “que es la luz verdadera y fuente de toda luz” (Jorge Rouillon)

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