TARTESSOS-MAS ALLÁ DE LA LEYENDA

Tartessos: más allá de la leyenda
Hoy la arqueología nos facilita una imagen de Tartessos muy distinta del reino mítico descrito por los autores griegos. Sabemos que fue una sociedad aristocrática, rica, y con una importante presencia de gentes de Oriente.

Muchos arqueólogos se llevaron un gran chasco cuando, esperando desenterrar el reino de Tartessos en una de las orillas del Guadalquivir, lo único que hallaron fueron los restos quemados de una cabaña hecha con ramas. Poco antes, a finales de los años cincuenta, habían encontrado el magnífico tesoro de El Carambolo, compuesto de joyas de carácter exclusivo y casi tres kilos en oro. Pero lejos de cundir la desilusión, con el hallazgo se rompió con los mitos y las anecdóticas y ambiguas referencias contenidas en los relatos bíblicos y en los textos grecolatinos. El reino de Argantonio –célebre monarca tartesio que había sido inmortalizado por Heródoto en el siglo V a. C.–, situado entre el 630 y 550 a.C., se definía a partir de entonces como una etapa más de un proceso histórico de muy larga duración y la figura se perfilaba como uno de los muchos jefes locales de la fragmentada estructura política de su tiempo. La cultura orientalizante que impregnó Tartessos según las fuentes literarias, fue debida a la adopción por parte de las elites locales de conductas exóticas difundidas desde Oriente a través del comercio, pero también a la presencia de inmigranes que trajeron consigo las costumbres de sus lejanos países de origen. Esta civilización situada en los límites del mundo antiguo, a finales del siglo IX a.C. había consolidado sus redes comerciales con los fenicios. Atrás quedaba una larga etapa de viajes y contactos previos que habían originado la fundación de Cádiz hacia el 1100 a.C. Desde el puerto de Huelva también se repartía la producción de cobre y plata de las minas del Andévalo onubense, mientras que el estaño, que llegaba por vía atlántica, era imprescindible para la obtención de un bronce de calidad. En este ambiente surgieron las primeras anotaciones numéricas y la más antigua de las escrituras hispánicas, se introducía la tecnología para la producción de hierro y se ensayaban cultivos desconocidos hasta entonces. En definitiva, en buena parte del suroesteandaluz, que fue el corazón del reino tartessio, unas comunidades aldeanas y locales de fines de la Edad del Bronce modificaron sus modos de vida tradicionales a medida que el comercio fue ampliando sus horizontes. Ya en tiempos de Argantonio, el comercio fenicio tendría que hacer frente a la competencia de las metrópolis griegas de la costa de Asia Menor, de Atenas y de Corinto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *