Sobrevivir a la ausencia

HONGOS

Una autopsia sin concesiones ni dramatismos de la soledad que se vive en las grandes ciudades. Eso delinea el auspicioso desembarco en el ámbito literario de Leonardo Sabbatella con El modelo aéreo. Las inesperadas muertes del pintor y el profesor –así, sin nombres propios; uno, asesinado; el otro, un suicida– desembocan en un paneo por las vidas de distintas personas afectadas –aunque no sea la palabra justa– por sus desapariciones y las variadas situaciones que hacen a su día a día. ¿Cómo conllevar esas ausencias? La rutina de la soledad en sus diversas aristas es el mapa que va tejiendo lentamente –pero sin lentitud: nada de orfebrería narcótica ni de repetición en búsqueda de la diferencia– un Sabbatella que tiene en la morosidad epifánica del alemán Peter Handke y en el temple atildado del argentino Matías Serra Bradford a sus precursores.

Novela en su caudal de información y en su pulso narrativo, El modelo aéreo está dispuesta a partir de unas breves entradas –microrrelatos podríamos llamarlos, que brindan instantáneas de vida; de dos páginas, a lo sumo tres– que estructuran tanto el ritmo como la continuidad de los hechos; “hechos paralelos, sin conexión”, leemos en un momento. Lo que podría ser una novela policial –Vader, un empresario amigo del pintor asesinado, es el sospechoso perfecto: en bancarrota, vende cuadros del artista luego del trágico asesinato; además, tiene una cuenta pendiente con la mujer que amaba al difunto–, depara en un tangencial avistaje por la precariedad emocional de una variopinta galería de personajes, todos marcados por unas existencias ocres.

No están indignados, sólo padecen lo (poco) que tienen. No padecen lo que les falta. Solitarios, con relaciones laborales y puntuales, lucen extrañados en sus propios cuerpos. Fuera de lugar, fuera de foco, evasivos, huraños. Con resistencia a volver al “desierto” de sus vidas privadas, pese a que la experiencia en el trabajo no los tiente o les brinde consuelo, parecen más dispuestos a vivir la vida de otros que afrontar lo que tienen por delante: “¿Jorgen miente porque no siente como propia la vida que lleva?”, leemos. Narrar el desahucio y la falta de emociones en un flanco social de profesionales y empleados públicos rasos sin necesidad de estereotipar ni flagelar a sus víctimas es la tarea enaltecedora que se toma Sabbatella en su implacable debut.

Y de fondo está la ciudad, “como la multiplicación de un único fragmento”; una ciudad que encajona los deseos del más pintado y cuya única escapatoria posible es dibujarse en otro mapa. Huir de ella será la única alternativa para que el derrumbe no toque la puerta de algunos de sus personajes. En todo caso, lo significativo de El modelo aéreo reside en la astucia para no caer en las garras del sentimentalismo. Sabbatella se enfrenta a la sordidez pero sin ser sórdido. Su estilete punza los hilos invisibles de un equilibrio precario ascéptico

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