Sexo y nostalgia en una poética de la sencillez

El bloque de pisos donde vive la escritora Milena Agus (Génova,1959), en un barrio marinero de Cagliari, es una mezcla entre 13 Rue du Percebe, las comunidades de vecinos de las películas de Almodóvar y, sobre todo, un escenario extraído directamente de sus libros de ficción. Su novio, fotógrafo, vive en el piso de abajo; en el de arriba, tiene a su madre, octogenaria y enferma; dos de sus cuñadas también ocupan sendas viviendas, y con el resto de vecinas reina un ambiente de camaradería. Suenan risas, gritos, un piano –su hijo es músico profesional–, hace mucho calor y nadie diría, viendo a Agus cargada con las bolsas de plástico del supermercado –por las que asoma una colorida lechuga–, que se trata de una de las escritoras europeas más en boga de la actualidad. Sus novelas, cortas, ambientadas en una Cerdeña idealizada, se centran en las relaciones amorosas –o en los sueños de amor de sus protagonistas– y en temas como la nostalgia, la esperanza y el sexo, vistos a través de una poética de la sencillez. Saltó a la fama con Mal de piedras (2006), la historia de una mujer aquejada de cálculos renales cuya vida sentimental dará un vuelco en el balneario donde se recupera de un cólico. Y ahora salió a la venta su sexta novela, Alice (Edhasa), ambientada en un bloque muy parecido al suyo, en el que cohabitan un abuelo violinista, una fogosa mujer de la limpieza, un padre gay o una señora muy rica y cargada de prejuicios, entre otros.

El barrio de la Marina es hoy refugio de la inmigración, una especie de Raval. Más allá, la playa del Poetto, bucólica en los libros de Agus, hoy acoge protestas de los bañistas por sus altos niveles de amianto.

El mundo patas arriba

Aun siendo una historia coral, la trama central de Alice es la relación entre Annina, una mujer de 65 años, y el señor Johnson, su vecino de arriba, que la contrata como asistenta tras ser abandonado por su esposa. El es un músico despistado, inspirado “en mi hijo: con un calcetín de cada color, la manga rota, tocando en cruceros…”. Y “Anna se basa en una persona real que cuidaba a mi madre, sufría con los novios, era muy enamoradiza, tenía 65 años pero vivía una vida de 16: los hombres la dejaban y se desesperaba, pero al poco tiempo ya había saltado a otro”. A Anna “lo que más le atrae del piso de arriba es la luz, que entra por todos lados”. El hilo conductor es “la vejez vista no como insuficiencia, sino como último destello de luz”. Y el amor en esa etapa en la que “puede funcionar porque ya no te queda tiempo para cansarte del otro”.

Hay una expresión recurrente en boca de los personajes, que lamentan, en sardo, que “su mundu a fundu in susu” (el mundo está patas arriba). Una definición exacta de las situaciones inestables que se narran. “En esta isla, a la que llegué a los 10 años –explica Agus–, el fuerte viento sacude nuestras cabezas y no sabemos ya lo que es normal. Yo imagino un mundo en el que todos somos normales, incluso los que no lo parecen”.

Sobre los juegos y artilugios sexuales que la sexagenaria Anna descubre, la autora afirma que “he hecho investigación en aquel sex shop de la calle, ¿ve? Me hice amiga de los propietarios, pero mi novio me ha dicho que corte el tema, que en el barrio ya se empezaba a murmurar”. De hecho, si en otras de sus novelas las mujeres quieren ser princesas, aquí sueñan con ser “máquinas sexuales con los pechos grandes para que otras no les quiten los novios, como le pasó a una de por aquí, que el marido se le fue con una estudiante; ‘¿por qué te vas con esta tan fea?’, le preguntó su esposa, bellísima, con mucha clase. ‘Es una máquina de matar sexual’, respondió el marido”.

Agus nos muestra el balcón, con vistas al puerto. Y la habitación de matrimonio, donde escribe, en una minúscula mesita que casi toca la cama, bajo la vista de un ángel rubicundo que sobresale 20 centímetros del cuadro, tallado en madera. ¿Cómo es un día en su vida? “Me levanto a las cinco de la mañana”. ¿Para escribir? “Nooo, para hacer las tareas domésticas: cocino, lavo, ordeno… Luego me voy al instituto donde doy clases de italiano e historia, duermo la siesta dos horas y más tarde escribo o voy a cuidar a mi madre si me toca el turno, o me veo con el novio…”.

En Alice, y en toda su obra, el amor se aparece como “un gran regalo de la vida, no creo que nadie pueda vivir sin la idea de que es posible. Los que no creen en él son los que se deprimen, no falla”. Otros temas son la otredad –el extranjero, el gay– vista como salvación, y las familias como algo más allá de la biología.

Agus empezó a publicar tardíamente, en 2005. “Leí en la prensa que la nieta del editor Einaudi y la hija del editor Bompiani, hartas de la concentración editorial berlusconiana, habían fundado una editorial, Nottetempo. ¡Me gustó tanto lo que decían que les envié mi libro! Y al poco tiempo estaba en la calle. Desde entonces he publicado uno cada año, pero muchos ya los tenía escritos”.

(c) La Vanguardia

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