Un largo vuelo sin equipaje

Los millones de mariposas monarca (Danaus plexippus) que revolotean con sus frágiles alas desde Norteamérica hasta los bosques de abetos de México han desarrollado por evolución múltiples adaptaciones especiales para poder realizar este arduo viaje, con un recorrido de hasta 4000 kilómetros. Ahora, el borrador de la secuencia del genoma de la especie, publicado en el número de noviembre de 2011 en Cell, deja entrever la forma en que las adaptaciones genéticas ayudan a que estos bellos insectos sobrevivan tras su largo viaje.

Cerebro
Los relojes circadianos de las mariposas les permiten percibir el acortamiento del día, hecho que desencadena la migración, afirma Steven Reppert, neurobiólogo de la Universidad de Massachusetts y uno de los autores del estudio. El genoma reveló nuevos datos sobre el control molecular de estos mecanismos.

Antenas
Las mariposas poseen un gran número de genes de receptores olfativos, los cuales, al activarse en las antenas, podrían ayudarles a interactuar con otras mariposas monarca para encontrar su lugar de destino.

Ojos
Los genes implicados en el desarrollo de los ojos permitirían que las mariposas detectaran pequeños cambios en la posición del sol, así como patrones de luz polarizada. Estas sutiles diferencias tal vez les ayuden a no perder la orientación en su ruta hacia los lejanos bosques de abetos.

Órganos reproductores
No todas las mariposas monarca migran, pero las que lo hacen carecen de una enzima clave que da lugar a la hormona juvenil, la cual estimu la los órganos reproductores. Ello hace que las mariposas no se desarrollen completamente ni muestren interés por el apareamiento, de modo que puedan centrarse en el largo viaje.

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