TANGO-ORQUESTAS Y CANTORES: GARDEL, SIEMPRE GARDEL

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ORQUESTAS Y CANTORES: GARDEL, SIEMPRE GARDEL
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Podríamos afirmar que Carlos Gardel nació, según dicen, el 11 de diciembre de 1890 en la ciudad francesa de Toulouse, y que a los tres años de edad arribó a la Argentina. En 1915, conoció a Pascual Contursi, en una velada del cabaret Royal de Montevideo. Contursi escribió los cuatro primeros tangos que grabó Gardel: «Mi noche triste», «Flor de fango», «De vuelta al bulín» e «Ivette». El 3 de enero de 1917, Gardel grababa el primer tango canción «Mi noche triste». Los periódicos La Prensa y El Diario publicaron:
«Para esta noche, en el Teatro Esmeralda, se anuncia una función extraordinaria en beneficio de la pareja de canto Gardel-Razzano y su acompañante, el guitarrista José Ricardo. Se pondrá en escena el primer acto de «El Distinguido Ciudadano» por la compañía del Teatro Apolo, un diálogo de Cayol a cargo de Alippi y la Poli y un monólogo por Enrique Muiño…»

Carlos Gardel a su vez fue autor de muchos tangos famosos junto a Alfredo Le Pera y sólo en París llegó a vender 110 mil discos en un año. Protagonizó 11 películas en Estados Unidos. Y cuando lo sorprendió la muerte en un accidente aéreo en Medellín (Colombia), ya había grabado cerca de 800 temas.

Este breve relato se acercaría a una historia casi «oficial» de su vida. Pero Gardel es un enigma. Parafraseando el tango, todavía es materia de discusión su nacimiento; un verdadero don su prodigiosa voz y, por sobre todo, su memoria viva en las ciudades por las que transitó.
Su persona aún convoca a ensayistas, antropólogos, historiadores y poetas, además de fervientes gardelianos anónimos y conocidos.
Como reflexionó Ernesto Sábato, el éxito de Gardel, antes y ahora, está vinculado a que él es «el Hombre de Buenos Aires». El porteño que trata de descubrir su auténtica identidad «encuentra irremediablemente a Gardel, el protagonista central del tango, que es la expresión popular más auténtica a la soledad del hombre de la ciudad.»

Cierta vez, el tenor italiano Enrico Caruso, admirado por Gardel, le dijo: «Usted tiene una lágrima en la garganta». Para la investigadora Nélida Rouchetto, Gardel «inventaba» los tangos. Su prodigiosa voz se tornaba lírica y engolada cuando cantaba «El día que me quieras», muy distinta de la que se escuchaba en sus primeros discos, la que entonaba «Flor de fango» no era la de «Mi Buenos Aires querido», ni la de «Mi noche triste» era la de «Sus ojos se cerraron».

El escritor Julio Cortázar prefiere «Mano a mano» para sintetizar la impronta gardeliana. «Si sus canciones tocaron todos los registros de la sentimentalidad popular, desde el encono irremisible hasta la alegría del canto por el canto, desde la celebración de glorias turfísticas hasta la glosa del suceso policial, el justo medio en que se inscribe para siempre su arte es el de este tango casi contemplativo, de una serenidad que se diría hemos perdido sin rescate…En su voz de compadre porteño se refleja, espejo sonoro, una Argentina que ya no es fácil evocar.
Más allá de las preferencias, para todos los estudiosos, Gardel es el tango mismo. Pero paradójicamente como dice el ensayista argentino Ricardo Ostuni, ni Gardel inició su carrera artística con el tango, ni el tango nació con Gardel.

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