.SI EL SEÑOR NO CONSTRUYE LA CASA…

Ha llegado hasta mí un artículo cuyo título es “El sistema de gobierno de Ignacio de Loyola”.
Es una síntesis de un libro y no se hace mención del autor, con lo cual puedo hablar tranquilamente y con toda libertad de “un trabajo” que sugiere un plan de acción de acuerdo a criterios jesuíticos.
Digo que, gracias a Dios, no se menciona el autor, por que en tal caso debería contestarle directamente. Así podré hablar con toda libertad de lo que me ha sugerido la lectura de este texto, y aprovechar para que reflexionemos acerca de un cierto espíritu “funcionalista” que se difunde al tratar de mejorar nuestra gestión.
El texto en cuestión se nota que ha sido bastante trabajado, con lo cual hay algo para reconocer. Tiene también una cierta lógica. Existe un encadenamiento de temas de varios autores y alguna mención a cartas de San Ignacio (Casanovas, González de Cámara, Carta al Pcial. de Portugal, P. Miró…).
Claro, tratar de definir el sistema de gobierno ideado por San Ignacio para conducir la Compañía, “recortando papelitos”, se avecina a lo temerario. Con ello no quiero decir que no esté al alcance de cualquier persona investigar o indagar, cómo es que hizo San Ignacio para llevar adelante la obra por él fundada y por Nuestro Señor inspirada. Pero es parte de la investigación dada a conocer el recibir respuestas.
Así es que se me ocurrían algunas aproximaciones o criterios a tener en cuenta cuando se trata de sintetizar en un escrito de tres páginas el “sistema de gobierno de San Ignacio”, a riesgo de hacer una propuesta reduccionista que ignora u omite algunas cuestiones fundantes.
Los aspectos señalados.
De entrada nomás, el mismo San Ignacio no quiso que la obra por él fundada, llevara de alguna (o de ninguna) manera su propio nombre. Para que quedara a perpetuidad de forma clara, que es una obra que fue inspirada por el Señor y llevada adelante por Él, los primeros amigos en el Señor decidieron llamarse, si alguien les preguntaba quiénes eran, “compañeros de Jesús”.
Sacamos entonces una primera y muy sencilla conclusión.
La Compañía de Jesús es obra espiritual. Por lo tanto su gobierno es un gobierno espiritual-religioso. Si es religioso o espiritual, aunque se tengan presentes los medios humanos, y de hecho se tienen muy presentes, no radica en ellos la eficacia de la obra, sino en cumplir con la voluntad de Dios.
Pongamos un ejemplo. El artículo que analizamos presenta un sistema de gobierno tan magnífico, y aparentemente garantizado casi letalmente en su eficacia, que no admitiría márgenes de errores, lo cual es precisamente un error.
Es casi casi admitir que la expulsión de la Compañía primero (1767) y la supresión posterior (1773), se debieron a la ineficacia del Padre General del momento, lo que equivaldría a una afirmación bastante audaz.
(En todo caso, en este hecho, si bien se trata de algo mayor, la Compañía ha demostrado que precisamente no es obra de los hombres. Y aún así, si fuese obra de los hombres y hubiese sostenido la eficacia en el sistema de gobierno dadas las “múltiples técnicas” con que cuenta, la supresión resultaría una prueba más que notable para demostrar su fracaso).
De lo que estoy hablando, nuestro ignoto autor hace la salvedad en el primer párrafo. Nos dice que el sistema de gobierno ha sido estudiado “desde el punto de vista religioso pero que puede aplicarse para el gobierno de cualquier sociedad, sea un país, sea una empresa”.
Lo primero ya está dicho. Es un esquema para la vida religiosa. Por lo tanto fuera del ámbito de la consagración de la persona al Señor, estas técnicas religioso-espirituales, pasan a ser eso: técnicas. Técnicas que al despojarse de ese sustento que es el que les da el valor plenificante, pueden convertirse en poco más o menos que en técnicas mágicas.
Tal vez no soy del todo claro, pero si no se tiene presente la persona real (y la comunidad) con la que uno cuenta para conducir, si se trata sólo de aplicar técnicas mágicas, estaremos más cerca de la galera y del conejo que de un cuerpo viviente -Iglesia, Escuela, Docentes-.
Se imaginarán ustedes el futuro que le espera a una institución que hace de sus hombres una experiencia de prestidigitación o magia…!.
Entonces la segunda constatación.
Cuando se habla de la persona real con la que se cuenta, se habla entonces de un conocimiento efectivo acerca de quién es la persona que está delante.
Se presupone una disposición de la persona para dejarse conocer y conducir en orden a la adhesión y entrega a la institución a la cual desea pertenecer o pertenece.
Se supone un diálogo (en el caso del jesuita, con el Superior local o con el Superior Provincial), en el que ambos se manifiestan tal cual son. Sin disfraz ni máscara, para poder darse una mano mutua.
Desde uno, claridad de conciencia. Esto es: conocer y darse a conocer, tal cual los sentimientos que anidan en su interior. Sin disminuirlos ni disimularlos. Cuáles son los intereses y cuáles las debilidades.
Desde la otra parte, desde el Superior, la responsabilidad y la honestidad de procurar la salvación del alma de su súbdito, con el conocimiento real que tiene de su hermano sin que este conocimiento sea utilizado para beneficio propio o para la humillación del sujeto.
El ámbito de la conducción en la Compañía es cuasi sagrado.
De allí que cuando hablamos de ámbito cuasi sagrado, también deducimos que en la apariencia no se puede gobernar. Cuando el instrumento, el sujeto de gobierno o con el cual se gobierna se maneja no en la claridad cuanto en la murmuración, en la apariencia o en el cuidado de la imagen, se hace muy difícil gobernar.
Es decir, cuando el ámbito cuasi sagrado se profana, entonces se insertan en él todas las calamidades que ya los argentinos, por siglos de experiencia, tenemos harto conocidas.
De allí entonces es que quisiera solamente sugerir dos o tres puntos que hacen a lo nuclear de la conducción en la Compañía y a su sistema básico de gobierno, sin por ello, querer agotar en tan pocas páginas, lo relativo al tema. (Por cierto que requerirá otros editoriales…).
Es un gobierno espiritual. Lo primero entonces y casi lo inmediato que hace quien ingresa a la Compañía, es el mes de ejercicios espirituales. (Debo aclarar que el noviciado no ha variado sustancialmente desde los comienzos de la compañía). Hace allí una relectura espiritual de su vida y en adelante volverá a hacerla cada vez que lo necesite.
Lo segundo que no debe omitirse cuando se habla de la conducción en la Compañía, es la referencia fiel y honesta del estado actual del alma propia tal como se encuentra en ese tiempo y en ese momento, al Padre Provincial o al Superior local. (Cuenta de conciencia).
Lo tercero es mantener informado al Superior de lo que se va a hacer o de lo que se piensa hacer en orden a la misión recibida, sin que el mismo Superior lo tenga que requerir de manera constante.
El tema tiene mucha madera como para ser tratado en otras editoriales. Por supuesto lo haremos. Y una de las primeras apreciaciones que surgen, es ¡qué bien le haría a nuestras instituciones, tener presente un poco más al Señor en todos sus sistemas de gobierno! (“…Si el Señor no construye la casa…!”).

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