Un dia en el Zoo-Aquarium de Madrid – Carolina Pineda del Olmo

El zoo-acuarium de Madrid está tranquilo un día entre semana de primavera. Prácticamente no hay público. Sobre todo se ven grupos de escolares con sus profesores y turistas que van a pasar el dia. Nada más entrar al recinto, una amable señorita quiere hacerte una foto para inmortalizar el día, que costará a los adultos 13 euros y algo menos para los niños menores de siete años.

Si se comparan las instalaciones del Zoo -acuarium de Madrid con respecto hace cinco años, las actuales han mejorado considerablemente. Se han introducido muchos más paneles informativos sobre las peculiaridades y hábitats de los animales y se advierte, a menudo, que está prohibido molestarles u ofrecerles comida, ya que les puede producir “graves problemas gastrointestinales”. Se ha aumentado la “colección” con nuevos animales como el orangután y en muchas instalaciones se ha disminuido el exceso de cemento sustituyéndolos por elementos ornamentales de madera y más vegetación. Indudablemente la nueva normativa europea sobre los requisitos que deben reunir los zoos, ha influido en este “lavado de cara”

En cuanto al “acuarium” está cuidado, cuenta con espacios amplios y los animales parecen estar sanos y relativamente activos.

Se está hablando de uno de los mejores zoológicos de España, pero no se puede olvidar que, como reconoce Enrique Sáez,veterinario del centro, “se trata de un negocio, y como tal, hay que obtener beneficios”

Cuando no se tienen las infraestructuras ni el respaldo económico de otros centros, como es el de Madrid, y se quiere tener una gran colección de animales, es cuando se ven los casos más indignantes de abuso al servicio de un negocio. Así, alrededor de perritos de las praderas o cocodrilos, hay bares, cafeterías, tiendas, o tíos vivos. Una vez más, surge la duda ética de hasta qué punto estos animales son víctimas de la avaricia y tendencia coleccionista del ser humano. No es ésta imagen la más adecuada para mostrar estos seres vivos, en especial, a los niños. Animales en cautividad, que en muchas ocasiones forman parte de un espectáculo, como en el caso de los guacamayos, los leones marinos o los delfines.

En definitiva, en el zoo-acuarium de Madrid se respira una extraña y casi incompatible mezcla entre niños en compañía de un cuidador que les explica las peculiaridades y modo de vida de los tiburones y que asisten una hora después a ver hacer piruetas y dar saltos a delfines, que se han convertido en títeres de feria. Precisamente sobre el delfinario,Ricardo Sagarminaga de la Sociedad Española de Cetácesos, SEC , recuerda que una persona que trabajó allí presenció los malos modos y brusquedades de que eran objeto estos amistosos cetáceos por parte del jefe del delfinario, que sigue siendo el mismo en la actualidad. Sagarminaga asegura “trataba a los animales a cubazo limpio”. También añade que no entiende como en el resto de Europa se tiende a la política de no proliferación de delfinarios y sin embargo, en España se dan permisos alegremente, como ha ocurrido recientemente con la llegada de varias orcas al delfinario de Tenerife. Este experto en cetáceos explica que los delfines que ya viven en cautividad no pueden ser reintroducidos en sus hábitats naturales y que además deben seguir estando ocupados a través de juegos porque son animales que no pueden estar inactivos. Frente a esta situación, lo ideal es tender que no proliferen más los delfinarios, para evitar tener más animales en cautividad de por vida.

Otra cuestión que plantea muchas dudas a quiénes se preocupan por el bienestar de estos animales es si los controles para comprobar el cumplimiento de la legislación en materia de zoológicos se están llevando a cabo, incluidos los permisos, CITES , aunque según el veterinario del zoo de Madrid, Enrique Sáez, la mayoría de las nuevas adquisiciones de animales se hacen a través de intercambios con otros centros de este tipo.

Para terminar y no dejar cabos sueltos también habría que preguntarse quién controla al controlador.

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