Una historia de los Rom de la región de los Balcanes

Extracto de: «Traditions, coutumes, légendes des Tsiganes Chalderash»; textes recueillis par le R. P. Chatard présentés par Michel Bernard; La Colombe, Paris, 1959.

«En el principio estaban o Del y el Beng, los cuales se desafían recíprocamente. Un día, mientras paseaban a la orilla del gran río, el Beng dijo: «Soy capaz de bajar hasta el fondo»…
O Del con Su bastón ordenó a los perales y manzanos de fructificar, luego ordenó a los dos de comer los frutos, respectivamente a Damo de comer las peras, y a Yahvah las manzanas. Entonces ellos sintieron deseo el uno por la otra y por orden de Del hicieron el amor. Pero la mujer, insaciable, pidió al hombre que repitiera varias veces el acto. Entonces o Del dijo: «Tú, mujer, no serás satisfecha jamás; tendrás siempre deseo del hombre». Y los abandonó a su destino.
O Del creó de la tierra el Sherkano o serpiente y su hembra Halla, y las parejas de todos los otros animales.
En este mundo primordial o Del Sinpetri tenía compañeros: Sunto Yakof, Sunto Avraham, Sunto Moishel y Sunto Krechuno. Éstos eran los suntse, los ancestros. Con ellos estaba también Pharavono, que después se separó provocando la división de los hombres – hasta entonces constituían una sola raza y hablaban una sola lengua – en dos grupos: los Jorajané con jefe Sinpetri y los Pharavonuria con jefe Pharavono. Éste grupo al inicio se mantuvo aislado, pero luego, multiplicándose y habiendo desarrollado mucha inteligencia y audacia, decidieron conquistar toda la tierra. Así que Pharavono hizo la guerra a Sinpetri; pero no sabía que Sinpetri era el mismo Del. A la cabeza de sus tropas, Pharavono cruzó el río, invocando el poder de Del; pero al atravesare el mar, lleno de orgullo, invocó su propio poder y fue sumergido por las aguas. Su último tentativo de adorar un ídolo de piedra fue castigado con un fúlmine. Todo el país entonces habitado fue inundado. O Del Sinpetri reformó la tierra ensanchándola y dándola a Sus Jorajané y llevó los suntse al Rhayo, la otra tierra por encima de las estrellas. Los Pharavonuria ahogados precipitaron en el Yado, el abismo subterráneo donde van todos los muertos de mala muerte. Los pocos Pharavonuria sobrevivientes – o sea, los Gitanos – están condenados a no tener mas un territorio nacional, ni organización política, ni iglesia, ni escritura, porque toda su cultura fue sumergida en el mar.»

Éste mito cosmogónico es parte de la tradición de los rom balcánicos y, aunque impregnado de interpolaciones cristianas, resultan evidentes los elementos puramente hebraicos y el concepto dualista del zoroastrismo persa. A continuación analizaremos principalmente las frases y palabras escritas en negritas en el texto.

La personalidad de «o Del», o sea Dios, es la del Dios de Israel, que frecuentemente es representado en modo antropomórfico. Dios che «paseaba» es una clara imagen de Génesis 3:8, donde se nos dice que lo hacía en el jardín, el cual estaba justamente a orillas del gran río (Génesis 2:10), por lo cual la imagen es aproximadamente la misma en el relato y en la Biblia. En éste caso Él dialoga con Su adversario, mientras que en el pasaje bíblico lo hace con el hombre.
El Beng, nombre que originalmente indicaba una rana, es la fuerza del mal, muy similar al AnghraMainyu del mazdeísmo, pero con características típicamente hebraicas: el hecho que «desciende hasta el fondo del gran río» lo identifica con Leviathan (Isaías 27:1), figura bíblica de Satán. La serpiente «Sherkano» es el mismo Beng, y tiene una equivalente femenina que coincide con Lilith* de la tradición hebraica (Isaías 34:14), la cual se encontraba en el Edén. No sólo ésto, sino también el nombre «Halla» es similar a «Helel» (Isaías 14:12 – hebreo), que es justamente el nombre femenino de «Satán». Además, siendo que el término Beng tiene en origen el significado de rana, ésta es una imagen hebraica del período apostólico – cuando los primeros cristianos eran todavía todos judíos – que representa los espíritus impuros que salen de la boca de la serpiente o dragón (Apocalipsis 16:13) en forma de ranas.
Dios creó todos los animales de la tierra (Génesis 1:24), entre los cuales se destaca la serpiente (Génesis 3:1), como en la tradición hebraica.
El nombre de la mujer, «Yahvah» es muy enigmático, porque se escribe justamente como el Nombre de Dios, «YHVH». El nombre hebreo de Eva es «Havah». Los gitanos españoles llaman a Eva «Jayah», que es también un nombre hebreo derivado del verbo «vivir» – Génesis 3:20 «y el hombre llamó a su mujer ‘Javah’ (‘Jayah’, ‘Yahvah’) porque era la madre de todos los vivientes». También la frase que la mujer tendrá siempre deseo del hombre es bíblica (Génesis 3:16) y es la consecuencia de haber comido el fruto.
Los nombres de los «suntse» (santos) son evidentemente los de los principales Patriarcas Hebreos, o sea Yakov, Avraham y Mosheh – es interesante el hecho que al nombre de Mosheh se ha agregado la desinencia hebraica «-El». Sólo «Krechuno» y «Sinpetri» (San Pedro) son interpolaciones del cristianismo ortodoxo.
En la misma manera que en la tradición judaica, el orgullo del Faraón («Pharavono») es comparado al de Satán – el invocar el propio nombre en lugar del de Dios. De hecho, en el Judaísmo hay dos prototipos principales del orgullo: Satán y el Faraón. En este relato están mezclados los eventos del ahogamiento de las tropas egipcias en su persecución de los Israelitas en el Mar Rojo con el Diluvio universal, fruto de una transmisión oral de dos eventos de la tradición hebraica que con el tiempo se han confundido. La separación de los hombres en dos grupos evoca la división antediluviana entre los «hijos de Elohim» y los «hijos de los Adam» (Génesis 6:2). Los sobrevivientes del Diluvio aquí identificados con los «Pharavonuria» podrían coincidir con la descendencia de Kayin (Caín), los cuales eran nómades, herreros y músicos, como lo son tradicionalmente los gitanos – y muchas veces se ha atribuido a los gitanos la descendencia de Caín. También la «multiplicación» de los hombres y su desarrollo intelectual recuerda la generación de Caín en Génesis 6:1-5. El Faraón sin embargo no tiene dificultad en atravesar el «gran río», que es el Nilo, del cual en la Biblia misma dice que Faraón se siente el patrón (Ezequiel 29:3), párrafo en el cual es también comparado con Leviathan – o sea, la identidad Faraón = serpiente = Satán. Están también mezcladas las personas del Faraón con la de Nimrod – el cual es también un prototipo del orgullo -, que fue rebelde en los tiempos en que todavía toda la humanidad «hablaba una sola lengua» (Génesis 11:1) y trató de «conquistar toda la tierra» y de reunir a todos los hombres bajo su dominio. La idea que el hombre originalmente era nómada coincide con el período de los Patriarcas hebreos, todos los cuales era apátridas (Avraham, Yitzhak, Yakov). También la imagen del Faraón como «adorador de ídolos de piedra» es judaica, así como lo es el hecho de ser «fulminados» como castigo por la idolatría. Sin embargo, en éste relato los gitanos se identifican justamente con los sobrevivientes del ejército del Faraón, sentenciados a no tener mas una patria, ni una lengua escrita, ni una religión – ésta es precisamente la condena de las Tribus pertenecientes al Reino de Israel, llevadas al exilio y perdiendo la propia independencia e identidad come castigo por la adoración del becerro de oro, o sea, por causa del retorno a la religión de los egipcios… «No seréis mas una nación» (Isaías 7:8).
El Trono de Dios «por encima de las estrellas» es una imagen bíblica (Isaías 14:13), mientras el abismo subterráneo es la morada de los espíritus rebeldes según el Libro de Henok. El contexto balcánico ha contribuido con la identificación de los «payos» (no gitanos) con los «Jorajané», (musulmanes), y con el «dios» de ellos, San Pedro (cristianismo romano-bizantino), a quienes «Sinpetri» ha dado una patria, una escritura y una organización política, en contraste con los gitanos, los cuales por la desobediencia están condenados al exilio perpetuo, así como los Israelitas del Reino de Samaria.

Aunque hay interpolaciones cristianas, todas las tradiciones aquí presentadas no se pueden atribuir a una influencia cristiana, porque provienen de una instrucción bíblica puramente hebraica, la cual en la región de los Balcanes no ha sido nunca accesible para el pueblo común y mucho menos para los gitanos. Casi nadie leía la Biblia a excepción del clero y algunos individuos de las clases privilegiadas que podían leer en griego o latín, únicos idiomas en los que estaba escrita la Biblia en Europa en aquél período. La poca instrucción bíblica que se daba al pueblo era sobre todo neotestamentaria e impregnada de tradiciones relativas a la vida o los dichos de los santos de la iglesia, no justamente comentarios de las Escrituras al estilo de la Parashat, come podrían considerarse éstos relatos de los gitanos. Por lo tanto, se debe deducir que ésta tradición es muy anterior a la llegada de los gitanos a Europa, del primer y segundo siglos c.e. en Mesopotamia. Además, la interpretación de las figuras bíblicas no es absolutamente cristiana, sino puramente judaica, con evidentes reflejos kabalísticos. De ésta y otras tradiciones similares se entiende que el desarrollo de la espiritualidad romaní es igual a la de los Israelitas en exilio, en la cual los elementos zoroástricos contribuyeron con su misticismo. Y es cierto que los gitanos no leían las Escrituras hasta tiempos muy recientes, cuando se desarrolló el movimiento evangélico en medio de ellos…

* Lilith: es interesante notar que hay un paralelismo entre la «primera mujer de Adán» en la tradición hebraica y en la romaní. Ambas sostienen la idea que antes que Eva existió otra mujer, la cual fue rebelde y por lo tanto reemplazada por Eva – en la mitología hebraica es Lilith (presunta madre de Caín), en la romaní no tiene un nombre específico, pero es considerada la «madre de los gitanos», que habiendo sido expulsada antes que ocurriera la desobediencia de Adán con la consiguiente maldición -o sea, ganarse el pan con sudor-, sus descendientes no han sido afectados por ésta. La idea de tal substitución de la primera mujer no se encuentra en ninguna mitología excepto la judaica y la romaní, y ciertamente tampoco en la tradición cristiana.

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