SINDROME DE ULISES

Síndrome de Ulises
Una grave dolencia que afecta a los inmigrantes
Se estima que solamente en España el síndrome de Ulises (o síndrome del inmigrante) afecta a 600.000 inmigrantes indocumentados. Esta dolencia psiquiátrica se caracteriza por el estrés crónico y múltiple que padece el inmigrante al radicarse en su nuevo país. Los síntomas principales están vinculados a trastornos depresivos, pensamientos de muerte y obsesivos por los problemas cotidianos que deben enfrentar, ansiedad, irritabilidad, problemas somáticos, déficit de atención y síntomas confusionales (pérdida de memoria). Según refieren los especialistas, el síndrome de Ulises no sólo actúa por sí mismo sino que, como toda situación de estrés límite, favorece a acelerar o desarrollar ciertas patologías que pueden hallarse latentes en aquellos que lo sufren, como la predisposición a producir brotes psicóticos.

En el ámbito de la psiquiatría crece la preocupación y se profundizan las investigaciones por el estrecho vínculo que se manifiesta entre el estrés social y la salud mental.
Fenómenos como el burn out, los ataques de ansiedad y de pánico y el mobbing tienen una fuerte presencia en la atención clínica. Y dentro de el amplio abanico de estresores sociales, la emigración pareciera delinear una de las situaciones más complejas y desbordantes.
Producto de las desigualdades sociales entre sectores y naciones y la falta de oportunidades, la migración es la única opción que millones de personas alrededor del mundo encuentran para poder sobrevivir y sostener la esperanza de un futuro mejor y posible.
Como uno de los fenómenos sociales de mayor magnitud en las últimas décadas, el éxodo masivo es una de las caras más oscuras del proceso de globalización.
A partir de esta realidad surgen diversos conflictos dentro de una multiculturalidad donde se confrontan las complejidades para alcanzar la adaptación y supervivencia por parte de los inmigrantes y las problemáticas discriminatorias, xenofóbicas y de proteccionismo y explotación laboral por parte de las sociedades del primer mundo.
Como parte de esta problemática mundial, los psiquiatras han detectado un nuevo trastorno mental que afecta a la mayoría de los inmigrantes indocumentados, sobre todo en los países del primer mundo. Se trata del denominado Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple o síndrome de Ulises (SU), en alusión al héroe viajero de La Odisea. Esta patología se caracteriza básicamente por el estrés crónico y múltiple que padece el inmigrante al radicarse en un nuevo país y confrontar con una nueva cultura. Estrechamente relacionado con la depresión, en muchos casos esta enfermedad logra volverse discapacitante.
Es sabida la proyección de la Organización Mundial de la Salud que arroja una cifra realmente escalofriante: en el año 2020 la depresión será la patología más discapacitante. La raíz depresiva de las personas con síndrome de Ulises se alimenta de la ansiedad y los bajos estados de ánimo debidos a la combinación de factores como la soledad, la frustración, el rechazo social, el miedo a ser deportado o no conseguir empleo y a la añoranza de la tierra natal.
Se estima que en España el Síndrome de Ulises afecta a 600.000 indocumentados y a otros 200.000 en situación de temporalidad, que no saben si continuarán en el país. Tal es la incidencia de esta enfermedad que la cadena de televisión Antena 3 lanzó recientemente una comedia con el nombre de esta enfermedad donde se trataba la problemática. Lo cierto es que distintos profesionales se la salud y la labor social presentaron quejas por sentir que la serie banalizaba la problemática. Joseba Achotegui, director del programa síndrome de Ulises de la Universidad de Barcelona (UB), denunció que la serie de Antena 3 frivolizó este concepto de salud y reclamó a la cadena que no lo registre como marca comercial.

Causas y síntomas del estrés crónico
Según el psicólogo español Álvaro Zuleta, “el síndrome de Ulises es un estado de indefinición y de angustia mediante el cual el individuo no logra establecer exactamente en qué lugar se encuentra, si está en su país de origen o en el país de acogida”. Lo que generaría un trauma psicológico “que impide tomar decisiones de futuro y que imposibilita la ubicación real en el sitio al que se ha llegado”.
Existe un amplio espectro de situaciones que provocan el síndrome de estrés crónico, y los especialistas han coincidido en señalar una progresión de escenarios favorecedores.
En primer lugar se encuentran los problemas de incomunicación, ya sea por la barrera del lenguaje o por códigos y modos verbales no aprehendidos. En esta etapa es muy común que se manifiesten frustración, ansiedad e impotencia.
En segundo término encontramos la hostilidad que el inmigrante percibe hacia su persona por parte del entorno. Producto de recelos y desconfianza, la sociedad tiende a poner un manto de sospecha y desconfianza afianzadas en que el inmigrante es un ser marginal o que ha llegado a la ciudad para quitarle lo que le pertenece. La baja autoestima y el sentimiento de profunda soledad son los sentimientos que suelen presentarse junto a esta situación, haciendo que el inmigrante tienda a asilarse y protegerse de la mirada ajena.
El tercer proceso es la imposibilidad de elaborar un duelo y la “aculturación”. El término que engloba a este fenómeno viene del vocablo inglés acculturation, y denomina el proceso sociocultural de adaptación a una cultura o de recepción de ella y que va a influir de manera determinante en la personalidad del sujeto que adquiere las características propias de otra cultura diferente a la suya.
La alimentación también juega un papel protagónico, ya que muchas veces las personas inmigrantes se hallan subalimentadas. Esto se debe a que invierten la mayor parte de su tiempo en trabajar o buscar trabajo y el poco dinero que ganan lo envían casi en su totalidad a sus familiares en el país de origen. Como resultado tienden a comer alimentos de baja calidad con muchas grasas saturadas, bajo índice de proteínas lo que plantea una interrelación entre subalimentación y fatiga y cefaleas.
En cuanto al entorno cotidiano también encontramos un factor determinante, muchas de las viviendas donde residen los inmigrantes son en realidad espacios precarios de hacinamiento que constituyen un relevante factor de tensión y de estrés.
Y en último lugar podemos citar el miedo como un agente decisivo. Aparecen el miedo a la detención y expulsión, el miedo por los peligros físicos relacionados con el viaje migratorio, las coacciones de las mafias y redes de prostitución, el miedo al rechazo social y el miedo ante la falta de sustento y tener que terminar en la calle.
Zuleta apunta también a un altísimo y muy difícil de satisfacer nivel de expectativas que traen los inmigrantes, y hace responsable de esto a los medios de comunicación que transmiten una visión llamativa sobre los países ricos y quienes inmigran descubren luego la explotación, los abusos, la soledad y la marginación.
La sintomatología del síndrome comprende cuatro áreas:
-Área depresiva: fundamentalmente síntomas de tristeza y llanto, con pocos sentimientos de culpa.
-Área de la ansiedad: ansiedad, pensamientos recurrentes e intrusivos, irritabilidad, insomnio.
-Área somatomorfa: cefaleas, fatiga y molestias osteoarticulares.
-Área disociativa: despersonalizacion, desrealización, confusión temporoespacial y déficit de atención y memoria.
Algunos expertos sostienen que las mujeres serían más propensas a padecer este síndrome. Según ha señalado un estudio del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, una de cada diez personas en el mundo ha padecido, padece o sufrirá una depresión a lo largo de su vida, que afectará en el doble de casos a mujeres. También se ha afirmado que en general existe un alto porcentaje de pacientes que contemplan el suicidio como alternativa para aplacar su dolencia.
Sin embargo, otros especialistas resaltan la tozudez y la exigencia personal relacionada con el SU como motores de supervivencia que alejan la idea de la muerte, pero que provocan un fuerte ostracismo, intolerancia y violencia familiar.

El duelo migratorio
Anteriormente se resaltó a la imposibilidad de realizar un duelo frente a la emigración como uno de los principales factores que predisponen a las personas a padecer síndrome de Ulises. Es importante entonces distinguir tres tipos de duelos desde el nivel de dificultad en la elaboración y en su potencialidad psicopatógena:
– El duelo simple: es aquel que se da en buenas condiciones y que puede ser elaborado (cuando emigra un adulto joven que no deja atrás ni hijos pequeños, ni padres enfermos y puede visitar a los familiares).
– El duelo complicado: cuando existen serias dificultades para la elaboración del duelo (se emigra dejando atrás hijos pequeños y padres enfermos, pero es posible regresar o traerlos).
– El duelo extremo: es tan problemático que no es elaborable, dado que supera las capacidades de adaptación del sujeto. Este sería el duelo propio del síndrome de Ulises (se emigra dejando atrás la familia, especialmente cuando quedan en el país de origen hijos pequeños y padres enfermos, pero no hay posibilidad de traerlos ni de regresar con ellos, ni de ayudarlos).
Valentín González Calvo, Trabajador Social, Licenciado en Sociología (Mg. Orientación Familiar) y Prof. de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España, sostiene que “este proceso de duelo ya fue descrito en el siglo XVII por Harder y por Zwinger al ponerse en relación el fenómeno migratorio con la nostalgia; técnicamente recibió distintos nombres: ‘trastorno distímico, ‘depresión con manifestaciones somáticas’ y ‘trastorno por somatización’. Desde el principio se observó esta nostalgia y desarraigo en situaciones diversas: en soldados que tras prolongadas campañas militares sin regresar a su país, se sumían en el decaimiento y la tristeza; o en campesinos que migraban a las ciudades (Tizón, 1993). No es un fenómeno nuevo, todo lo contrario, es tan antiguo como el hombre mismo, en la medida que éste siempre se ha visto atrapado entre dos pulsiones polarizadas: la necesidad-deseo de conocer-explorar nuevos territorios y el deseo-necesidad de echar raíces y afincarse en los territorios conocidos”.
Para González Calvo el proceso del duelo comienza a trasmutar el dolor cuando se integran las pérdidas a través de mecanismos de reorganización interna. Este proceso de reorganización (duelo) no se resolvería sólo con un buen trabajo y una situación legal estable, sino cuanto el individuo se inclina a sopesar y reduce sus sufrimientos confrontándose con aquello que está logrando para sí mismo, de una manera realista y resiliente.

Los niños frente al síndrome de Ulises
Cuando las personas obligadas a emigrar lo hacen acompañadas de su familias, el contexto de angustia y estrés influye también negativamente en niños y adolescentes. Los menores suelen desarrollar cuadros de ansiedad depresiva y este trastorno les hace también mostrarse más agresivos.
El miedo también se hace presente en los niños. Los servicios de salud de España manifiestan que reciben niños asustados y las causas son varias: frente al retraso de sus padres y el temor de que los hayan deportado, de quedarse solos, por sentirse diferentes o rechazados… claro está no se hace referencia a fantasías infantiles de abandono y persecución, sino de realidades objetivas, verdaderas situaciones traumáticas.
Otro punto donde los niños de inmigrantes se ven perjudicados es el rendimiento escolar y los trastornos de atención y aprendizaje. Un informe sobre Rendimiento Escolar del INCE, del año 1998, sólo el 30% de los alumnos de 14 años y el 22,5% de los de 16 consiguen en España, como promedio, unos resultados que podrían considerarse netamente “satisfactorios”. Según refiere una noticia difundida recientemente en Barcelona, 133.000 mil serían los niños inmigrantes solamente en las escuelas de Catalunya.
Julio Carabaña, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que “los problemas que los alumnos inmigrantes plantean debido a la distancia entre sus costumbres familiares y los del país de llegada no han tenido tratamiento escolar específico hasta hace bien poco”.
Para abordar esta problemática en España se ha creado la figura del “mediador intercultural”, una pieza clave para facilitar la integración de los alumnos y las familias inmigrantes en el sistema educativo. Este profesional es el encargado de resolver pequeños conflictos originados en el colegio, entre otras cuestiones, por el desconocimiento del idioma o por diferencias culturales.
Según un informe sobre el rol de esta figura publicado por el diario Montanes, “antes de comenzar su formación, se hace una entrevista al alumno en el que se recogen sus datos familiares, costumbres e información escolar, ya que muchos de estos alumnos vienen a España sin los datos de escolarización de su país de origen. Cuando los estudiantes no hablan español los métodos más utilizados son los materiales visuales y auditivos, los juegos y las salidas por el colegio donde se tratan de explicar todos los aspectos del centro. Tras una estancia aproximada de seis meses en el Aula de Enlace, los escolares están listos para dar el salto a la Educación Compensatoria donde se trata de subsanar el déficit escolar que presentan muchos alumnos latinoamericanos”.
Este interesante enfoque plantea además la mutua colaboración entre los niños, sobre todo hacia aquellos que aún no dominan el idioma castellano.

Tratamiento e intervenciones
De todos modos es imposible ahondar en los tratamientos y abordajes necesarios sin reivindicar antes el derecho que tienen las mujeres y hombres a no migrar y a tener trabajo digno en su propio país. Por eso es indispensable generar intervención y alternativas desde las causas sociales que provocan la inmigración, es decir, la injusta distribución de la riqueza y concentración de capital, la falta de empleo, la pobreza y la marginalidad.
En paralelo podemos ubicar entonces la construcción de una red de apoyo social en los países que reciben a los inmigrantes y brindar la debida concienciación social para que no sean considerados tan sólo como trabajadores, sino como ciudadanos con derechos que deben ser respetados como los de cualquier nacional.
En este caso, un ejemplo positivo proveniente también de España es la Asociación Socio-Cultural y de Cooperación al Desarrollo Por Colombia e IberoAmérica (ACULCO). Entre los principales objetivos de esta Ong se encuentra los servicios de asesoría jurídica, sociolaboral, psicólogica, inserción laboral e información y asesoría acerca de regularización de la situación de inmigrantes y residentes. Desarrollando además proyectos de sensibilización y de participación ciudadana en España e Inglaterra y proyectos culturales que fomentan la convivencia como: festivales, talleres, muestras artísticas, conferencias, congresos y reuniones de análisis de la comunidad iberoamericana. Este enfoque integral a partir del trabajo en cada una de estas áreas es fundamental para combatir a los principales enemigos del inmigrante: la soledad y el desamparo, generadores de dolencias psicológicas y físicas.
A partir de que estas personas no existan a nivel legal surgen varios escollos para que puedan ser sujetos de ayuda. Por otra parte, como es sabido, a mayor cronicidad de una problemática también hay un menor mantenimiento de las redes de apoyo. De todos modos, tal como han señalado J. Aguilar (2003) o E. Gómez Mango (2003), estos pacientes en realidad son más viajeros que inmigrantes, porque en la situación en la que se encuentran aún no han acabado de llegar al sociedad de acogida. Aún no se han instalado, siguen de viaje.
Sin esta contención el círculo de angustia se cierra alrededor del inmigrante y éste comienza sentirse acorralado por una serie de síntomas que dañan las fuerzas para seguir luchando. Joseba Achotegui comenta que entonces “el inmigrante padece una sintomatología que tiene un efecto incapacitante. Se halla inmerso en un terrible círculo vicioso. Como señala Z. Domic (2004), estas personas tienen la salud como uno de sus capitales básicos y lo comienzan a perder (…). En nuestro trabajo en salud mental con población inmigrante desde 1980 no habíamos visto nunca las situaciones de estrés límite que hemos visto en los últimos 5 años”.
Aunque los datos duros sean desalentadores y ante la falta de políticas nacionales y el resquebrajamiento de un sistema despiadado, una vez más queda en las redes sociales el protagonismo y la posibilidad de cambio; trabajando en una conciencia con una mayor apertura y afinidad en la relación dada entre las traumas socio-afectivos que atraviesan millones de inmigrantes en todo el mundo y las estructuras objetivas con las que interactúan.

Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar

Fuentes:
– Joseba Achotegui. El síndrome de Ulises. El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (Hika, 186zka. 2007ko martxoa).
– Síndrome de Ulises en inmigrantes de origen argentino: Diseño de investigación Margarita Escudero.
– Fernando Ortiz aprud Ángel Rama – Transculturación narrativa en Américalatina.
– Asociación Socio-Cultural Y de Cooperación al Desarrollo Por Colombia e IberoAmérica http://www.aculco.org/
– www.migra-salut-mental.org
– El duelo migratorio. Valentín González Calvo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *