Taquicardia supraventricular

Las taquicardias supraventriculares son aquellas en las que la actividad eléctrica que las producen se localiza por encima de los ventrículos, bien en las aurículas o en el nodo aurículo-ventricular. Se presentan más frecuentemente de forma paroxística, siendo menos habituales las incesantes. En la mayoría de los casos, se producen en pacientes sin cardiopatía estructural. Las crisis pueden ser desencadenadas por ejercicio físico o estrés emocional, pero frecuentemente no se encuentra un factor desencadenante. Los pacientes suelen referir palpitaciones en la zona del cozazón, ansiedad, nerviosismo y molestias en el tórax. En ocasiones, refieren mareo, disnea o angina. El síncope, la insuficiencia cardiaca o el infarto de miocardio son también posibles, pero muy poco frecuentes y se suelen producir en pacientes con cardiopatía estructural. En la exploración física, el dato más destacable es el pulso rápido y regular. En muchos casos existe hipotensión, pero suele ser ligera. A veces se produce poliuria al terminar la crisis, fenómeno que parece ser secundario a la dilatación auricular y liberación del péptido natriurético auricular causados por la taquicardia.

Dado que las taquicardias supraventriculares son, en general, de carácter benigno, no suelen requerir pruebas invasivas y su diagnóstico se hace habitualmente a partir de sus manifestaciones y, sobre todo, con el electrocardiograma y el Holter. Esto es suficiente para hacer el diagnóstico en la mayoría de los casos y, aunque a veces no hay total certeza del origen y mecanismo de la taquicardia, los datos obtenidos son suficientes para la elección del tratamiento antiarrítmico. Los métodos diagnósticos invasivos, principalmente el estudio electrofisiológico, se reservan para los casos de dificil control, con síntomas severos o riesgo de arritmias ventriculares.

El tratamiento inicial de las taquicardias supraventriculares depende de la situación clínica del paciente. En la mayoría de los casos, el paciente está estable, por lo que lo habitual es intentar reducir la frecuencia cardiaca y revertir la arritmia con fármacos antiarrítmicos. Además de los fármacos, debe administrarse un goteo lento de suero fisiológico, realizarse frecuentes tomas de presión arterial y mantenerse una monitorización electrocardiográfica continua. Los casos con manifestaciones importantes requieren asistencia en Urgencias. Si se presenta con descompensación severa, como edema agudo de pulmón o shock, está indicada la cardioversión eléctrica inmediata. En la prevención de los paroxismos, la primera medida consiste en eliminar los posibles factores desencadenantes. Si las crisis son infrecuentes, bien toleradas y se controlan fácilmente, no es preciso administrar tratamiento farmacológico crónico. En caso contrario, los fármacos de elección son los estabilizadores de membrana, es decir los antiarrítmicos de clase Ia, Ic y III, aunque, si la arritmia incluye la conducción obligatoria por el nodo AV, son efectivos los antiarrítmicos que retrasan la conducción AV, como los betabloqueantes, verapamil y diltiazem. Si la arritmia es crónica, el tratamiento de mantenimiento va encaminado al control de la frecuencia cardiaca. Por último, cuando las medidas farmacológicas fallan, pueden estar indicadas la ablación con catéter o la implantación de un marcapasos antitaquicardia.

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