Un mundo extremo

Una vez mas, como siempre, debo pedir disculpas por enviar un genérico, pero, como siempre, si lo estas recibiendo es porque estás en mi corazón…

Esta vez, simplemente, deseo compartir con todos y cada uno de ustedes, mis compañeros de viaje, un video que alguien compartió en facebook y que va como link, al final de estas líneas (pido perdón a quien lo subió, pero no puedo citarlo porque – alemán de por medio – no logro recordar quien fue)…

Mas allá de que el tema y su estilo y cantantes pueda, o no, ser del gusto o preferencia de cada quien, me ha parecido interesante compartirlo, por varias razones…

Desde el punto de vista artístico, me parece excelente: excelente el guión (que cuenta una historia en imágenes, claramente y de manera concisa), excelente la actuación de los dos protagonistas (que transmiten con fuerza y contundencia el conjunto de emociones y sentimientos que conforman el amor, en su forma extrema de dar la vida por quien se ama, sin dudarlo, si las circunstancias así lo exigen) y excelente la interpretación de los cantantes y músicos, que fundamentan con sus voces y sonidos la contundencia del mensaje no verbal, que es el de fondo…

Y es que vivimos en tiempos extremos, tiempos de emociones extremas, peligros extremos, deportes extremos, negocios extremos, explotación extrema, abusos y violencia extremos, bajo cualquiera de sus variantes…

Un mundo así, extremo, debería revisar sus fundamentos, ya que -a partir de los extremos -solo podría decrecer y, eventualmente, alcanzar su extremo polar: la extinción…

Pues bien, se me ocurrió – al ver y escuchar atentamente, varias veces, el video en cuestión – que existe una forma extrema a la que habitualmente no le prestamos mucha atención: el amor extremo, aquel que es capaz de dar la vida por el otro, si así lo exigen las circunstancias…

Conocemos esa forma extrema de amor, bajo la denominación de «sacrificio» (algo de lo cual, ninguno de nosotros sabe si es capaz, hasta que se presenta la situación de riesgo, que exige poner en acto esa forma potencial de amor)…

En esta forma de amor extremo, la opción se da entre la autopreservación – a expensas del abandono del otro – o la preservación del otro, de la persona amada – a expensas de la entrega de sí…

Cada uno de nosotros podrá, o no, identificarse con alguno de los protagonistas, en sus respectivos roles… Como sea, me ha parecido interesante ponernos, aunque sea por un rato, en la piel del sacrificio, en la piel del amor extremo, permitiendo que surga en cada uno de nosotros, como un susurro, la voz (adormecida por la banalidad cotidiana) del amor «extremo», del que todos como humanos somos capaces, en potencia…

Tal vez, a fuerza de recontactar con nuestras potencias, poco a poco, podamos ir poniendo en acto, a la manera de cada uno y según las personales circunstancias, esa forma casi olvidada de «amor extremo» (frente a la cual, solo caben dos actitudes posibles: la de hacer el doloroso sacrificio o la de tener el doloroso agradecimiento)…

A determinada altura de la vida, cada uno de nosotros, a su manera, sabe de esto…

Les envío a todo y cada uno de ustedes, mis hermanos, mis compañeros de viaje, mis amigos del alma, un gran abrazo fraterno…

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