UNA ENCUESTA REVELADORA-INCLUSIÒN

Educación inclusiva
Una encuesta reveladora
Pocos días atrás se dieron a conocer los resultados de una encuesta realizada en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el objetivo de indagar cómo se presenta en la sociedad el tema de la educación inclusiva. Los resultados son reveladores en cuanto a su necesidad y a las trabas que debe afrontar.

La misma fue realizada por la Fundación Par e Intus Investigación Independiente y contó con la concurrencia de otras instituciones: ASDRA (Asociación del Síndrome de Down de la República Argentina), ADEEI (Asociación Civil para el Desarrollo de la Educación Especial y la Integración) y FUNDAL (Fundación para el Desarrollo Autónomo y Laboral) y se realizó en dos etapas, la primera de las cuales se efectuó tomando una muestra de 400 personas representando los 16 CGP de la ciudad y la segunda consistió en la toma en 20 escuelas de educación común seleccionadas al azar en todo el ámbito de la misma jurisdicción. Según esta investigación, el estado de la cuestión, en lo referente a la visión social de la discapacidad es el siguiente: En lo que hace a la percepción de cómo se desempeña la sociedad en el trato hacia las personas con discapacidad, en general, se señala que sólo el 14% de los entrevistados considera que ante ellos, el comportamiento de los demás se realiza con naturalidad, mientras que el 57% se incomoda y cerca del 29% trata de evitarlos, lo que se complementa con la percepción del tratamiento que se da a estas personas: sólo el 7% serían tratados como los demás y alrededor del 50% en forma negativa. Otro 42% estima que el que reciben es diferenciado a causa de su condición y el 1% restante, que son abiertamente discriminados. En cuanto a la solidaridad, el 54% cree que es negativa, el 39% que es algo solidaria y sólo el 7% toma actitudes positivas al respecto. Los medios reflejan a las personas con discapacidad superficialmente (60%), las ignoran (16%), las ridiculizan (14%) y sólo el 10% se preocupa por brindar mensajes de aceptación de la diversidad. En los resultados en lo atinente a los espacios de interacción y aprendizaje, se revela que el 18% no ha tenido contacto con personas con necesidades educativas especiales. En los aspectos educativos e integradores, los participantes señalaron que faltan espacios de intercambio y educación integrada porque el Estado no los promueve (67%) o que no son de interés para la sociedad (25%). Por otro lado, consideran que la existencia de esos lugares favorece la integración (88%). Las formas de favorecerla son: a través del sistema educativo (27%), fomentando la creación de dichos espacios (23%), a través de los medios de comunicación (12%), por medio del Estado (10%), desde la educación y el trabajo compartido (8%) y otros que incluyen a la familia como agente, el trabajo, etc. Sólo el 0,3% cree que no se los puede integrar. El 75% piensa que el sistema educativo actual tiene una actitud negativa acerca de la integración. El 50% afirma no haber recibido nunca educación sobre discapacidad, y del 38% que sí, sólo el 26% la considera como buena y el 21% como realmente integradora e inclusiva. El 85% manifiesta descreer en que el sistema educativo, tal como está planteado, sea capaz de realizar una política de educación inclusiva. Los encuestados afirman que ello se debe a falta de capacitación docente, inadecuada infraestructura, prejuicios, impedimentos culturales, entre otros. Sin embargo, el 87% ve a la integración educativa como facilitadora de la inclusión social y estiman que las personas con discapacidad tendrían que asistir a escuelas comunes dependiendo del tipo de discapacidad (56%) o sin que ésta importe (29%). Sólo el 11% cree que deberían concurrir sólo a educación especial. Esta es apenas una descripción somera de los muchos y muy ricos aspectos que revelan las 48 páginas de la encuesta. De todas maneras, se advierte que el tema de la integración podría marchar mucho mejor si el Estado adoptara políticas más intensivas en este sentido y si los medios de comunicación tuvieran una posición más abierta al respecto. Así podríamos dar un salto cualitativo y cuantitativo en la educación inclusiva. El 15% de incluidos que indicaba la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad en 2003 dista mucho de ser aceptable.

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