Un viaje al Museo de Israel

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Un viaje al Museo de Israel
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Por Santiago Raigorodsky.
En mi reciente viaje a Israel he tenido ocasión de visitar el renovado Museo de Israel, museo que sin duda alguna se encuentra entre los diez más importantes del mundo. Fundado en 1965 sobre una colina de Jerusalem occidental desde la que se divisa el Parlamento israelí y el Valle de la Cruz, la institución hoy podría ser denominada como el Nuevo-Viejo Museo de Israel, luego de haber sido renovado durante tres años.

El nuevo museo, como podríamos decir, se ha expandido y rediseñado con el objeto de facilitar a los visitantes, entre otras cosas, la experiencia de contemplar, estudiar y analizar las amplias colecciones que allí se encuentran. El costo de la ampliación y renovación ha sido de aproximadamente 100 millones de dólares.

Distribuido en varios edificios donde se pueden reconocer las líneas maestras del trazado original de los pabellones arquitectónicos, propios de la vanguardia europea de los años cincuenta hoy lucen totalmente frescos, llenos de luz y de espacio.

Antes de penetrar en los pabellones del Museo, podemos apreciar el Jardín de Arte Billy Rose, diseñado originalmente por el escultor estadounidense de origen japonés Isamu Noguchi, en donde encontramos una magnífica colección de esculturas al aire libre.

Un aspecto del Jardín Billy Rose con esculturas de Menajem Kadishman

Escultura Alexander Archipenko

Un paisaje oriental, combinado con una antigua colina de Jerusalem que sirve como telón de fondo para la exhibición de piezas de grandes escultores como Auguste Rodin, Emile-Antoine Bourdelle, Aristide Maillol ,Pablo Picasso, Alexander Archipenko, Jacques Lipschitz, Henry Moore, David Smith, Sol LeWitt, Donald Judd, Claes Oldenburg, Magdalena Abakanowicz, Richard Serra, Joel Shapiro, James Turrell, Igael Tumarkin, Ezra Orion, Benni Efrat , Menashe Kadishman, Mark Dion, James Turrell o Micha Ullman. Corona el espacio abierto una obra monumental del escultor indio Anish Kapoor, “El mundo al revés, Jerusalem”, una estructura de acero con forma de reloj de arena que pretende ser una metáfora del carácter espiritual y profano de esta ciudad, que sigue debatiéndose entre lo vetusto y lo moderno.

El autor de este artículo, delante de una escultura de Henry Moore, en el jardín Billy Rose

El mundo al revés, Jerusalem, Anish Kapoor

Integrado al museo y con un fuerte carácter propio podemos apreciar el Santuario del Libro, diseñado por Armand Bartos y Federico Kiesler, que alberga los Rollos del Mar Muerto hallados en las cuevas de Qumram. Son estos los manuscritos bíblicos más antiguos del mundo. Como sabemos, la Biblia hebrea es la piedra angular del pueblo judío. La exposición en el Santuario del Libro representa un viaje en el tiempo, que, adoptando un enfoque académico- histórico, traza la evolución del Libro de los Libros.

El edificio resguarda los 15 mil fragmentos de pergamino (piel de carnero) y papiro, con los que se han reconstruido 850 documentos. En esta colección se pueden leer el Génesis, Éxodo, Levítico, y libros emblemáticos de la guerra y de profecías, como el de Esther y el de Isaías, este último es el único manuscrito bíblico completo previo a la era cristiana.

El Santuario del Libro en Jerusalem es custodio de estos tesoros. Los valiosos textos se muestran usando una luz fluorescente a efectos de que no se deterioren. El Santuario replica cuidadosamente las condiciones de luz y humedad en que fueron hallados.

Los Rollos del Mar Muerto fueron descubiertos entre 1947 y 1956 en once cuevas cerca de Khirbet Qumrán, en la costa noroeste del Mar Muerto.

Estos manuscritos, de aproximadamente dos mil años de antigüedad, fueron escritos mayoritariamente en hebreo, aunque hay un número menor de escritos en arameo o griego.

Los manuscritos se dividen en tres categorías principales: bíblicos, apócrifos y sectarios. La mayoría de los estudiosos creen que los Rollos formaron parte de la biblioteca de la secta de los esenios (?) que vivió en Qumrám. Sin embargo, parece ser que los miembros de esta secta escribieron sólo una parte de los Rollos, el resto parece haber sido escrito o copiado en otros lugares.

El descubrimiento de los Rollos representa un punto de inflexión en el estudio de la historia del pueblo judío en la antigüedad. Pues nunca antes un tesoro literario de tal magnitud había salido a la luz. Gracias a estos hallazgos nuestro conocimiento de la sociedad judía en la Tierra de Israel durante los períodos helenísticos y romanos, así como los orígenes del judaísmo rabínico y el cristianismo primitivo, se han visto muy enriquecidos.

También encontramos en las galerías inferiores del Santuario del libro algunos manuscritos bíblicos medievales como ser una Biblia española del siglo XIII y el Códice de Aleppo, que fue escrito en Tiberias hace casi 1.100 años, y es la versión más aceptada de las escrituras hebreas, también conocidas como el texto masorético. En 1958, aproximadamente el 60% de las páginas del Códice fueron trasladadas a Israel y al Instituto Yad Ben-Zvi. Hoy en día permanecen en el Santuario del Libro.

El Santuario del Libro
Interior del Santuario del Libro

Finalmente podemos señalar que además de expresar un profundo significado espiritual, el Santuario, ubicado junto a instituciones oficiales del Estado de Israel, como son la Knesset (el Parlamento israelí) y la Biblioteca Nacional Universitaria atestiguan el grado de importancia que se le confiere.

La forma de la cúpula blanca del edificio simboliza la tapa de las vasijas en donde se encontraron los primeros rollos, y a su vez al mundo espiritual de los “Hijos de la Luz” (como se llamaban los sectarios del desierto de Judea). El muro negro que existe junto a ella sería la representación de los enemigos de la secta o los “Hijos de la Oscuridad”. El pasillo que conduce al Santuario, que se asemeja a una cueva, recuerda el lugar donde fueron descubiertos los antiguos manuscritos.

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