TANGO-CÁLIDA EVOCACIÓN DE RODOLFO BIAGI

El pasado lunes 7 de noviembre se llevó a cabo el plenario público en el que se recordó a una de las figuras del tango que, podríamos afirmar, ha sido injustamente olvidado.

Estuvo a cargo de la disertación el Académico titular Ricardo García Blaya, lo que de por si garantizaba sapiencia y calidez en el tratamiento del tema. Y empezó bien rumbeado porque eligió como tango ritual “Gólgota”, con música del homenajeado y letra del poeta quilmeño Francisco Gorrindo. Finaliza ese tango con una Frase lapidaria: «en este Gólgota cruel, donde el más vil, ése, la va de juez.» La versión elegida era la del mismo Biagi con su cantor Teófilo Ibáñez. Una belleza.

Se notó que el disertante admiraba a Biagi, al margen de que conocía profundamente su tarea en nuestra música. Comenzó con su actuación como pianista de Juan D’Arienzo, orquesta popular si las hubo en los años de mayor repercusión del tango en el público. Y el mérito de Biagi fue doble, porque le imprimió su inconfundible estilo, cambiando el que tenía la orquesta del director. Además, como bien remarcó García Blaya, el éxito fenomenal de la orquesta de D’Arienzo llevó nuevamente al público a las pistas de baile, de las que se había alejado con la irrupción de las orquestas decareanas. Es indudable que éstas le agregaron musicalidad al tango pero le sacaron ritmo. Este reaparece con el binomio del que se habló en el plenario.

La música con la que ilustró la charla fue excelente; se escucharon grabaciones de temas instrumentales y cantados, con los cantores Alberto Lago, Jorge Ortiz y Hugo Duval. Sobresalieron las versiones de “Bélgica” de Enrique Delfino y «Pueblito de provincia” Héctor Stamponi y Homero Expósito con la voz de Jorge Ortiz, quizás el más representativo de los cantores de Biagi.

Muy didácticamente el Académico explicó, grabaciones mediante, la nueva marcación que le impuso a la orquesta el arreglador Oscar de la Fuente, haciéndola menos rítmica. Menos Biagi al fin. Como bien dijo García Blaya para cerrar su hermosa conferencia, era bueno recordarlo a Biagi con más sonrisas que lágrimas, mientras sonaba como música de fondo el vals de De Gullo “Lágrimas y sonrisas”, gran éxito del pianista al que apodaron “Manos brujas”.

Como fin de fiesta se produjo la impecable actuación de Walter Larroquet, joven cantor marplatense que se acompañó con su guitarra. Fue una verdadera demostración de su talento como cantor y como ejecutante del instrumento. Una verdadera revelación su voz de barítono y el bello repertorio elegido. Comenzó como para cantar tres temas pero el aplauso del público lo llevó a interpretar cinco, entre ellos “Viejas alegría” y “Absurdo».

Digno final para una noche que vamos a recordar por la sensible y sapiente disertación de García Blaya y por la brillante actuación de Larroquet.

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