Sobre la unificacion

El mundo actual, demasiado afecto a los relatos extraordinarios y fantasiosos, cree que piensa cuando, la mayor parte de las veces, simplemente supone o desea…
En el contexto de esas suposiciones o deseos (simpáticos y amables, por cierto) se encuentran los errados conceptos acerca del estado de unificación o iluminación…
Suponemos que es ese un estado reservado solo para individuos especiales (una especie de “elegidos”), alejados de la vida ardua y desmotivada de cada día…
Suponemos también que esos individuos “especiales” lo han sido desde siempre y que, una vez llegados a ese estado (al cual suponemos también que acceden por sus propios medios) ya casi no son humanos: ya no poseen dudas, deseos ni pasiones, carecen de defectos y jamás cometen errores, no desean ni necesitan nada ni a nadie…
Esa fantasía es – además de falsa – sumamente nociva para toda aquella persona que con sinceridad busca un sentido a su vida…
Porque eso es la unificación: la conciencia del Sentido (no el sentido de “la” vida sino el sentido de la propia vida, la da cada uno) y, a través de ello, la conciencia de la unidad de todo lo existente…
Y al tomar conciencia de esa unidad, inevitablemente el individuo accede (y no por sus propios medios sino por Su voluntad, que “abre la puerta desde adentro”) a la conciencia de la unidad con Dios (como sea que cada uno Lo conciba en su corazón-mente)…
El individuo busca y se esfuerza en esa búsqueda (esa parte depende, por cierto, de su propio esfuerzo y voluntad) pero cuando llega ante el Umbral donde Dios lo espera, solo puede llamar a la puerta: Él es Quien abre e invita a pasar…
Y esa puerta está dispuesta para cualquiera que llegue a ella con corazón humilde, sin pretensiones “yoicas”…
Ocurre que en los relatos tradicionales (expresiones simbólicas de situaciones y circunstancias propias del Camino) existe habitualmente un peregrino o buscador que, después de largos y arduos viajes llega finalmente al remoto paraje donde habita el Iluminado; al llegar lo encuentra en meditación o leyendo algún texto sagrado (y allí comienza el dialogo simbólico del relato, claro)…
Como figura expresiva esa situación es válida, por supuesto; pero en la realidad, el “iluminado”, el “unificado” puede no estar siempre en ese estado áureo y casi angélico: el unificado/ iluminado a veces tiene hambre, sed, sueño, duerme, ronca, orina, defeca, come, bebe, fuma (o no, según le plazca), camina y se cansa, riega las plantas y protesta cuando las cosas no salen bien, vive en la ciudad o en las lejanías (sin que eso modifique en lo más mínimo su “unificación”), viaja en medios de transporte público (y cuando estos andan mal, zapatea como todo el mundo) o en automóvil o bicicleta (y cuando se descomponen, maldice en todos los idiomas que conoce)…
Porque – esto debe quedar bien claro –  el unificado/ iluminado está vivo, caminando por este mundo entre nosotros (que tal vez ni advertimos su presencia a nuestro lado) y mientras eso ocurra, mientras siga siendo un ser humano, tendrá necesidades y deseos, dolores y placeres, tristezas y alegrías…
Porque estar unificado/ iluminado no transforma al ser humano en Dios sino que lo “une” con El, a través de la conciencia de la identidad, lo cual aporta (eso sí) felicidad (no la maniaca hipereuforia que suponemos que es la felicidad, sino la serena conciencia de la Unidad con Dios y con todos y cada uno de los demás seres del universo y sus alrededores)…
Abandonemos la creencia de que el unificado permanece siempre en estado de levitación anímica; aceptemos la realidad: el unificado va y viene del “estado”, sin perder jamás la “conciencia” del vínculo con Dios y con cada ser vivo…
Accedamos entonces a la esperanza certera de la posibilidad de acceder a esa conciencia, sin necesidad de retirarnos a lugares remotos (por muy bellos y santos que ellos puedan ser en verdad) y aceptemos la realidad de que el unificado es una persona como nosotros, solo diferenciado por la “feliz conciencia del Ser” (Sat Chit Ananda)…

Podríamos expresar esa única diferencia de un modo sencillo: todos nosotros creemos y confiamos en que ese vínculo unitivo existe; el unificado lo sabe…

Que todos accedamos de Su mano a la feliz conciencia de la unidad del Ser y de Su Luz…

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