TYCHO BRAHE Y LA ASTROLOGÍA HOLÍSTICA

Astrónomo, investigador y filósofo danés, fue una figura de transición y pionero del mundo científico moderno.

Tycho Brahe (1546- 1601). Tycho Brahe nació en Knudstrup, en Scania, entonces parte del reino de Dinamarca. Hijo de un noble feudatario y miembro del consejo del reino, Otto Brahe, y de la igualmente noble Beate Bille. Tycho no creció junto a sus padres sino junto a su tío, el hermano de su padre, el igualmente feudatario Jorgen Brahe.

Estudió en la Universidad de Copenhague durante 3 años, desde 1559 a 1562, donde tuvo la posibilidad de introducirse en el mundo de las ciencias humanas y conocer la obra de Aristóteles y la visión tolemaica del mundo.

Desde 1562 a 1570 se traslada al extranjero. Primero, en Leipzig, estudia Jurisprudencia conforme a los deseos de su tío, pero en realidad se abocó más y más a sus observaciones astronómicas. Más tarde se trasladó a Wittenberg, Rostock y Habsburgo para continuar sus estudios, y donde pudo profundizar en los conocimientos de la época sobre Astrología, Astronomía y Química, al mismo tiempo que investigó en la doctrina de Paracelso.

Después de su regreso a Copenhague creció su fama de investigador y astrólogo, en parte a causa de la edición de su libro sobre la Stella Nova. En 1576 el rey Federico II le concedió la isla de Hven, en el estrecho del Sund, como feudo libre de impuestos, así como los medios para la construcción de los edificios necesarios para sus investigaciones.

Tycho Brahe se trasladó a la isla en 1577, y en pocos años construyó los castillos de Uraniborg y Stjerneborg, conformando el centro de investigaciones para observación astronómica más avanzado de la época.

Después de la muerte del rey Federico II, en 1588, comenzaron los problemas de Tycho Brahe en diferentes frentes, y especialmente con respecto a las doctrinas luteranas ortodoxas, y se vio obligado a detener sus trabajos en la isla de Hven en 1596. En 1597 abandonó Dinamarca. Los últimos años de su vida los pasó en el destierro en Bohemia, en la corte del emperador Rodolfo II, donde murió y se encuentra enterrado en la catedral de Teyn en Praga.

Legó sus trabajos de investigación a su joven discípulo J. Kepler, a pesar de algunos desacuerdos, que fueron después la base de los grandes descubrimientos que este último realizara, entre otros la órbita elíptica de los planetas.

BRAHE. UNA FIGURA DE TRANSICIÓN

El Planetario de Copenhague, que lleva el nombre de Tycho Brahe, es la mejor expresión de la moderna gestión de la herencia recibida del astrólogo y astrónomo danés y de los descubrimientos de la NASA en el espacio. El director del mismo, en diversos artículos, ha combatido activamente «el flagelo moderno», pues para el Planetario y su director no existen dudas sobre la autoveneración y la confianza ilimitada en las ciencias racionales y sus resultados y al «progreso».

Una de tantas paradojas de nuestra modernidad, es que no toman en cuenta la visión matizada de Tycho Brahe como una figura de transición, entre una visión holística y la ciencia moderna. De hecho, en la mayoría de las biografías sobre este astrónomo generalmente se margina todo lo relacionado con los llamados «intereses y actividades ocultas» de Tycho Brahe.

No es que se niegue, la mayoría de ellas menciona que Tycho Brahe estuvo influido por el Hermetismo y por Paracelso, que trabajó con visiones metafísicas de globalidad y que se dedicó a la Filosofía natural, a la Alquimia y a la Astrología. Pero lo que interesa en general a sus biógrafos, principalmente Gassendi, desde el siglo XVII, es lo que señala hacia «el futuro», lo que incluye el germen de la moderna y racional ciencia empírica, los valores pioneros de la «Modernidad».

En cambio, Norlind se da cuenta de que Tycho Brahe trabaja con una «extraña» analogía entre lo terreno y lo celestial. Se reconoce su pensamiento analógico, pero se da prioridad a sus trabajos sobre Astronomía, a la que se dedica «a pesar» de sus prácticas y pensamientos ocultistas.

Todos lo alaban como pionero; pocos, casi nadie, le rinden homenaje como una figura de transición entre una visión global y una ciencia empírica.

Frances Yates, en una descripción de los siglos XV y XVI, afirma: La historia de la ciencia puede explicar y seguir paso a paso los diversos estadios que llevaron hasta el nacimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII, pero no explica el porqué de tal eclosión en este momento determinado ni cuáles fueron los motivos que condicionaron el surgimiento de este nuevo interés por la naturaleza y por su funcionamiento. Más adelante afirmará: Lo que realmente origina un movimiento intelectual es la aparición de un movimiento de voluntades. Consecuencia de esta situación es el surgimiento de nuevas actitudes ante el mundo y la realización de nuevos descubrimientos.(1)

Frances Yates también se pregunta ¿Cómo y de dónde ha surgido esta nueva dirección? Una de las respuestas es Hermes Trimegisto. Bajo este nombre incluyo el núcleo hermético del neoplatonismo ficiniano; la determinante vinculación efectuada por Pico de la Mirándola entre el hermetismo y la cábala; el nuevo interés por el Sol visto como fuente de poderes místico-mágicos; la universal animación mágica de la naturaleza que intenta descubrir y utilizar de un modo operativo todo mago; la concentración de la atención en el número entendido como una vía para penetrar en los secretos de la naturaleza; el concepto filosófico, presente ya sea en un manual mágico como el «Picatrix», ya sea en los escritos filosóficos herméticos, según el cual el Todo es Uno, …(2).

Al describir el período que nos interesa para ubicar a Tycho Brahe en un contexto histórico, nos dirá Frances Yates también que: El reinado de Hermes Trimegisto puede ser cronológicamente delimitado con toda precisión. Tiene sus inicios a finales del siglo XV con la traducción llevada a cabo por Ficino del recientemente descubierto «Corpus Hermeticum» y termina en los albores del siglo XVII gracias a la crítica de Causabon.(3)

LA OBSERVACIÓN COMO MÉTODO

Tycho Brahe se mueve en un contexto más abierto que nunca antes y después. Para él, el monopolio del clero sobre Dios se ha roto. Dios está presente y accesible a través de la palabra, pero sobre todo a través de su obra:

Casi tan importante como una verdadera y completa intuición de Dios, que se nos revela en la Palabra, el objetivo por el que el ser humano ha sido colocado en la Tierra, centro del altar, es la contemplación interior del maravilloso edificio del universo, el palacio celestial y brillante, que conforman los planetas invariables. Así como conocer a Dios, como constructor de su más sabia y plural obra, y alabarle por su bien ganada admiración. Porque no brilla su sabiduría y majestad en ningún otro lugar mejor que en el eterno escenario del cielo y las estrellas.

Así, los seres humanos no solamente pueden ahora «conocer a Dios», sino que deben hacerlo a través de este canal. De no ser así deambulan ciegos en medio de esta obra de arte de Dios sin comprender la construcción y la decoración de esta casa que les rodea; entonces vive el hombre como un animal, doblado sobre la tierra.

El ser humano está en la tierra, en el cuerpo. Pero tiene capacidad para conocer, venerar y rendir homenaje a Dios a través de la investigación de su obra. Si el hombre asume esta tarea participa del cielo. Tycho Brahe conoce su tarea y su significado: la investigación de la Naturaleza es una obligación elevada y que eleva. Pero no se sobrevalora. Investigar la obra de Dios no significa agotarla. Tycho Brahe es consciente de la grandeza y de los límites de la Ciencia. Él siempre deja claro lo que sabe y lo que no sabe, lo que la Ciencia puede conocer y lo que no puede llegar a conocer. Cuando expone los resultados de su trabajo con respecto a la Stella Nova afirma: Por eso, aunque sobre esta nueva y por primera vez presentada Estrella, me decido a publicar mis resultados, reconozco abiertamente que nada sé sobre su nacimiento y las razones del mismo. Yo simplemente investigo lo que está dentro de un contexto matemático (…) su posición en el horóscopo, su distancia con la tierra, (…) y su tamaño, luz y color, a lo que agregaré hipótesis, recogidas de la Astrología, sobre los efectos de esta Estrella.

Tycho Brahe no puede explicar la Estrella, su nacimiento y sus causas. La Ciencia puede investigar la obra de Dios, pero la naturaleza interior de la misma, su ser, permanece intocable.

Pocos años más tarde de la observación de la nueva estrella, observa un cometa por primera vez. En el año de Nuestro Señor de 1577, el 11 de noviembre por la tarde, poco después del atardecer, y continúa diariamente sus observaciones durante los casi 2 meses que el cometa es visible en el cielo. Al igual que hizo con la estrella, determina su posición en el cielo y cada día escribe con respecto a las estrellas conocidas. Estas observaciones rompen con la visión de una serie de cielos fijos o esferas de cristal, unas sobre otras, como cáscaras alrededor del huevo del mundo.

Estas observaciones tendrán consecuencias más amplias de las que a primera vista pudiese considerarse. Significa que los teólogos y Aristóteles no tenían razón en su concepción de Dios, la Creación y la Naturaleza. La estrella y el cometa demuestran que Dios trabaja libremente, que la creación aún está en marcha y que la Naturaleza está en un cambio constante. Crea una nueva vida en el Cielo y en la Naturaleza, y así el mundo adquiere una nueva visión: es variable.

Como Paracelso(4) y Flud(5), Brahe asevera que el método aristotélico es erróneo en su fundamento: no se basa en la experiencia. Y también, como Paracelso y Flud, remarca la importancia de la investigación de la Naturaleza. Se identifica con la disputa de éstos contra el dogma aristotélico y la escolástica: la observación, la experiencia y la investigación de la Naturaleza han de reemplazar los argumentos lógicos y sofisticados.

MICROCOSMOS Y MACROCOSMOS

La idea de que el conocimiento ha de basarse en la experiencia no sólo lo aplica Brahe a la Astronomía sino también a la Astrología. Su hipótesis fundamental es que las estrellas tienen fuerza e influencia en lo terrenal. El Sol calienta la tierra, la ausencia del Sol la enfría, la Luna influye en las condiciones de los mares, el calentamiento y el enfriamiento influyen en las lluvias, las nubes, el viento y el clima. Si seguimos el punto de vista de Tycho Brahe, las televisiones brindan con cada informativo un mínimo de 5 minutos de informaciones astrológicas cuando dan sus partes meteorológicos, ya que éstos pertenecen a la parte previsible de la Astronomía, la influencia de los cuerpos celestes en los elementos terrestres y los cambios en el aire.

Otra parte de la Astrología es la influencia de estos cuerpos celestes en el ser humano, que tiene bases materiales y físicas: Ya que el hombre se compone de elementos y está conformado por tierra, tiene necesariamente que estar bajo las mismas condiciones que rigen la materia de la que el hombre está compuesto.

A lo que hay que agregar otra relación, que para Tycho Brahe es difícil de comprender, porque la experiencia sobre la que se basa no son los sentidos exteriores sino los del ser interior: El hombre vive y se alimenta del cielo de una manera más oculta que el aire, el agua y cualquier otro elemento de este bajo mundo. Tiene una increíble conformidad con estrellas afines… nuestra alma es una parte del mismo cielo.

La Astrología, entonces, no sólo se basa en la Astronomía y en las determinaciones de los planetas y sus movimientos, sino que también se divorcia de la misma: De aquí nace una nueva ciencia, que es más oculta y separada de los sentidos exteriores. Ha sido llamada Astrología.

A diferencia de la Astronomía, la Astrología requiere más que una creencia religiosa y una ciencia empírica como fundamentos. Requiere una verdadera visión global. Tycho Brahe no solamente habla de causas y efectos, influencia de lo superior sobre lo inferior, y de los cuerpos celestes sobre los terrestres por canales puramente físicos. Habla también de las relaciones en un Universo vivo y con alma, donde los cuerpos celestes son seres vivos y el alma del hombre una parte del cielo, y donde la experiencia también se realiza por el camino del espíritu. Comparte así la visión de totalidad de Paracelso de un universo de analogías y equivalencias entre el macrocosmos y el microcosmos humano: Existe además una cierta analogía entre las partes del cuerpo humano y las funciones especiales de los 7 planetas. Ocurre más o menos lo mismo en nuestro cuerpo y en la naturaleza de los planetas celestes. Así el corazón, que en el cuerpo humano es la fuerza vital, se compara con el sol celeste, de donde proviene el calor que es dador de vida para el mundo.

La semejanza es tan marcada que se piensa que el ser humano está conformado según la idea más alta del mundo. Por esta razón los hombres son llamados por los filósofos microcosmos.

Como en Paracelso, no abarca esta comunicación sólo al hombre, sino a toda la materia, de ahí su gran interés también por la Alquimia. Pero a pesar de esta relación con lo divino y la razón humana, esta influencia planetaria sobre el hombre no tiene una calidad de obligación, necesidad o determinismo.

La influencia del cielo varía en relación con la naturaleza individual de aquello a lo que influye. Frecuentemente se transfieren influencias contrarias, dependiendo de las diferencias de educación, formación y condiciones de vida. El libre albedrío del hombre de ningún modo está sujeto a las estrellas… los astrólogos no afirman que todos necesariamente reciben las influencias estelares del mismo modo. Algunos reciben más, otros menos, todo dependiendo de cómo se han hecho a sí mismos receptivos o no receptivos…

En el Currículo que Tycho Brahe escribió tres años antes de su muerte, incluye abiertamente sus conocimientos de Astrología y especifica que las necesidades de la misma son las que exigen y hacen necesarios los estudios astronómicos. Por esta razón el cielo, los planetas y las estrellas son más que utensilios para determinar el tiempo, los días y los años. Los cuerpos celestes son signos y son en sí mismos causas de aquello que indican. Y por eso son tan importantes para Tycho Brahe las observaciones empíricas, y por esta razón tanto los planetas como los movimientos y las variaciones que provocan tienen que ser observadas y registradas cuidadosa y diariamente en la isla de Hven.

VISIÓN GLOBAL DEL CONOCIMIENTO

La visión de la realidad de Brahe contiene tres niveles: un nivel religioso, un nivel empírico basado en los sentidos, y entre estos dos niveles una visión de globalidad donde se reúnen las dimensiones de la realidad y los fenómenos puntuales.

Desde su peculiar punto de vista religioso, los astros son creaciones de Dios, y sus causas y naturaleza intrínseca son inaccesibles para el hombre. Dios y su creación son un prodigio y una totalidad plena de sentido. Desde un punto de vista científico, la estrella y el cometa son un fenómeno físico cuyo tamaño, forma, ubicación y movimiento pueden ser medidos y observados, y consecuentemente podemos obtener conclusiones lógicas. Lo que también implica un fraccionamiento como producto de las observaciones de cada uno de los fenómenos observados para poder avanzar lo máximo posible en la investigación.

Pero esto no significa que el universo de Tycho Brahe se presente como una fragmentación incoherente de fenómenos aislados o un inaccesible prodigio de totalidad. Los niveles del Universo están relacionados. Desde una óptica de globalidad, la estrella y el cometa son tanto un cuerpo físico como un signo de Dios, tanto fenómenos materiales como espirituales que forman parte de la red de correspondencias del Universo entre el macrocosmos y el microcosmos.

De esta forma, su visión de la globalidad no se desarrolla en sí misma, sino que señala la correspondencia en el Universo, la influencia macrocósmica en el microcosmos y las relaciones entre los aparentemente aislados fenómenos. No nivela creencia y ciencia, sino que establece un fértil y extensivo compromiso entre globalidad y ciencia empírica. Un compromiso que le permite mantener a Dios como un fenómeno espiritual e inagotable, interesante por la gran Ley de Correspondencia en la Naturaleza y dedicarse asimismo a observaciones empíricas puras. Evita por una parte el reduccionismo y fundamentalmente el positivismo racionalista, donde el nivel científico de la realidad suplanta el religioso y al mismo tiempo recuerda que existe una gran diferencia entre la Naturaleza y lo que la Ciencia explica sobre la misma.

Como Frances Yates afirma en su obra ya mencionada: La historia de este período nos descubrirá las raíces de la transformación sufrida por el hombre cuando su mente dejó de estar estrechamente ligada con la vida divina del universo. las zonas limítrofes entre magia y religión, magia y ciencia, y magia y arte, poesía o música deberán ser recorridas en la compañía de Hermes Trimegisto(6). Estos fueron los vagos dominios en los que habitó el hombre del Renacimiento. Por su parte el hombre del siglo XVII acabó por perder algunas claves importantes para la comprensión de la personalidad de aquel «magnum miraculum».(7)

Hoy, en que al menos en el mundo de la Física volvemos a hablar de holismo, con las teorías de David Bohm, nos encontramos frente a un nuevo desafío de la investigación de la Naturaleza como se encontraron los reformadores del Renacimiento: la relación entre la visión de globalidad y la ciencia empírica. El triunfo de la ciencia no ha dejado espacio a lo «oculto», por eso las visiones de totalidad y su práctica son ridiculizadas y evitadas en la historia oficial, o consideradas como entretenidas, curiosidades irrelevantes. Por eso la Ciencia debe volver a comenzar desde el principio, con una ruptura radical de su visión del mundo.

El desafío es, nuevamente, la coexistencia entre tradición y renovación, entre lo «oculto» y lo «científico». Debemos recuperar claves importantes que, según Frances Yates, hemos perdido. Lo interesante, más que la ubicación histórica de ideas y filosofías, y una respectiva colaboración de los reformadores a la historia de la Astronomía, Biología, Química y Ciencia Médica, es el modo y la forma, la capacidad de los hombres para manejar la relación entre globalidad y ciencia.

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