UN BIEN INTANGIBLE: LOS NIÑOS

En esta editorial que constará de dos partes, quiero compartir primero, las palabras finales del curso de Directivos de Nivel Inicial y EGB 1 y 2, y en segundo lugar, acercar reflexiones sobre el problema mayor que en estos momentos nos afecta como educación católica.
“Quiero agradecerle al P. Aníbal a la Fraternidad y sobre todo a las Profesoras Inés y Patricia -coordinadoras de este curso-, lo que en estos días nos han brindado y la pasión con la que hablaron de la Iglesia, bastante extraña ya.
En los medios, la Iglesia no aparece o aparece poco, a no ser por algún escándalo y entre nosotros decimos con vergüenza y bajito: “…somos católicos…”.
Les agradezco. En este tiempo de pasiones tan diversas, que hablen así de la Iglesia, nos edifica.
Seguimos trabajando unidos, como lo señalaba recién el Padre, desde lo que cada uno tiene que hacer y de hecho hace, colaborando por el Reino. Desde diversas misiones, desde diversos escenarios, desde diversas fuentes, desde diversas realidades
Antes de entrar al salón, me preguntaron, así al pasar: “…¿a usted le parece bien lo que hacen los docentes en tal provincia, con sus cartas documentos, sus demandas, etc…?”.
Yo le dije que los docentes no son nuestros enemigos. Serán otros, pero no los docentes. Es nuestra franja y con la cual trabajamos. Es el brazo con el cual llegamos, a donde no podemos llegar nosotros. A donde no puede llegar nuestro cuerpo.
Acá en la Argentina aramos con los bueyes que tenemos y estamos acá. Acá las cosas tienen que durar. ¿Recuerdan la película “Made in Lanús”? ¿Se acuerdan del diálogo, o mejor del monólogo, que dice la mujer del que quería irse?.
“…Y a qué te querés ir allá?. ¡Qué vas a hacer allá?. Cuando se incendió tú taller, todo Lanús corrió, ‘porque se incendiaba el taller del Negro’. Porque acá vos sós el Negro. El Negro sós. ¿Y allá quién vas a ser!”.
Entonces, estamos acá. Con los docentes que tenemos. En éste nuestro país. Cargado de contradicciones, y sin embargo representa lo que queremos, lo que amamos y por el cual hemos dado esta, nuestra vida que apreciamos. Y mucho”.
Y de estas palabras finales que dicen de lo que somos y que hablan de nuestras cosas y contradicciones, se impone hacer referencia a la situación casi terminal en la que estamos los colegios confesionales y entre ellos los católicos.
La situación es grave. Y no lo sería tanto por el desastre económico que lleva al cierre de colegios, cuanto por que en verdad, se ha tocado un bien intangible. El bien intangible, que son los niños.
Indirectamente, sí. Pero se ha tocado a los niños, verdaderos involucrados en este drama y verdaderos perdedores de esta irracional contienda. Los futuros dirigentes de la Patria, han sido tocados en su derecho de aprender, en su dignidad de ciudadanos y dañados aun más en su inocencia.
Vuelvo a decir, no directamente. Pero sí a través de su marco institucional. (Y ellos son quienes en el futuro deberán cuidar nuestras instituciones…).
Es necesario en el día de hoy, acercarnos una vez más a este problema, quizá no para solucionarlo, -toda vez que la solución definitiva del mismo no está en nuestras manos- sino para tratar de profundizarlo y sacar de este mal terminal, al menos algún bien para todos, para el país.
Casi sin quererlo nos acordamos de Víctor Frankl y su referencia tan esclarecedora a los campos de concentración: “…primero sobrevivir, segundo, tratar de aprender algo y tercero, tratar de ayudar al que necesita más”.
Sé que puede resultar duro o exagerado el ejemplo aquí mencionado, pero la realidad terminal que nos afecta y la autoridad discrecional con que han procedido algunos de los integrantes del gobierno en el inicio de este problema, nos recuerdan tiempos oscuros, bajos, de hechos amargos, que creíamos no se repetirían.
Hoy, nuestro planteo, tiene que ver con una distinción que es conveniente conocer, pensar y madurar en orden a lo que queremos como país, como familia argentina. Es necesario redefinir aunque sea suscintamente, lo que entendemos por negociación y lo que entendemos por acuerdo.
Cuando hablamos de negociación, al menos en el caso como el que hoy nos ocupa, pareciera que la imagen y los hechos nos dicen que es necesario rapiñar lo más rápido posible y la mayor porción posible de un bien -que ya no es tal o al menos, ha dejado de serlo-. Y cuanto más rápido y más vivo es el rapiñador, más “elogiado” será. Hemos cambiado una vez más metales preciosos por piedritas de colores. Inteligencia por astucia. Hemos cambiado, tristemente, ¡justicia por rapiña…!. ¡Qué buenos negociantes somos…!.
Se ha convertido la educación pública de gestión privada en un plato que debe ser disputado a mordiscones y, por una rara ironía, olvida lo esencial que siguen siendo los niños, futuros ciudadanos. (Pareciera poco importan en esta pelea). Así se formarán: aprendiendo la rapiña, a sacar ventajas de injusticias, a vivir de los conflictos, a alimentarse como los escarabajos.
Éstas también son actitudes y realidades que forman y que educan. Pobre Patria, con este estilo, con este sello. Podemos prever un futuro de desencuentros, decisiones arbitrarias, reclamos patológicos, pero claro, son los pseudo mesías que vienen a salvarnos…
Por eso, no se trata de llegar a otras rutinarias, desgastantes y engañosas maniobras políticas.
A los acuerdos tenemos que arribar!. Tenemos que acordar y demostrar en esos acuerdos, que lo que nos interesa es lo más indefenso de nuestra familia argentina. Que el futuro sea para ellos un buen piso para su vida en plenitud. Que no se trata de un bien que debe ser rapiñado, sino de un bien intangible, por el cual cada parte resigna el propio interés.
Tenemos que demostrar que somos capaces de lograr acuerdos sin rapiñar. Sin que haya “ganadores”. Por que cuando hay un ganador, hay un vencido y en este caso el vencido, es el inocente… y quién, en este mundo, puede alegrarse por haber vencido al indefenso y al débil…
En el día en que celebramos la fiesta de la Transfiguración del Señor, el Evangelio nos dice: “este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. No perdamos de vista que nuestra salvación está en escucharlo y tener fe en El. Que como Pedro, Santiago y Juan, podamos permanecer despiertos, unidos y en oración.

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