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HONGOS

La ansiedad parece variar enormemente de un individuo a otro. Aquello que pone a algunos el vello de punta deja a otros impasibles. Mas dos estudios recientes demuestran que, durante una crisis, la ansiedad resulta contagiosa: unos y otros alcanzan el mismo nivel de angustia.
David Eilam, de la Universidad de Tel Aviv, midió las respuestas de dos grupos de topillos (pequeños roedores sociales) cuando les amenazaba su principal depredador, la lechuza. Igual que en los humanos, unos cuantos topillos se asustaron de manera considerable, mientras que otros pocos no exhibieron miedo en absoluto; la mayoría se situó entre ambos extremos. Cuando las lechuzas sobrevolaban jaulas ocupadas por un solo roedor, el grado de nerviosismo de estos animales aumentaba más o menos por igual, según midieron las pruebas estandarizadas de comportamiento. Los topillos asustados continuaron mostrando el amplio espectro de niveles de ansiedad con los que habían empezado.
No obstante, cuando Eilam formó grupos de topillos con niveles distintos de ansiedad individual y los expuso a la amenaza de las lechuzas, todos los miembros del conjunto acabaron igual de estresados. «La variabilidad observada al principio se redujo y todo el grupo acabó comportándose casi por igual», afirma Eilam, quien opina que dichos patrones de conducta podrían resultar beneficiosos a los animales sociales durante las crisis. Tal convergencia hacia la similitud de comportamientos podría explicar por qué los humanos recurren a la religión o a otros rituales después de una catástrofe de grandes dimensiones. Las ceremonias, opina Eilam, podrían evitar que las personas más angustiadas perdiesen el control.

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