Un hombre común

 
– He oído, venerable – dijo un día el joven mientras observaban el amanecer – que el Iluminado es un ser especial, que camina por el mundo sin ser afectado por él, indiferente a todo y en paz perpetua…
 
– Ah, sí – respondió el anciano, francamente divertido – a todos nos han engañado con ese cuento para niños…
 
El joven lo miró con ojos sorprendidos, mientras el anciano encendía y degustaba su pipa de cara al Sol naciente.
 
– He oído, amigo mío – dijo entonces el anciano – que el iluminado es un hombre común que, mientras camine por el mundo, será siempre afectado por él, sentirá frío en invierno y calor en verano, tendrá hambre y sed como cualquier ser vivo y querrá dormir cuando esté cansado y, no obstante, en cada caso simplemente pensará: “es la naturaleza”…
 
El joven guardaba silencio, pensativo…
 
– He oído – continuó el anciano – que el iluminado es un hombre común que camina por el mundo y cuya paz no depende de la indiferencia sino del desapego; mientras viva entre nosotros, sentirá ira y miedo, alegría y tristeza, placer y dolor y, no obstante, en cada caso simplemente pensará: “es la naturaleza”…
 
El joven miraba atentamente el cielo azul iluminado por el Sol naciente…
 
– He oído que en eso – agregó el anciano – consiste el desapego y que la paz del iluminado se debe a  que él ya no es un rumiante y, por lo tanto, no se queda aferrado a las circunstancias, las personas, las emociones o los pensamientos…
 
El joven sintió un temblor…
 
– He oído – agregó aun el anciano – que el iluminado es un hombre común que camina por el mundo y comprende que la única diferencia entre él y nosotros es la mirada: donde nosotros vemos solo diferencias, el ve también unidad, donde nosotros vemos solo superficies, el ve también profundidad, donde nosotros solo vemos sombras, él ve también luz…
 
El joven miró profundamente al anciano…
 
– He oído – insistió el anciano – que en eso consiste la iluminación, en la mirada clara y transparente y que, por lo tanto, el iluminado es un hombre común que ahora, simplemente, ve…
 
El joven sonrió…
 
– Dime ahora de nuevo, por favor, amigo mío – dijo el anciano – qué es,  según tu mirada, el iluminado…
 
– He oído – dijo entonces el joven serenamente – que el iluminado es un hombre común, que camina por el mundo afectado por él, sin aferrarse a él, desapegado de todo, especialmente de sí mismo, y en perpetua y pacifica atención hacia la naturaleza, en cuyo seno y a pesar de las diferencias aparentes, percibe siempre la Unidad…
 
El anciano inclinó la cabeza, agradeciendo las palabras del joven, mientras el Sol iluminaba lenta y serenamente el trajín del mundo…
 
Anónimo

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *