Sobre la estructuración en el vínculo terapéutico de la cosificación de los niños

Los niños y los jóvenes no son peligrosos. Están en peligro.

Documento de Familiares, Sobrevivientes y Amigos de Cromañón

No tienen norte no tienen salvación

hace el trabajo y redimirlo por favor.

Que se mejoren allá en la eternidad

partiles el buñuelo y quitá mi pena así.

Sheriff- Solari y Bellison

“Es decir, lo primero que se hace es diagnosticarlo de un modo invalidante, con un «déficit» de por vida, luego se lo medica y se intenta modificar su conducta.

Así, se rotula, reduciendo la complejidad de la vida psíquica infantil a un paradigma simplificador. En lugar de un psiquismo en estructuración, en crecimiento continuo, en el que el conflicto es fundante y en el que todo efecto es complejo, se supone, exclusivamente, un «déficit» neurológico.”

Consenso de expertos del área de Salud sobre el llamado «Trastorno por deficit de atención con o sin hiperactividad »

Así como la subjetividad de la época se filtra en todos los rincones del consultorio, independientemente de las buenas voluntades entrelazadas en tejer otras realidades y producir otras emergencias, también las caracterizaciones hegemónicas sociales tienen su espacio en los pliegues tanto de la transferencia como de la contratransferencia, (término que insisto en rescatar mas allá de modernas y poco fundadas militancias en su contra).

En la sociedad actual los niños padecen. Padecen en su transitar social y suelen padecer en los espacios pensados para elaborar sus padecimientos. En estos últimos son víctimas del padecimiento que produce el síndrome de oreja cerrada en el terapeuta cuando la cera ideológica en sus oídos es una barrera entre la queja del niño y la casilla diagnostica desde donde ha decidido escucharlo.

Hay un estigma social y un estigma terapéutico que vehiculiza la niñez hacia la desesperanza. Felizmente, si esta es atravesada, hay la esperanza de un adulto feliz entablillado con auxiliares químicos.

Hemos hablado largamente en cuanto espacio ocupamos, de la vigencia de la educación golpeadora en la sociedad actual. Armamos un trípode donde hay correlación ideológica entre el pedido de baja de edad de imputabilidad en los delitos, en lo social, reclamo de puestas de límites en lo escolar- familiar y diagnóstico invalidante o cosificante en lo terapéutico. Tres ejes que nos permiten pensar que el niño está en problemas.

Pero antes quisiera hacer un doloroso rodeo. Ha muerto Tomás y antes Candela. De pronto parece querer instalarse la dolorosa cuestión de que las vidas de los niños son prenda de venganza de odios adultos. Pero fíjense que si bien se mira, mi mismo enunciado denunciante está plagado de inocencia. No hay nada que esté queriendo instalarse. Está instalado y es esencial al ser humano. Aún con muchos años de práctica y escucha, quienes tenemos nuestras pulsiones dañinas procesadas en destinos sublimantes, al menos por un momento tendemos a pensar como irracional lo que no responde a nuestra lógica. Sabemos por Freud que lo que más nos repulsa es precisamente lo familiar. Vino luego Lacan a subrayarnos que no existe tal irracionalidad sino más bien una razón de otro orden.

Este milenio de pulsiones desatadas nos está convocando a ello, a retomar el más simple y profundo de los pensamientos, el pensamiento clínico. De lo contrario corremos el riesgo de quedar a la zaga de las demandas sociales, y al menos en mi forma de concebir al psicoanálisis y a la psicología, si no podemos responder a ello nuestro rol queda desdibujado en una maraña de enunciaciones vacuas.

Asi como Freud reclamaba responder con el oro del psicoanalis y Lacan dar cuenta de la subjetividad de la época, partiendo de ese lujoso marco, es tiempo de nuestra praxis donde hasta nuestros mas encumbrados maestros estén sujetos a revisión. Después de todo, somos tributarios de lo que Niestche le hizo decir a Zaratustra: les pido que me traicionen.

No vamos a abundar porque no es el eje de la jornada de hoy. Los niños son hoy mano de obra barata, carne de cañón de la avanzada delincuencial. La sociedad cosifica, margina, empuja hacia la delincuencia, judicializa y luego, encarcela y mata. Contra todas las normas a las que adhirió nuestro país, hay niños encarcelados con condena perpetua, dos de los cuales se suicidaron.

No es más próspero el camino que la Justicia suele legar a los niños maltratados y abusados en sus propios hogares ya que el destino inmediato es la exclusión y el exilio…para protegerlos.

Hace muy poco hablábamos de la añoranza autoritaria para referirnos al reclamo nostálgico de sectores de la educación que ante las nuevas subjetividades de la niñez y la adolescencia reclaman el retorno del salvajismo disciplinante para resolver aquello que tantos años de autoritarismo ha sembrado en el colectivo social. Una lectura caprichosa y arbitraria de cierto psicoanálisis postula la caída de la función paterna como el acontecimiento que escupe anomia, desaliento y rebeldía hacia lo instituido. Lejos de la postulación originaria del psicoanalista francés, estamos ante una extensión teórica impropia al servicio de validar el imaginario social del padre padrone.

Asi como los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, los de la educación se resuelven con más educación y ubicando a la misma como uno de los autores necesarios de aquello que intenta reprimir arcaicamente.

Nada de lo dicho está ausente en el consultorio, pero con un serio agravante. Hay técnicas, teorías y profesionales tributarios de cualquier doctrina, que compran el combo simplificante. No importa tanto si un niño está en problemas sino si los causa. La postmodernidad necesita dominar pasiones y pulsiones. Los diagnósticos y sus secuelas terapéuticas facilitan la tarea de ahogar el síntoma. Un niño problemático está denunciando, una denuncia incomoda y para cada tipo de incomodidad hay una terapéutica adecuada.

El silencio de los inocentes cuesta caro pero es efectivo. O se cursa una terapia distractiva donde lo esencial sea desviado o se medica para apaciguar aquello que no ha podido ser acallado. En esa estructuración terapéutica, niños abusados, maltratados, disciplinados empiezan a recorrer el camino de la tontería…El ADD los espera con los brazos abiertos, pero mas allá de modas la nosografía está plena de creatividad porque lo fundamental es que todo quede mas o menos adecuadamente en orden.

Los tratamientos finalmente resultan exitosos…aquel niño rumiante, inquieto, desafiante, agresivo que se atrevió a mostrar el malestar de la cultura finalmente será el encastre que termine de armar el rompecabezas de la familia feliz, la escuela feliz y la sociedad feliz…

Será entonces el adolescente y luego adulto que vivirá un mundo sin problemas…como diría una canción, “el mundo sin problemas es perder el tiempo a lo bobo” y si es bobo, entonces será el nuevo problema con el que se enfrenta la educación…como vérselas con individuos bobos,sin estímulo alguno,según una frecuente queja actual.

Cierro con una vuelta atrás…decía el Indio Solari: Tomasito ¿Podés verme? ¿Podés oirme?…no podía…la sociedad se horrorizaba de una muerte temprana al alcance de los medios, de esas mismas que produce a cada rato y que se olvidan porque nos preocupa que mueran potros sin galopar pero mas aún si los potros al galopar levantan demasiada polvareda…

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