Trastornos somáticos que afectan la psique

En ocasiones, la causa de un problema psíquico radica en el cuerpo, no en la mente. Una alteración somática no reconocida lleva a diagnósticos fallidos.

«Un día me levanto sobrexcitada y creativa; al poco tiempo camino de un lado a otro atolondrada o me pongo a llorar sin motivo, me siento inútil.» Cuando Tina entró por vez primera en mi consulta, arrastraba con ella un rosario de padecimientos. Desde que tenía tres años, los terapeutas y los psicofármacos han sido sus compañeros de viaje.
Los cambios de humor de Tina aparecen de forma brusca. En parte dependen de su ciclo menstrual. En cuestión de días experimenta diversos trastornos somáticos: palpitaciones, náuseas y dolores articulares. Entre la multitud de diagnósticos equivocados que le han adjudicado, destacan el síndrome de intestino irritable, la depresión, el trastorno límite de la personalidad y la esquizofrenia. Si de niña no le dejaban comer chucherías, a los 19 años no cesaba de llevarse antidepresivos a la boca, más tarde fueron antipsicóticos. Pero todos los intentos terapéuticos caían en saco roto. Cumplidos los 30, un médico detectó por fin la causa de su sinvivir: la porfiria. Esta patología metabólica hereditaria se caracteriza por la acumulación de los precursores del colorante rojo de la sangre, la hemoglobina, en los órganos, lo que provoca síntomas somáticos y psíquicos diversos que, a primera vista, no se corresponden con ninguna enfermedad. La progesterona (hormona sexual femenina) fomenta los brotes en la porfiria. Como el hígado de la persona afectada no trabaja de forma adecuada, casi todos los medicamentos empeoran su estado.

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