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LAS RADIACIONES TERRESTRES Y EL CÁNCER
Los casos de cáncer guardan estrecha relación con la incidencia de las radiaciones de la tierra en las personas. A esta conclusión han llegado los radiestesistas que se han ocupado de este tema. Mi experiencia me indica que en todos los casos de cáncer que he podido verificar en las viviendas examinadas, las personas enfermas están o han estado durmiendo sobre fuertes radiaciones de la tierra. Es más, el cáncer se ha manifestado en el sitio anatómico donde las radiaciones han incidido con más fuerza.

En 1929 se llevó a cabo una experiencia masiva en una pequeña localidad alemana llamada Vilsbiburg que en esa época tenía unas 3.500 habitantes. La llevó a cabo un prestigioso radiestesista, el Barón Gustav von Pohl, recorriendo la localidad durante una semana, marcando en un plano urbano las líneas Hartmann y las venas de aguas subterráneas. Se superpuso a este plano, otro confeccionado por el médico local donde estaban marcados 54 casos de cáncer que se habían producido en los últimos 12 años, resultando que todos, sin excepción, se habían producido en lugares fuertemente radiados. El Barón von Pohl realizó en Grafenau, al sur de Alemania, una experiencia similar con idénticos resultados.
Como esto causara conmoción en los círculos médicos, entre 1930 y 1931 se hizo una experiencia mucho más importante en la ciudad de Stettin, situada al norte de Alemania. La llevó a cabo el Dr. Hager, médico de esa ciudad, quien hizo confeccionar una lista de los casos de cáncer habidos en los últimos 20 años, que totalizaron 5.348. Con la colaboración de un prestigioso radiestesista, el Sr. William, recorrieron los domicilios llegando a la conclusión que en todos los casos las personas afectadas habían estado durmiendo sobre lugares fuertemente radiados. Es más, verificaron lugares donde hubieron 2, 3, 4, 5 y más casos de cáncer en un mismo dormitorio, en forma sucesiva. Conclusión: se hereda “la cama” y no la enfermedad.
Käthe Bachler, conocida radiestesista que ha trabajado sobre todo con niños en edad escolar, dice: “…se han observado en todos los exámenes críticos de viviendas de enfermos y muertos de cáncer, la influencia de un cruce de zonas con alteración geopática. Yo misma he podido hacer esa corroboración en más de 500 casos de cáncer y de otras proliferaciones celulares, sin una sola excepción” (Experiencias de una radiestesista, pág. 200).
El Ing. Guido Bassler nos dice: “Mis propias investigaciones al igual que las de muchos radiestesistas, han evidenciado que en el 100 % de los casos de cáncer a los que se ha tenido acceso, la persona respectiva infaliblemente dormía con la parte del cuerpo afectado sobre focos de muy fuerte radiación de la tierra”. (Los secretos de la radiestesia, pág. 92).
El Dr. Gert R. Hamer, médico alemán que se halla preso en Francia por sus investigaciones, ha llevado a cabo importantes experiencias, llegando a la conclusión de que el cáncer es una enfermedad del alma, causada por una experiencia traumática muy aguda que ha hecho colapsar el sistema electro-químico neuronal. El Dr. Hamer contrajo cáncer a consecuencias de un hecho gravísimo como fue la muerte de su hijo Dirk que tenía 21 años, a consecuencia de un disparo que le hizo una persona de la aristocracia que consiguió eludir la justicia por tener relaciones en muchas partes. Analizó los hechos, consiguió curarse del cáncer y llego a conclusiones muy decisivas que aplicó con éxito a muchas personas con esta enfermedad. El Dr. Hamer ha publicado un compendio de sus conocimientos y prácticas que constituye una obra monumental, que con el tiempo cambiará la ortodoxia médica vigente.
Las muchas experiencias habidas nos dicen que en todos los casos de cáncer, las personas han estado durmiendo sobre fuertes radiaciones de la tierra, pero no en todos los casos de personas radiadas se ha manifestado esta enfermedad. Coincido con el Dr. Hamer que el cáncer se origina cuando una persona ha sufrido un fuerte shock emocional que ha provocado un cortocircuito en las células. Esto ha quedado latente en la persona y se despierta y manifiesta en el cuerpo cuando duerme sobre radiaciones. Como hay personas que han sufrido graves problemas emocionales pero que no contrajeron cáncer por no hacer dormido sobre radiaciones, se puede concluir que para que ello ocurra es imprescindible que concurran estos dos factores. Por lo expuesto, resulta imprescindible que en cualquier caso de cáncer se haga un estudio geobiológico del lugar donde la persona afectada duerme. Considero que para que la persona curada de cáncer no tenga recidivas, es necesario ineludiblemente que sane de su herida emocional y duerma en un lugar libre de radiaciones.
¿Es necesario más sufrimientos y muertes para que la ciencia médica tome nota de estas realidades? El Dr. Fernando Callejón, médico oncólogo de Rosario, dice en su libro “La lupa de la medicina moderna” que el cáncer mueve en Estados Unidos 150 mil millones de dólares. ¿Es necesario agregar más?

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