Talla lítica y desarrollo cognitivo


Aunque no existen pruebas concluyentes sobre el papel que desempeñó la industria lítica en el desarrollo cerebral, una nueva línea de investigación podría zanjar la polémica.

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¿Qué nos hace humanos? Cuando nos planteamos esta pregunta, surge una respuesta casi inmediata: la inteligencia. Si bien este atributo no explica por sí solo la enorme complejidad de nuestra especie, nos diferencia por completo del resto de los miembros del reino animal. Sin embargo, cuando intentamos entender cómo y por qué se produjo un salto cognitivo de semejante calibre en nuestro linaje, nos enfrentamos a un obstáculo de primer orden: el cerebro no fosiliza.
¿Cómo podemos descifrar entonces nuestra evolución cognitiva? Por fortuna, existen otros indicios que nos informan de manera indirecta sobre el grado de desarrollo cerebral de nuestros ancestros. En primer lugar, contamos con los fósiles de sus cráneos. Su volumen refle-
ja la capacidad cerebral, al tiempo que sus paredes internas nos dan algunas pistas sobre la evolución de ciertas áreas del cerebro [véase «La evolución cerebral de los homínidos», por Emiliano Bruner, en este mismo número]. Por otro lado, la primatología comparada se encarga de estudiar las capacidades cognitivas de los primates no humanos, lo que nos permite establecer un punto de partida teórico sobre el desarrollo de nuestro cerebro. Por último, disponemos de una tercera prueba: el registro arqueológico, el cual nos informa sobre el comportamiento de nuestros ancestros.

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