Un pensamiento de Shabat B’H – בה 2 de noviembre de 2013 – 28 de jeshvan de 5774

Encendido de velas el viernes anterior: 19.04 horas
 
Parasha: Toldot / Génesis 25:19 – 28:9
Haftara: Malaquías 1:1 – 2:7
 
Conclusión del Shabat: 20:03 horas
 
x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x
 
“Aconteció que, cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo mayor…”
Génesis / Bereshit 27:1
 
La verdad que Isaac no la tuvo fácil. Tuvo una vida muy difícil, vivió momentos traumáticos, y los dos episodios más importantes de su historia: La Akeda y la historia de la Bejora con Iaakov y Esav, fueron marcados por el engaño y la decepción. Para empezar sabemos que su Padre, Abraham, cumpliendo con el mandato de Dios lo llevó al monte Moria para sacrificarlo. Isaac, camina con su padre durante tres días en pleno silencio, como si estuvieran caminando por la niebla, sin tener noción de hacia dónde iban o por donde transitaban.
 
Esta característica del “no ver” y a su vez, de vivir en la incertidumbre lo acompañó a través de sus días. Fíjense que cuando camino con su padre hasta allí, hasta último minuto se preguntaba qué iba a suceder, como está escrito: “Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Bereshit 22:6.
 
Para colmo de males que le sucedieron, pero quizás como un símbolo de otro tipo de ceguera, la espiritual, Rashi comenta que cuando estaba su padre con el cuchillo en la mano y lo detiene el Ángel de Dios para decirle que no matara a su hijo, cuenta que todos los ángeles del cielo lloraban y que sus lágrimas cayeron en los ojos de Itzjak, provocando este tipo de ceguera visual. Esta disfunción ocular, fue la que lo llevó a que el engaño que montó su hijo Iaakov en complicidad con su madre Rebeca, pueda hacerse realidad.
 
Lejos de hacer un juicio de valor sobre las decisiones de Itzjak, entiendo que su vida nos demuestra que debemos comprender que hay dos tipos de cegueras: La visual y la espiritual. Itzjak cuando camina por su padre seguramente podría haberse dado cuenta lo que iba a suceder, pero aun así hubo algo, un sentimiento, la negación de reconocer lo que haría su padre, la que le impidió ver la verdad.
 
De la misma manera, Iaakov se le presenta con pieles de oveja, presto a engañarlo, de una forma tan infantil, que creo que hubo algo más que un problema visual que lo llevó a aceptar ser timado.
 
A veces en la vida las cegueras son más que visuales, y tienen que ver con un problema de ceguera espiritual. La capacidad de observar las situaciones, sin negaciones, sin excusas, con la intención de ver la verdad, es aquella que nos va a redimir y a salvar, del peor de los engaños: el que uno se hace a sí mismo.
 
¡Shabat Shalom!!! שבת שלום
Rabino Marcos Perelmutter
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *