Un director francés obsesionado por «el misterio de las mujeres»

«Mis cosas preferidas en este mundo, mis razones para vivir, son los libros y las mujeres», dijo el director francés Benoît Jacquot. «Para mí el cine es la mejor forma de unirlas». Su nueva película «Adiós a mi reina» es una adaptación del libro de la escritora francesa Chantal Thomas premiado en 2002. (Jacquot escribió el guión con Gilles Taurand.) La película, que abrió el Festival de Berlín este año, se estrena en Europa durante la primavera y el verano.

Ambientada en los últimos días previos a la Revolución Francesa, gira en torno de un triángulo romántico entre Marie Antoinette (Diane Kruger), su confidente Madame de Polignac (Virginie Ledoyen) y Sidonie Laborde (Léa Seydoux), una sierva cuya tarea consistía en leerle a la reina.

El amor de Jacquot por la literatura ha inspirado proyectos como la adaptación para el cine de un libro inconcluso de Marivaux («Marianne», de 1997, protagonizado por Ledoyen) y un filme sobre el Marqués de Sade («Sade», con Daniel Auteuil en el papel protagónico, en 2000). Su pasión por las mujeres lo llevó a centrar sus películas en muchas de las grandes actrices francesas, muchas veces en los comienzos de sus carreras.

Supo desde la primera página, dijo, que quería adaptar el libro de Thomas para el cine intrigado por cómo se centra en un solo punto de vista, una estrategia que ha utilizado en otras películas que siguen a jóvenes que enfrentan acontecimientos dramáticos en períodos breves. La narradora del libro era una Sidonie ya madura que analizaba los hechos de su juventud; Jacquot la hizo lidiar con éstos en el presente.

«Me parece que lo que atrajo a Benoît es que la historia está contada desde un punto de vista totalmente femenino», dijo la Sra. Thomas por teléfono desde París. «Ese deseo es el que nos hace crear, creo. Forma parte de nuestro talento creativo. En el caso de Benoît, su forma de ver y su inteligencia son inseparables de cierto erotismo».

Jacquot, de 65 años, decidió ser director de cine a los 13 años, motivado por las películas estadounidenses y la Nouvelle Vague francesa. Comenzó apenas después de los 20 como asistente de Marguerite Duras. Sin embargo, su carrera, que incluye documentales, televisión, teatro y producciones de ópera además de largometrajes, comenzó a adquirir un giro determinante a fines de los años 1980.

En 1990, filmó «La Désenchantée» con Judith Godrèche, de 17 años, una relación romántica en la vida real que había elegido por primera vez para un papel en su filme de 1988 «Les Mendiants». La película fue un éxito popular y Jacquot pasó a ser conocido por centrar generalmente sus filmes en protagonistas femeninas jóvenes.

En 1995, «La fille seule», protagonizada por Ledoyen, de 17 años, fue otro éxito a través del cual el público descubrió a esta joven actriz. «Benoît es una persona que en cierto modo no cambia», dijo por teléfono Ledoyen, que actualmente tiene 35 años. «Sigue siendo muy fiel a sus deseos, a su visión del cine, y esa es su mayor fortaleza. Habíamos trabajado juntos hacía más de 15 años, pero parecía ayer».

Él admite alegremente que tiene una fijación con las chicas que están al borde de convertirse en mujeres. «Es una edad muy atractiva para filmar en la cual se pasa de un estado a otro y el cine representa eso mejor que ninguna otra cosa», dijo. Y afirma que es casi un requisito laboral enamorarse de todas sus ingenuas. «No me imagino filmando a una actriz sin tener algún tipo de vínculo amoroso con ella, es imposible», señaló. «Aunque sea una sola escena, hay algo amoroso en el acto de filmar a una mujer».

Agregó que necesita sentir que una actriz tiene un fuerte deseo de trabajar con él antes de estar dispuesto a idolatrarla en la pantalla: «Necesito sentir que para ella es necesario, importante y decisivo que yo la filme. De lo contrario, no me interesa».

Seydoux, que tiene 26 años, dijo por teléfono desde París: «Benoît es un poco como una mujer en su deseo de enamorarse perdidamente. Él mismo es bastante femenino y se siente atraído por las mujeres y obsesionado por la femineidad y pienso que el misterio de las mujeres engloba a todas para él. La forma en que filma a una actriz es su forma de hacerle el amor, es muy personal».

En «Adiós» la cámara de Jacquot va siguiendo a Seydoux mientras se precipita por los corredores traseros de Versalles a medida que se desencadena lentamente la confusión.

«Es algo de muchacho, algo que ya no soy pero que todavía creo ser, eso de seguir a las chicas por la calle», dijo Jacquot. «Es algo muy francés, de hecho. Tener una cámara, y elegir deslumbrarse por una chica y decidirse a seguirla, para mí eso es el cine. Mi trabajo es seguir a mis actrices con una cámara como se siguen chicas en la calle».

Jacquot dijo que espera continuar persiguiendo a las chicas lindas por la calle con la cámara mientras pueda. Pese a su prolongada búsqueda durante décadas, no sabe si entiende al sexo opuesto mejor que antes. «No sé cómo explicarlo», dijo. «Es como el horizonte: cuanto uno más se acerca, más lejos parece estar». 

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