Tatú carreta

El tatú carreta (Priodontes maximus) es un mamífero del este de Sudamérica, pariente de la mulita y el peludo, que llega a medir 16 dm de largo y pesar hasta 60 kg y por sus características, es tenazmente perseguido por cazadores furtivos para consumir su carne o para venderlo a zoológicos privados o coleccionistas que llegan a pagar por un ejemplar vivo hasta 250.000 dólares.

Por esos motivos, a los que se le suman la destrucción paulatina de su hábitat natural, la especie se encuentra en peligro de extinción y, al respecto, se han dictado leyes que contemplan su protección, existiendo además como en nuestra provincia, reservas naturales para preservar su hábitat.

Sin embargo, nuestro Monumento Natural Provincial debe esforzarse doblemente para sobrevivir en su propio territorio.

El 13 de julio de 1969, un ejemplar hembra de tatú carreta, fue capturado por técnicos del entonces Departamento de Caza y Pesca de Formosa, en las inmediaciones de la localidad de Laguna Yema. El animal pesaba cerca de 55 kg y medía 15 dm de la cabeza a la cola. El titular del Departamento de Caza y Pesca, autorizó el traslado del extraordinario ejemplar al jardín zoológico de la ciudad de La Plata (Buenos Aires) atendiendo a un convenio existente entre las provincias de Formosa y de Buenos Aires que preveía el intercambio de especies para su estudio y posible difusión en cada zona.

El raro ejemplar fue trasladado en una precaria jaula, en la caja de una camioneta, tapado con mantas y frazadas. En su viaje hacia el destino elegido, pasó por Buenos Aires, fue exhibido al público y, finalmente, alojado en el zoológico de La Plata. Acosado por el frío, la poca y mala alimentación y el cautiverio, después de estar un corto tiempo enjaulado encontró su destino final: la muerte.

Veinticuatro años después, a fines de mayo de 1993, pobladores rurales de la localidad de Fortín Lugones (Formosa), capturan otro ejemplar de tatú carreta, el cual es entregado a las autoridades de la Dirección de Fauna de la Provincia quienes, esta vez, decidieron alojarlo en la Reserva de Animales Silvestres Guaycolec. El lugar de alojamiento cambió, pero la falta de memoria no, y así, tras un mes de discusiones, de idas y venidas, el tatú, debido a la mala alimentación y al cautiverio, fue extraído de su improvisada cueva muerto.

Esa circunstancia motivó el arribo a Formosa del por entonces director científico del Zoológico de Buenos Aires, el doctor Enrique Romero, quien entre otras cosas dijo: “A especies como las del tatú carreta se las debe proteger dejándolas en su hábitat natural, o sea, al revés de lo que comúnmente se hace”. Además, al término de una recorrida por la Reserva Guaycolec manifestó: “No es una reserva sino un mal zoológico”, y recalcó: “Los encargados de un parque zoológico o de una reserva deben ser profesionales con alta sensibilidad y vocación por lo que hacen”.

Esos antecedentes hacían suponer que la Dirección de Fauna de la Provincia tomaría los recaudos necesarios para que no se repitan esas lamentables acciones y cumplir realmente con las funciones que, entre otras, le atañen como la de proteger nuestro patrimonio faunístico.

Pero el 27 de marzo de 2004, en las inmediaciones de la localidad de Tatané, se captura un nuevo ejemplar de tatú carreta que pesaba aproximadamente 40 kg y nuevamente la Dirección de Fauna se hace cargo de la situación y esta vez decide alojarlo en una habitación de una curtiembre privada que opera en el Parque Industrial de esta ciudad hasta decidir qué hacer con él.

A través de una serie de declaraciones que en distintos medios periodísticos ofrecieron autoridades y miembros de un grupo ecologista local donde manifestaron no saber absolutamente nada sobre las costumbres ni hábitos alimenticios de la especie, quedó claro que el futuro del animal estaba una vez más librado a su suerte en manos de quienes contaban ya con antecedentes plagados de desaciertos. Y la historia se repitió, pero esta vez con la sospechosa variante de que entre el 1 y el 2 de abril de 2004, pocos días después de su hallazgo, según declaraciones oficiales, el tatú carreta se escapó, corriendo milagrosamente las guías que trababan las puertas de su improvisado alojamiento mientras su cuidador, casualmente, no estaba.

La noticia de esta nueva lamentable pérdida se dio a conocer al público más de diez días después de ocurrida. Las razones nadie pudo explicarlas satisfactoriamente y, por supuesto, nadie se preocupó en investigarlas.

Distintos medios periodísticos locales difundieron tibiamente el hecho, más que nada para justificar la inoperancia oficial, pero lo que no se mencionó es que la Legislatura de la Provincia de Formosa sancionó en 1993 la Ley 1.038, en la que se declara al tatú carreta Monumento Natural Provincial con el objeto de lograr la protección y recuperación numérica de la especie considerada amenazada, por lo que deberían haberse extremado las medidas de seguridad dispensadas.

Tampoco se entiende el empecinamiento en insistir con mantener estos ejemplares en cautiverio cuando las experiencias anteriores y las recomendaciones dadas por expertos 10 años atrás dejan clarísimo que el tatú carreta no soporta el encierro en jaulas ni en zoológicos mal acondicionados.

Por otro lado, en esa provincia y por Ley Nº 17.916 se crea en el año 1968 la Reserva Natural Formosa, ubicada en el sudoeste de la Provincia, donde el tatú carreta es el símbolo, siendo una de las pocas áreas protegidas que lo amparan en el país junto a otras especies en peligro de extinción y donde, en definitiva, estos ejemplares deberían haber sido reinsertados.

Es tiempo de tomar conciencia; aprender de los errores cometidos, dejar de lado la soberbia y trabajar juntos responsablemente para preservar el patrimonio natural provincial en todos sus aspectos porque, en estos casos, la ignorancia, el desinterés y la desidia pueden ser tan letales como un arma de fuego.

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