Teoría genética sefardí ¿mito o realidad

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Teoría genética sefardí ¿mito o realidad? por Maria José Arévalo Gutiérrez

Según los investigadores de la Universidad británica de Leicester y de la catalana Pompeu Fabra, con el apoyo de la Wellcome Trust, se publico el estudio efectuado en la American Journal of Human Genetics, titulado “El legado genético de la diversidad e intolerancia religiosa: linajes paternos de cristianos, judíos y musulmanes en la Península Ibérica”. En ese estudio se estima que aproximadamente un 20% de la población de la Península Ibérica tiene ascendencia judía sefardí, según han encontrado los genetistas.

El grupo de científicos llevo a “cabo un análisis del cromosoma Y, únicamente presente en los hombres y que se transmite de padres a hijos”. Según el doctor Calafell de la Universidad Pompeu Fabra, “la investigación se concentró en el análisis del cromosoma Y porque no se recombina en la reproducción, lo que hace que sólo las mutaciones lo modifiquen, por lo que los científicos pueden determinar su orden de aparición”. Posteriormente, las muestras obtenidas se analizaron y se “compararon con las poblaciones de judíos sefarditas y de individuos del norte de África, que tienen la ventaja de ser muy diferentes a las poblaciones receptoras originarias de la Península Ibérica, por lo que su diferenciación es sencilla”. Así mismo, llegaron a la conclusión de “que uno de cada tres españoles tiene ascendencia árabe, morisca o judía ”.

Dado que la mayoría del cromosoma Y no ha cambiado de padre a hijo, la proporción de ascendencia sefardí y árabe detectado en la población actual son probablemente los mismos que poco después de las expulsiones en 1492. Los investigadores encontraron, que cada uno de los grupos judíos considerados (irání, irakí, sirio, italiano, turco, griego y ashkenazi) tiene su propia firma genética, pero están más estrechamente relacionado con otros grupos judíos que con los grupos no-judíos. El estudio probó, que hace aproximadamente 2.500 años, los judíos iraníes e iraquíes se separaron en grupos genéticamente distintos frente a los judíos europeos y sirios.

No es fácil confrontar genética y cultura aunque puede surgir la hipótesis, que lo que mas une a los judíos no es el factor genético sino entre otros el cultural. La conservación de sus tradiciones a lo largo de los siglos en la que la religión ha jugado un componente importante, ha sido el factor clave para guardar celosamente su identidad.

El término mas ajustado, si se quisiera aplicar alguno, seria el de identidad mediterránea, que es la identidad apropiada no sólo para Israel sino para toda la zona, y que constituye una respuesta a la aplastante globalización al estilo de Estados Unidos y dentro de poco de China. Israel no es un país europeo occidental ni tampoco de Oriente Medio, sino un país claramente mediterráneo. Desde luego, así es desde el punto de vista geográfico. En ese sentido, los vecinos de Israel son: Egipto, Líbano, Siria, Turquía, Grecia, el sur de Italia, los países del Magreb y también España, que constituye la entrada al Mediterráneo desde Occidente. Ése es el corazón de la identidad israelí, y ahí es donde se integra como miembro de pleno derecho en la cuna de las grandes civilizaciones griega, romana, judía, cristiana y musulmana. Por otra parte, la mitad de la población israelí procede de judíos originarios de países del Mediterráneo.

La “Triculturalidad” de la península ibérica como hecho histórico nos muestra que ha existido durante siglos un silencio sepulcral sobre todas las huellas existentes con el pasado, sobre todo con aquellas que hacen referencia al Sefarad. Hoy en día se nos invita a un cambio de enfoque que nos haga reconocer la riqueza cultural existente en un mundo cada vez más globalizado. Por lo tanto, es hacia nuestro propio pasado hacia donde debemos dirigir nuestra búsqueda de nuestra identidad más genuina y luego plasmarla en todos los campos posibles. Si fuéramos capaces de aceptar nuestra identidad histórico – cultural y el potencial que en ella se esconde, podríamos acometer ambiciosos proyectos colectivos. En vez de seguir negando psicológicamente estos hechos, necesitamos hacer un cambio importante que transforme las preconcepciones mentales imperantes en la sociedad, para que un país deje de ser solo un “territorio salvaje de caza” donde el endogrupo dominante somete o expulsa a los demás. Un cambio que nos enseñe a vivir en equilibrio, aceptando con naturalidad la incertidumbre que se produce en los encuentros y desencuentros con personas distintas, sabiendo que ello aporta avances, innovación y progreso.

“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”
L. Nebbia

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