TGD:ATENCIÒN Y MEMORIA

Actualización
TGD: atención y memoria
Atención y memoria son, entre otras, dos funciones que marcan nuestra inserción en el mundo. Si bien no existen muchos estudios acerca de lo que pasa con ellas en TGD, se pueden dar algunas líneas generales en cuanto a cómo se ven afectadas y a la posibilidad de mejorarlas.

Introducción
“Una pregunta a las madres con niños con TGD: me dicen la maestra, el psicólogo, etcétera, que mi hijo tiene una memoria prodigiosa, va a cumplir 3 años en diciembre y se sabe los números, las letras y los colores desde hace bastante tiempo. Su maestra dice que es una esponja, lleva dos meses de colegio y ha avanzado un montón, ya empieza a hablar y hace alguna frase con verbos”.
“El caso es que a mí me molesta que me digan que es porque tiene TGD, no sé si se entiende. Para mí mi hijo es muy listo y muy inteligente, no tiene que ver con si tiene TGD o no. Así que pregunto: ¿Han tenido la misma experiencia?”.
La preocupación que surge del texto transcripto de un foro español sobre TGD es realmente difícil de contestar. No son raros los casos en que personas que portan este trastorno posean una memoria extraordinaria para ciertas áreas, mientras que fracasan en otras.
Otras, sin embargo, no se destacan por ello, mientras que algunas parecen sufrir un déficit en este campo.
¿Existe una relación entre la memoria, la atención y el CI?
La respuesta se complica aún más cuando se repara en que bajo el rótulo de TGD se aglutinan síndromes como el de Rett, el de Tourette y el de Asperger, autismo y una serie de trastornos que tienen puntos en común, pero también algunas divergencias que les dan especificidad.
Al mismo tiempo, el peso de los síntomas en cada uno de los que caen en esta amplia denominación se distribuye de manera distinta en cada sujeto, brindando cuadros similares, pero de diferente gravedad, por lo que las funciones pueden aparecer con afectaciones de diversa índole y con una intensidad variable, a veces hasta en el mismo individuo.
Por ello, pese a que intentaremos despejar un tanto ese campo nebuloso, sabemos que no existe una única respuesta universal, en la que caigan todos los sujetos. Es lo mismo que ocurre en casi todos los campos de las ciencias y otras disciplinas que no se definen como tales.

Definir para
poder diferenciar
Como punto previo para comenzar, es necesario hacer una aclaración: atención, memoria e inteligencia tenemos casi todos los seres humanos, seamos más o menos “normales”. Existen casos en que no es así (personas en coma profundo o nacidas con anencefalia, entre otros). Pero, insistimos, la inmensa mayoría posee esos atributos.
Otro aspecto a tener en cuenta es que atención y memoria forman parte de un conjunto de funciones que se interrelacionan, que se separan a efectos de su análisis, pero que interactúan unas con otras. Buena parte del diagnóstico de TGD se hace sobre la base de estas funciones, es decir, por la observación clínica del déficit o dificultad en algunas de las áreas.
La atención, según la Real Academia Española, es la acción de atender, lo cual no nos dice mucho. A su vez, este último término, entre otras acepciones, implica “3. intr. Aplicar voluntariamente el entendimiento a un objeto espiritual o sensible. U. t. c. tr. 4. intr. Tener en cuenta o en consideración algo”.
Esta definición concuerda con la concepción de que se trata de la aplicación del entendimiento hacia un objetivo, o tenerlo en cuenta o en consideración, lo cual también implica una generalidad que brinda un primer nivel de explicación.
Para la psicología, la atención es la capacidad que tiene el sujeto para percibir lo que ocurre dentro de él y en lo que lo rodea. Desde esta perspectiva, tiene que ver con la concentración, la capacidad para dirigir la actividad psíquica hacia un objeto, material o no; es decir, apunta a que el individuo tome la mejor posición para apreciar un suceso.
Es posible clasificarla en tres tipos: la involuntaria, la voluntaria y la habitual.
La primera no depende de la persona, sino de un estímulo de suficiente magnitud como para captar su atención. Un ruido fuerte, un dolor intenso, una luz brillante pueden atraparla sin la intervención de la intencionalidad del sujeto. Está asociada a los sentidos. El umbral de estímulo de cada persona es diferente, por lo cual el nivel de excitación es distinto en cada una, así como los estados de ánimo predisponen en mayor o menor medida a su captación.
Respecto de la voluntaria, más que un estímulo, lo que existe es una motivación. En este caso, alguien intencionalmente fija su atención en algo determinado. Al recorrer un museo, se la presta a las distintas piezas, por ejemplo. También cuando se desea comprar algún objeto, se lo busca selectivamente. Cuando existe algún conflicto exterior o interno, se hace difícil mantenerla. El cansancio, el estrés, la ansiedad, los ambientes caóticos, condiciones climáticas extremas, etc., hacen que sea necesario recurrir a un esfuerzo para sostenerla, por ejemplo, en situaciones de estudio.
La tercera, denominada habitual, es aquella que depende de los hábitos o los intereses predeterminados de un sujeto. Una persona aficionada o preocupada por determinadas cosas (ropa, automóviles, seguridad, fútbol, etc.) o con un oficio o profesión prestará mayor atención a algunas que a otras casi en forma automática. Es un tipo selectivo, es decir que se resaltan aspectos que a otros, con diferentes intereses, les pasan desapercibidos.
Otra característica a destacar es que la atención suele fijarse en un objeto a la vez, al menos prioritariamente. Cuando se pone en más, se dispersa y se distrae. Sí puede pasar de una situación a otra, según que los estímulos o el interés cambien en intensidad y/u objetivo. Por otro lado, puede centrarse durante un tiempo determinado, variable para cada sujeto, después del cual se tiende a la dispersión.
Por su parte, recurriendo nuevamente al Diccionario de la lengua de la RAE, la primera acepción de “Memoria” establece: “1. f. Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”, lo cual concuerda con lo que vulgarmente conocemos como tal.
Desde una perspectiva más científica, puede decirse que se trata del proceso mediante el cual los organismos codifican, almacenan y recuperan información. Desde los unicelulares hasta el hombre, con distintos grados de cantidad y calidad, los seres acumulan datos para sobrevivir.
En el caso humano, esta tarea se halla localizada en el cerebro, en el cual alrededor de 100.000 millones de neuronas interconectadas (100 billones de sinapsis posibles) guardan y reflotan una cantidad de información incalculable (algunas estimaciones sobre la capacidad cerebral hablan de la posibilidad de contener el equivalente a 10 billones de páginas de gran tamaño). Pero no sólo es importante el volumen sino también cómo éste se estructura.
La selectividad es una característica muy importante. En efecto, no todos ni cualquier suceso poseen la misma intensidad de registro. Aquellos que se inscriben bajo condiciones placenteras suelen quedar más nítidos, mientras que los que son producto de conflicto quizás tengan una potencia similar, aunque su claridad sea menor.
El tiempo es un factor que altera la memoria. Su paso determina, en general, una pérdida de precisión, y no es raro que quien rememore, en realidad, realice la reconstrucción de sucesos basándose en unos pocos datos antiguos.
Existen distintos tipos de memoria:
a) Instantánea: Es aquella a la que puede accederse inmediatamente. Su extensión es grande, porque en ella se halla la información que el sujeto necesita para la vida cotidiana. Su automatización permite realizar dos o más tareas simultáneas.
b) Especializada: Es de fácil acceso, por lo que se halla disponible con inmediatez. En ella se encuentran, entre otras, la memoria lingüística, cierto tipo de visual, los preconceptos y las respuestas rápidas.
c) A corto plazo: Aquí se halla ubicada la inmediata, aquella que se acumula en el tiempo de vigilia. Se renueva con cada ciclo de sueño, donde se depura. Su conservación posterior depende de la significatividad que tenga para el sujeto, de su capacidad de almacenamiento y del factor temporal.
d) A mediano plazo: Se retienen datos por más tiempo. Es más de tipo relacional, es decir, se obtiene tanto directamente como por relación con otros guardados en la memoria, que se acumulan como conceptos.
e) A largo plazo: Constituye la base del carácter esencial de la persona, tales como creencias, principios, instrucción, etc.
f) Visual-emocional: Más que recordarse, las imágenes se vuelven a vivir. Se recuerda una emoción y se reviven las imágenes emotivamente y con un carácter simbólico muy fuerte.

Atención y memoria en TGD
Tanto una como la otra se imbrican de tal manera que resulta difícil separarlas. En efecto, para que algún suceso se cargue en la memoria, es necesario que haya despertado la atención, voluntaria o involuntariamente. A su vez, necesitamos de ellas para nuestra vida de relación y son un puntal ineludible en lo que hace a la educación: sin atención y sin memoria, ninguna de las dos serían posibles.
Cuando una o las dos se hallan perturbadas por algún proceso patológico, se abre toda una gama de posibilidades.
En los casos más severos de autismo, por ejemplo, no es que estén ausentes, sino que se dirigen hacia el interior del propio sujeto y tienen muy escasa proyección hacia el exterior. Pareciera que prestan más atención hacia su mundo interior que a lo que los rodea y que obedecen sólo a algunos estímulos provenientes del mundo, con muy poco interés (o ninguno) hacia estos últimos.
Algunos estudios sugieren que falla la memoria que establece relaciones, lo que le impide a la persona tomar datos de su experiencia para anticipar sucesos. Ello explicaría, en parte, la aversión y la desestabilización que producen ciertas situaciones nuevas o que son tomadas como tales. No es que no estén almacenados esos recuerdos, sino que, en lugar de sumar y correlacionar, aparecen fragmentados, en compartimientos estancos, como si esa información sirviera únicamente para la oportunidad en que fue registrada. Las experiencias no pueden ser resignificadas para aprovecharlas en otras situaciones.
En otros componentes del amplio espectro que abarca la TGD, las falencias hacen que sólo se fije la atención en determinados objetos, personas o circunstancias y que sea sorprendente el nivel de memoria o atención que puede desplegarse sobre ellos. Es por eso que suelen hallarse demasiado focalizadas en determinados puntos de interés, mientras que en otros, tal vez más importantes, se demuestre una inclinación escasa o nula. O que, por el contrario, no pueda fijarse en un solo punto, sino que se salte de uno a otro.
A su vez, las fallas en la atención provocan conductas ausentes o disruptivas, según el padecimiento, con lo cual la interacción social se ve seriamente restringida en uno u otro caso. A quien la fija en demasía sobre algún aspecto o aquel que la varía constantemente, sin poder detenerse, les cuesta relacionarse con lo que los circunda, sean personas, objetos o situaciones.

Tratamiento
Como cada persona, además de poseer una determinada sintomatología (autismo, TDA, etc.) la tiene en un grado y en una combinatoria diferente, siempre debe recurrirse a una forma de tratamiento personalizada, acorde con las características que presente.
Un dato no menor a tener en cuenta al iniciarlo es que se estima que un 40% de los niños que padecen TGD tendría un CI menor de 50 (retraso de moderado a profundo) y un 30% estaría ubicado entre 50 y 70 (retraso leve), por lo cual no debe desestimarse esta variable.
Para los casos de atención dispersa existen algunos medicamentos que son de conocimiento público, por la gran difusión que ha tenido en las últimas décadas la problemática de la TGD.
Se señalan, entre sus efectos negativos, algunos problemas orgánicos que se desprenden de su utilización prolongada, además de que algunas pueden producir adicción. Como muchos son estimulantes, anfetaminas y tranquilizantes, ninguno cura, sino que bajan el nivel de hiperactividad. En los casos de autismo, algunos tratamientos incluyen también el suministro de drogas, pero no existen estudios que avalen su utilidad.
En todo caso, ni la atención ni la memoria suelen mejorarse significativamente como consecuencia de la administración de fármacos, sino que atenúan algunas características de las personas con TGD.
Lo que sí se sabe es que tanto la atención como la memoria pueden mejorarse por medio de la ejercitación. En quienes padezcan alguno de los trastornos, quizás deba recurrirse a métodos más personalizados, en manos de profesionales idóneos en la materia, y siempre dentro del marco general del tratamiento del trastorno en el cual atención y memoria son dos de los síntomas de un grupo complejo de ellos.

Para finalizar
La atención y la memoria son dos funciones, entre muchas otras, que regulan y marcan nuestra forma de estar en el mundo. Ellas nos permiten relacionarnos, aprender, relacionar, establecer niveles de comunicación adecuados o no.
Los diversos ejercicios que los profesionales adecuados ponen a disposición aseguran un camino más lentos en muchos casos, que las soluciones medicadas, aunque sus efectos son más duraderos y no desaparecen en el tiempo.
Sigue pareciéndonos preocupante que aproximadamente el 10% de los niños norteamericanos en edad escolar estén medicados por diagnóstico de TGD y que en algunos países de América Latina se esté cerca del 7%. También que las rotulaciones a la moda o apresuradas encasillen a muchos otros y los sometan a un peso que marcará toda su vida.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

Referencias:
http://www.psicodiagnosis.es/
http://www.psicopedagogia.com/
http://www.childbrain.com/
http://www.rena.edu.ve/

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