TRASTORNOS AUDITIVOS

Una necesidad
Estimulación temprana en la discapacidad auditiva
Como en tantas otras áreas, la detección precoz de la discapacidad auditiva conlleva la posibilidad de una recuperación mayor que en los casos en que ésta resulte tardía. La estimulación temprana, junto con el uso de prótesis y otro equipamiento, facilita en el niño la adquisición del lenguaje, la que se encuentra mediada por la percepción de los sonidos. Mediante distintas técnicas, que se adecuan a cada paciente, los estimuladores, junto con los padres, abren las posibilidades para que estos pequeños puedan disfrutar de una mejor calidad de vida.

En muchos hospitales del mundo la existencia de programas de screening auditivo permiten identificar tempranamente la pérdida de audición. Comienza un recorrido difícil para los padres, quienes deben tomar muchas e importantes decisiones en medio de un momento de confusión y angustia. En busca de soluciones mágicas y de recetas que reparen este daño, consultan a diferentes profesionales. El diagnóstico temprano permite aprovechar los períodos críticos de la adquisición del lenguaje. El tiempo transcurrido, desde el diagnóstico a la elección de una intervención terapéutica, depende de la capacidad resiliente de esta familia en particular, para finalmente empezar a transitar un camino que potencie al máximo las posibilidades de su hijo. Si el diagnóstico y la intervención es temprana, los niños siguen patrones típicos del desarrollo similar al de niños oyentes. Ante el diagnóstico tardío se instala una brecha con respecto al niño oyente. La estimulación temprana abarca el período comprendido desde el nacimiento hasta los 3 años y cumple un papel fundamental en este momento crucial del desarrollo del niño. A través de acciones terapéuticas-educativas tiende a favorecer la armonía entre las diferentes áreas del desarrollo, sin descuidar aspectos cognoscitivos, psicomotrices, socialización, aspectos emocionales, comunicación y lenguaje con el apoyo y la participación de la familia y del entorno del niño. El abordaje se basa en el juego como facilitador del desarrollo cognitivo y afectivo del niño. Desde el punto de vista afectivo, es el lenguaje adecuado para su expresión. Desde el punto de vista cognitivo, el niño, jugando, intenta salir airoso de las situaciones que se le presentan como desafíos, evolucionando hacia estructuras de conocimiento más complejas. Luego de recabar información sobre el bebé, su familia y su entorno mediante la entrevista inicial y la observación, se elabora un plan de tratamiento con objetivos terapéuticos-educativos para este niño, teniendo en cuenta su singularidad. Este plan sufrirá modificaciones a partir de la información diagnóstica que se obtiene sesión tras sesión. Se tienen en cuenta los siguientes objetivos generales: establecer un vínculo afectivo con el niño, como base de logros y adquisiciones en un marco de seguridad y confianza; crear un buen clima de trabajo a través de la empatía positiva con la mamá del niño; favorecer la relación de la mamá con su hijo, creando la conciencia en ella de sus posibilidades naturales de estimuladora como madre; permitir mediante el juego la separación gradual del niño y la mamá, trabajando con ambos sobre la angustia que esto provoca; estimular al pequeño a apropiarse de los objetos y del espacio que lo contiene y rodea; estimular conductas exploratorias de manipulación, de observación, actos sensoriomotrices necesarios para el desarrollo de la inteligencia y la construcción de lo real; estimular la comunicación, corporal y verbal, despertar actitudes comunicativas; estimular el lenguaje oral en forma prioritaria; lograr la total aceptación del equipamiento auditivo trabajando con los padres, creando la conciencia y el reconocimiento de la importancia que tiene para su hijo el uso constante del equipamiento y el mantenerlo en condiciones óptimas de higiene y cuidado; estimular su audición en todas las situaciones y promover el monitoreo permanente de sus propias producciones verbales; favorecer todo acto de autonomía e independencia; favorecer actos de higiene y control de esfínteres a través de juegos y materiales propicios y alentar el desarrollo de la psicomotricidad, propósitos que se ajustarán a la etapa evolutiva del paciente. Como objetivos específicos de la estimulación auditiva se trabaja el alerta auditivo; la localización de la fuente sonora; la percepción de diferentes sonidos en intensidad y frecuencia; la diferenciación entre sonidos continuos y discontinuos; la percepción de la voz en una habitación silenciosa o ruidosa, a corta distancia y a una más alejada, la voz de la madre, la del terapeuta, voz en susurro, a nivel de conversación, en voz alta o amplificada, canciones; la discriminación de los primeros sonidos para escuchar, entre ellos los onomatopéyicos; la identificación de vocales y consonantes; la identificación de las primeras palabras y expresiones lingüísticas, esperando siempre como respuesta a la escucha una producción verbal de acuerdo a sus posibilidades. Las sesiones son individuales con una frecuencia de dos o tres veces semanales, según la necesidad de cada paciente, con la presencia y participación de los padres, a quienes a la vez se los provee de estrategias para ayudar a sus niños en casa. Los padres son para su hijo el principal modelo para la adquisición del lenguaje. Se contemplan invitaciones especiales a los hermanos u otro miembro significativo para el niño para compartir una sesión de juego, por decisión del terapeuta o a pedido de los padres, o de estas otras figuras significativas. Luego de los 24 meses de edad se hace un taller de juego con otros niños en tratamiento para estimular la socialización, autonomía y proyección a una futura integración a un grupo de padres. En un niño con discapacidad auditiva, un objetivo prioritario es equiparlo con un dispositivo de ayuda auditiva que sea el indicado para que éste aproveche al máximo la información acústica de la lengua oral (audífono, sistema de FM, implante coclear, vibrador táctil). Partimos de la idea de que la mayoría de los niños con pérdida auditiva posee un potencial de audición para recibir los estímulos, que, equipados adecuada y tempranamente, detectarán la mayoría o la totalidad de los sonidos del habla y que podrán desarrollar el lenguaje naturalmente, si no existe un déficit asociado. La exposición a los estímulos sonoros del habla permite el desarrollo de sus destrezas auditivas. El uso de situaciones de la vida diaria naturales y aquellas que se presenten como casuales o bien planificadas por el terapeuta resulta sumamente útil, resaltando el juego como fundamental estrategia de trabajo. El acento está puesto en que el niño disfrute del mundo sonoro jugando. Es fundamental que el terapeuta conozca con certeza la capacidad auditiva del niño para reconocer el acceso que tiene a los elementos sonoros de la lengua. Para esto debe mantener una comunicación fluida con el audiólogo que atiende al niño, intercambiando información que guíe su práctica diaria. Resulta imprescindible resaltar la importancia del trabajo interdisciplinario en Estimulación Temprana con todos los profesionales que atienden al niño y su familia. Si bien la existencia de un terapeuta único permite el vínculo empático con el niño pequeño y su madre, siempre existe un equipo que lo sostiene y posibilita una intervención sana. Conforme a la edad madurativa del paciente, las expectativas varían y la estimulación está dirigida al logro de determinada pauta esperable para ese niño. Un niño de 0 a 8 meses está en la etapa diagnóstica de su pérdida auditiva, se busca el equipamiento adecuado luego de estudios auditivos específicos. Prevalecen las acciones sobre el niño, tanto del terapeuta como de los padres. El terapeuta ayuda a los padres a conocer mejor a su hijo, a comunicarse con él y a reconocer sus necesidades respondiendo a sus demandas. Se aprovechan las rutinas diarias: alimentación, juego, higiene, para desarrollar capacidades auditivas necesarias para la adquisición del lenguaje. La contención emocional a los padres es tarea fundamental en este momento de aceptación y trabajar en algo tan importante como es el recuperar la confianza en sí mismos como padres. La sonrisa social, el sostén cefálico, el sentarse, el manejo de la angustia que le provoca la separación de la mamá, la aparición del balbuceo y los primeros diálogos rudimentarios con el adulto y la práctica de los turnos en el uso del habla son pautas que indican el normal desarrollo del niño en este período. A partir de los 8 meses y hasta el año de vida, el niño reconoce visualmente a otras personas que le resultan familiares, responde a órdenes simples y a preguntas, toma y suelta objetos intencionalmente, aplaude y saluda con la manito, reproduce entonaciones, imita sonidos onomatopéyicos, incorpora nuevos fonemas a su balbuceo, dice “no” con la cabeza y aparecen las primeras palabras. Se hace presente el gateo y los primeros pasos con sostén. Hay búsqueda de objetos desaparecidos y mayor experimentación y exploración activa de los mismos. A los 12 meses surge la palabra-frase y la palabra yuxtapuesta, dice chau. Responde al “sí”, comprende nuevas palabras. Se enriquece su sistema fonológico. Aparece la marcha. A partir de aquí el lenguaje expresivo y receptivo evoluciona según las posibilidades auditivas del niño y los momentos de exposición a los estímulos del habla. Desde las otras áreas también se dan nuevas adquisiciones y se mejoran y complejizan las anteriores en este proceso evolutivo. A partir de los 36 meses, un niño que empieza a posicionarse desde un lugar más activo y disfruta de sus logros y adquisiciones y tiene cierta conciencia de sus dificultades está capacitado para integrarse a una sala de Jardín de escuela especial o escuela común, según cada caso, atendiendo a sus características individuales, potencialidades y limitaciones. Un niño con pérdida auditiva con una patología concomitante requiere de un abordaje que contemple las limitaciones que puedan aparecer, recibirá la estimulación necesaria a su patrón de desarrollo. En algunos de estos casos puede prolongarse el tratamiento de Estimulación Temprana. Un niño que no puede solo con su audición maximizar sus adquisiciones necesita de la lectura labial como alternativa. Es una práctica que consiste en la lectura de los labios del interlocutor, lo cual conlleva un verdadero entrenamiento para su aprendizaje, donde se ponen en juego los dispositivos básicos como son la atención, la imitación y la repetición. Diagnóstico temprano, intervención terapéutica temprana, equipamiento auditivo temprano, compromiso y participación activa de la familia son condiciones indiscutidas en la adquisición del lenguaje de un niño con discapacidad auditiva. Verónica Cher* * Verónica Cher es profesora especializada en discapacitados de audición, voz y lenguaje y en Estimulación Temprana. E-mail de contacto: cherveronica @hotmail.com

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