Tu Bishvat, el Año Nuevo de los Árboles, desde una perspectiva feminista judía

Rosh Jodesh, desde una perspectiva femenina

Tu Bishvat: mujer y naturaleza desde una perspectiva feminista judía
Mes de Shvat
Tu Bishvat: mujer y naturaleza desde una perspectiva feminista judía por Rab. Daniela Szuster Congregación B´nei Israel, San José, Costa Rica
Dice en la Mishná: «La escuela de Hilel dice que el 15 de Shvat es el comienzo del año de los árboles»[1]. Esta es la fuente de nuestra tradición que nos indica la celebración del año nuevo de los árboles para el 15 de Shvat. En este día se acostumbra a plantar árboles en Israel y también en la diáspora, organizar un Seder (cena especial) con diferentes tipos de frutas, hacer picnics, paseos, etc. En fin, es un día para reconectarnos con la naturaleza y reflexionar sobre ella.
En la cultura occidental, por mucho tiempo, se ha asociado a la mujer con la naturaleza. En diferentes culturas es conocida la expresión «madre tierra», por ejemplo, «pachamama» para los indígenas de los Andes. En muchos idiomas se la presenta a la tierra con connotaciones femeninas. De hecho, en hebreo «Adamá», «tierra», es un sustantivo femenino. Se la suele comparar a la tierra o naturaleza con una madre que nos concibe, nos nutre, nos provee alimentos y nos cuida. La misma Torá nos cuenta en Bereshit que el hombre, Adam, fue creado de la Adamá, de la tierra[2].
¿Son realmente positivas y beneficiosas estas metáforas y asociaciones con la naturaleza? Pueden ser muy poéticas y expresar imágenes muy bellas pero detrás de ello se esconde ciertas asperezas, segregaciones y prejuicios.
En primer lugar, una gran parte de la filosofía occidental se ha construido sobre la base de conceptos teóricos dualistas y esencialistas, lo que implica dividir al mundo y a la humanidad entera en dos grandes grupos, con esencias inamovibles, antagónicas y excluyentes, pertenecientes a cada conjunto. Así es como filósofos como, Platón, Aristóteles, Rousseau, Descartes y más, formularon divisiones conceptuales categóricas como ser: cultura/naturaleza, razón/emoción, ser humano /animal, hombre/mujer, blanco /negro, heterosexual/homosexual. Somos productos de un pensamiento dicotómico en donde la variedad, los matices, son borrados y se da una imposibilidad de ver en términos igualitarios ambas partes que comparten el signo de slash. Entonces, estas duplas funcionan jerárquicamente, estando el primer término en un lugar de superioridad, dominación, mientras que del otro lado, se encuentra el subordinado y oprimido. Afortunadamente vivimos en una época donde existen otras propuestas, otros pensamientos que desafían estas ideas tan cuadradas, tajantes, extremistas y cerradas.
Entonces, dentro de este pensamiento, la mujer es la subordinada, quien está del lado de la naturaleza y de las emociones, mientras que el hombre está del lado de la cultura y de la razón. La conexión aquí entre mujer y naturaleza reside en su lugar de sumisión y esto ha llevado a consecuencias nefastas.
En segundo lugar, como sostienen diferentes pensadoras pertenecientes a las corriente filosófica ecofeminista, existe un vínculo estrecho entre la mujer y la naturaleza mediante la manera que la sociedad las ha tratado a ambas: «…los vínculos históricos y causales entre la dominación de la mujer y de la naturaleza se basan en estructuras conceptuales de dominio…»[3]. A la naturaleza se la explota, degrada y viola, así como por siglos ha ocurrido lo mismo con las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres. Ecofeministas argumentan que el mismo tipo de lógica usada para justificar la dominación de seres humanos por motivos de género, raza, etnia o clase, se usa también para justificar la dominación de la naturaleza[4]. Esto sugiere que existe otra asociación negativa entre la mujer y la naturaleza, desde su lugar de vulnerabilidad, inseguridad y marginalidad, y del poder y opresión que se ejercen sobre estas.
Sobre estos enlaces, la tradición judía presenta diferentes fuentes que nos exhortan, por un lado, a cuidar y preservar la naturaleza que nos rodea: «Tomó Adonai Elohim al hombre y lo estableció en el huerto de Edén para cultivarla y preservarla»[5]; y por otro, a respetar y a amar a todos los seres humanos, siendo todos creados a imagen de D»S: «ama a tu prójimo como a ti mismo»[6], «Creó Elohim al ser humano a su imagen, a la imagen de Elohim le creó: hombre y mujer él los creó»[7].
Entre otras fuentes, hay un Midrash muy cauteloso en relación al daño irreversible que los seres humanos podemos llegar a provocar en el planeta: «Cuando D’s creó al hombre, lo llevó hasta los árboles del Jardín del Edén y le dijo: Ve cuán bellas y admirables son mis obras; todo lo que he creado lo he hecho para ti. Cuida de no estropear y destruir mi mundo, pues si lo haces no habrá quién lo enmiende»[8].
Desde nuestra tradición, podemos encontrar una conexión más entre la mujer y la naturaleza. En Bereshit, D»s prohibió a Adam a comer del árbol del conocimiento del bien y del mal[9]. Java, la primera mujer desafió esta prohibición, y por medio de su contacto con la naturaleza, introdujo el conocimiento en la humanidad. Al comer aquél fruto, se diferenció del resto de las especies, adquiriendo conciencia de sí misma y responsabilidad frente a sus acciones. Desde aquél momento, gracias a la valentía y el coraje de una mujer, madre de la humanidad, es que se produjo un cambio profundo y trascendente en los seres humanos. Lo paradójico es que Java implantó el conocimiento en el mundo y, luego, los descendientes de Adam, por cientos de años, les quitaron la posibilidad a las descendientes de Java de acceder a este.
La Torá nos recuerda en el libro de Devarim: «Ki Haadam etz hasadé»[10], las personas somos como árboles del bosque. Rashi explica: «Toda persona es un árbol»[11] ¿Qué intenta enseñarnos este pasaje? Que deberíamos recordar siempre que las personas somos como árboles y los árboles como personas: nuestras vidas se entrelazan. Así como debemos preservar a la naturaleza así debemos de respetarnos entre todos los seres humanos, más allá del género, etnia, identidad sexual, color que presentemos. Tiene que existir un vínculo estrecho entre los árboles y seres humanos, y entre los seres humanos entre sí, para realmente poder vivir en armonía con el medio ambiente.
Que esta metáfora, más abarcativa que las dicotómicas y discriminatorias, nos conduzca a cuidarnos, protegernos y no destruirnos, explotarnos ni maltratarnos, como ha ocurrido por años en relación a la mujer y a la naturaleza.
Celebremos y dignifiquemos en este mes de Shvat y en la fiesta de Tu Bishvat la vida, el cuidado, el respeto e igualdad entre todos los seres vivientes de este planeta, sin dicotomías esencialistas ni jerarquías inamovibles, logrando que la variedad y los matices se valoren y no sólo los extremos opuestos. Que podamos disfrutar y enriquecernos de los frutos de los árboles, de la naturaleza y de todos los seres humanos.
¡Jodesh Tov!

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