¿Un esqueleto para La Gioconda?

El año pasado salían a la luz varias pruebas que parecían conducir, por fin, a poner un rayo de luz sobre uno de los secretos mejor guardados de la Historia del Arte: la identidad de la modelo que posó para La Gioconda, el famoso y misterioso cuadro que Leonardo Da Vinci pintó entre 1503 y 1506.

La noble florentina Lisa Gherardini (1479-1542), también conocida como Lisa del Giocondo, comenzó a presentarse como la mejor de las apuestas, pero nunca fue la única, motivo por el cual los expertos no cerraron la investigación, aunque son muchos los que votan por ella.

Ahora, un equipo de arqueólogos italianos dirigidos por Silvano Vinceti llegó hasta las puertas de un convento abandonado, el de Santa Ursula, en la ciudad de Florencia, en busca de los restos de quien le habría dado el rostro a la Mona Lisa. Allí, el pasado martes, el equipo encontró un esqueleto muy bien conservado que, dicen, podría ser el de Lisa Gherardini.

No es el único esqueleto encontrado en el lugar, y aún faltan muchos análisis. Pero, según explicó Vinceti, especialista en resolver misterios de la Historia del Arte, “este esqueleto en particular es muy prometedor aunque todavía habrá que hacer pruebas para comprobar su identidad”, y añadió: “Creo que hemos llegado a la parte realmente emocionante para los investigadores, la culminación de nuestro trabajo, el momento en que nos acercamos a la pregunta clave: ¿encontraremos o no los restos de Lisa Gherardini?”.

Mil y una teorías se tejieron a lo largo de los años sobre la identidad de La Gioconda. Las más difundidas hablaban de un autorretrato del mismo Leonardo, de un retrato de su madre, y hasta de un joven amante del genio renacentista, mientras otras, menos famosas, apuntaban a otras mujeres de la época, como Isabel de Aragón o Constanza d’Avalos, duquesa de Francaville.

Pero ya en 2005 el velo del misterio pareció empezar a correrse. Ese año, el filólogo Veit Probst descubrió una nota en un libro de la colección de la Biblioteca de la Universidad de Heidelberg, de la que es director, en la que se confirmaba que la modelo del retrato era Lisa Gherardini.

El cuadro habría sido encargado a Leonardo Da Vinci por el marido de Lisa, Francesco del Giocondo, un comerciante de seda florentino. Después, se confirmó que la esposa del rico comerciante vivió en el convento de Santa Ursula tras quedarse viuda, cuidada por sus dos hijas monjas. Allí la enterraron cuando murió.

Hicieron falta seis años para que el proyecto de investigación fuera aprobado y así se pudo comenzar, en abril de 2011, la exhumación de los restos detectados en una cripta del mencionado convento, que podrían ser del siglo XVI y entre los que estarían los de Gherardini.

Los pasos siguientes están claros para los expertos: el primero sería la realización de la prueba del carbono 14, que determina la verdadera edad de los restos; después, vendría un test para definir la edad a la que murió la persona –Gherardini tenía entre 62 y 63 años– y finalmente, habrá que comparar el ADN con los de las hijas de la dama, sepultadas en la iglesia de la Santísima Anunciación, también en Florencia.

Por último, habrá que hacer una reconstrucción del rostro y compararlo con los rasgos faciales de la pintura de Leonardo.

Con todo esto, el equipo de investigación, compuesto por arqueólogos, geólogos e historiadores del arte, se acerca cada vez más, y de forma más precisa, a la verdad.

Si todas las pruebas son determinantes, y se confirma la identidad de la modelo, habrá un misterio menos y un dato histórico más para añadir a los libros.

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