Un tipo impuntual, genial y profundamente querido

Y a ti pol qué te llaman Neglo?”, le gritaron una vez a Fontanarrosa, cuestionándole la legitimidad de su tez, desde la platea del teatro José Martí de La Habana.

Al Negro Caloi no se la hubieran cuestionado tanto, habida cuenta de su color más oscuro. Pero algo acaba de hermanarlos en otro (el peor) sentido: abandonarnos demasiado pronto, enfatizando la sensación que uno tiene de injusticia ante las muertes prematuras.

En Ediciones de la Flor, Kuki Miler y yo venimos editando los libros de Caloi desde tiempo inmemorial: tengo que recurrir a viejos catálogos para ubicar el año de edición de la primera recopilación de tiras de Clemente, que apareció en 1998. Antes, en 1996, El libro de Clemente , era una antología temática de historietas del personaje, con un estudio preliminar de Elvio Gandolfo, responsable también de un extenso reportaje al autor. Antes y después hubo cinco tomos de Con el deporte no se juega , colecciones de sus informados chistes sobre deportistas, el último de ellos recogiendo sus dibujos en colores. Y Humor de amores (publicado también por Glenat en Francia), Mi Buenos Aires querido , Con todo el humor del alma , Todo es cultura … Como dice Gandolfo en el texto mencionado, “…lejos de crear un mundo autosuficiente, fijo, en el que la única reforma progresiva son personajes que se agregan meditadamente, según la lógica de la familia humana, Clemente zafaba del clima esperable de una tira cómica y era, muchas veces, simplemente una historieta de aventuras”. Eso explica, en parte, su longevidad: nacido en la época de Lanusse y el Gran Acuerdo Nacional como personaje secundario del Bartolo conductor de tranvía, se mantiene vigente y renovado.

Durante la última dictadura militar, la insurrección homeopática –otra hubiera sido suicida– que significó la exhortación de Clemente a tirar papelitos en los partidos del Mundial despertó una adhesión que superaba lo deportivo.

La presencia de Caloi en la Feria del Libro era una constante: tanto en las mesas redondas de humoristas que organizaba De la Flor como firmando en nuestro stand. Y con otra constante: siempre llegaba tarde, muy tarde, lo que motivaba ovaciones cuando subía al escenario luego de que los demás panelistas estaban hace rato instalados y conversando. Y un dato más: Caloi fue el único de entre los muchos humoristas gráficos que nos acompañaron a quien le pedía dibujos y firmas el personal de limpieza de la Feria. No era solamente, creo, por la presencia de su personaje en la tele: su humor calaba hondo en lo que, a falta de palabra mejor, llamaré “sectores populares”.

Lo extrañaremos mucho.

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