Una fórmula para desencadenar una crisis

A pesar de las lecciones de 2008, las sociedades de inversión siguen empleando modelos demasiado complejos y poco fiables para evaluar los riesgos.

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La crisis económica causante de la recesión mundial que aún hoy nos ahoga se debió a numerosos factores. Uno de ellos fueron las matemáticas. Las sociedades de inversión habían desarrollado procedimientos tan complejos para invertir el dinero de sus clientes que, a la larga, acabaron confiando en fórmulas muy poco inteligibles para evaluar los riesgos. Como ya pudimos comprobar hace tres años, tales modelos no se corresponden sino con un pálido reflejo de la realidad. Tanto es así que, en ocasiones, pueden conducir al desastre.
El mundo financiero no es el único que a la hora de tomar decisiones se apoya en modelos matemáticos de fiabilidad dudosa. Se emplean simulaciones en un amplio abanico de disciplinas (como la climatología, la erosión de costas o la seguridad nuclear) en las que los fenómenos que se pretenden describir resultan demasiado complejos o donde acceder a toda la información se antoja muy difícil, y en otras, como las finanzas, donde ocurren ambas cosas. No obstante, ningún ámbito de la actividad humana profesa una fe tan ciega en una ciencia tan endeble como lo hace la economía financiera.
La solidez de la que presumían los modelos de riesgo otorgó a las sociedades de inversiones la confianza necesaria para apalancar sus apuestas con enormes sumas de dinero prestado. Los modelos debían evaluar el riesgo de tales operaciones, así como el modo de compensarlo con otras inversiones. Sin embargo, las enormes incertidumbres presentes en dichos modelos hicieron de ellos muy malos consejeros. «No sabemos lo bastante como para adquirir un buen dominio teórico sobre los riesgos que corremos», asegura David Colander, economista del Colegio Universitario Middlebury y experto en la crisis de 2008. «La idea de que un modelo puede dar cuenta de toda la incertidumbre y de todas las reacciones imprevisibles que vemos en los mercados es simplemente una locura. Pero es así como los hemos utilizado.»

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