SERMON DE DESPEDIDA

Éste es el sermón de Despedida de nuestro Bendito y honrado Profeta, como lo registró el venerable Imán al-Bukhari.

Bismi-illahi’r-rahmani’r-rahim
— En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo —

A Allah alabamos, Ante Él nos arrepentimos. En Él buscamos refugio de nuestra maldad interior y de nuestras malas acciones.
¡Oh gente! Escuchad bien lo que digo. No sé si os volveré a encontrar aquí de nuevo después de este año.
¡Oh gente! Así como este día, este mes y esta ciudad(1) vuestra son sagrados, así son vuestras vidas, vuestras propiedades y vuestro honor sacrosantos e inviolables.
¡Mis compañeros! Muy pronto os encontraréis con vuestro Señor y Él seguramente os preguntará acerca de vuestro estado y conducta actuales. Cuidaos de no regresar al error de vuestros modos de vida anteriores y vuestras enemistades entre familias o clanes. Que aquellos que se encuentran aquí les transmitan este testamento mío a aquellos que están ausentes. Puede ser que alguno que lo oiga llegue a entenderlo y conservarlo mejor que aquellos que lo escuchan aquí y ahora.
¡Mis compañeros! Que cualquiera que mantenga una prenda en garantía la devuelva a su dueño. El interés de cualquier tipo queda abolido, debajo de mi pie. Pero debéis devolver el capital que os han prestado.
No hagáis daño y no os dañarán. Prestar con intereses ahora está prohibido por decreto de Allah. Este feo hábito, una reliquia de los tiempos de Ignorancia, lo pisoteo en todas sus formas. El primer interés que dejo abolido es el de Abbâs ibn Abd al-Muttalib(2).
¡Mis compañeros! Las reinivindicaciones de sangre de los tiempos de Ignorancia quedan completamente abolidas. La primera reivindicación de sangre que dejo abolida es la de Rabi’a, la nieta de Abd al-Muttalib.
¡Oh gente! Ahora Satán no tiene esperanzas de reestablecer alguna vez su control y dominio en esta tierra vuestra. Pero todavía le agradará que lo obedezcáis en otras cuestiones que consideráis de poca importancia. Cuidaos también de esas cosas para proteger vuestra religión.
¡Oh gente! Os ordeno observar los derechos de la mujer y temer a Dios con respecto a esto. Habéis tomado esposas como un legado de Allah, e invocando el nombre de Allah habéis hecho su honor y virtud lícitos para vosotros. Tenéis derechos sobre vuestras esposas y ellas tienen derechos sobre vosotros. Vosotros tenéis el derecho de que vuestras esposas no permitan que nadie que no os guste viole la santidad del hogar. Si admiten a alguien poco grato para vosotros, podéis reprenderlas suavemente y amonestarlas. Vuestras esposas tienen el derecho de que les proporcionéis todo el alimento y las ropas apropiadas a las tradiciones del país.
¡Oh creyentes! Os dejo un legado al que si os aferráis, jamás os extraviaréis. Ese legado es el Libro de Allah, el Corán. ¡Oh creyentes! Escuchad bien y recordad mis palabras. El Musulmán es hermano del Musulmán, por lo tanto todos los Musulmanes son hermanos. Es ilegal violar cualquier derecho que pertenezca a un hermano en la religión. Pero si él da voluntariamente, está bien.
¡Mis compañeros! No os hagáis daño. También tenéis derechos para con vosotros mismos.
¡Oh gente! Allah le ha asignado a cada uno su cuota (en el Corán). No es necesario hacer un legado en favor de un heredero (3). El niño le pertenece a aquel en cuya cama nació. Para el adúltero hay privación. Aquel que alega que su padre es alguien que no es su padre, o si un desagradecido con un maestro afirma que ese no es su maestro, que le caiga encima la ira de Allah, la maldición de los ángeles y las imprecaciones de todos los Musulmanes. De gente semejante Allah no aceptará ni su arrepentimiento ni su equidad ni su testimonio.
¡Oh gente! ¿Qué diréis cuando os pregunten acerca de mí?
‘Atestiguaremos que entregasteis el mensaje de Allah, cumplisteis la misión que se os confió, y nos disteis buen consejo y recomendaciones. . .’

Oh Señor sé mi testigo. Oh Señor sé mi testigo. Oh Señor sé mi testigo. . .

Nuestro Maestro el Más Noble Profeta es un espejo pulido. Cualquiera que lo mire se ve a sí mismo.
Un día, Abû Jahl llegó a la presencia de nuestro Maestro y se dirigió a él con estas palabras: “Muhammad, jamás he visto a alguien tan mal parecido y mal hablado como tú”. La respuesta de nuestro Maestro a ese insulto fue decir: “Tienes toda la razón”. Después de un rato, Abû Bakr el Sumamente Veraz se unió a ese mismo compañero. Le dijo a nuestro Maestro: “Que mi madre, mi padre y yo mismo seamos tu recompensa, Mensajero de Allah, jamás he visto a alguien de rostro más bello y de lengua más dulce que tú”. A estas palabras sinceras de Abû Bakr, respondió: “Tienes toda la razón, mi querido amigo de la Cueva (4)”.
Preguntándose cómo interpretar estas dos respuestas contradictorias, los Compañeros exclamaron: “Mensajero de Allah, Abû Jahl te denigró con una descripción que no te cuadra en lo absoluto. Luego Abû Bakr habló con admiración de algunas de tus virtudes. ¡Sin embargo les diste a ambos la misma respuesta!” “Sí”, dijo él, “Yo soy un espejo cristalino. Abû Jahl me miró y se vio a sí mismo”.
Como ven, creyentes, el amor del venerable Khabbâb también se había reflejado en el Espejo-de-Muhammad. Si llegara un creyente sincero y preguntara: “Yo amo al Mensajero de Dios, pero me pregunto si mi Maestro me ama a mí”, nuestra respuesta sería: “Cualquiera sea la medida que tenga tu amor por el Santo Profeta, de esa misma medida es el afecto del Mensajero por ti”. Permite, por lo tanto, que tu amor y afecto por él crezcan. Saca tus propias conclusiones de esto y reflexiona en este Verso:

“Es verdad que Allah y Sus ángeles hacen oración por el Profeta. ¡Vosotros que creéis! Haced oración por él y saludadlo con un saludo de paz.”
[33:56]

En función del amor y el afecto, la relación entre el Allah y nuestro Maestro es la que hay entre Creador y criatura pura. Observa las manifestaciones, por medio de las cuales el amor infinito que hay en Allah, el Primero de los primeros y el Último de los últimos, se torna aparente en Su Bienamado y ocasiona un amor infinito en ese noble ser. El amor se convierte en el principio conductor para la esencia del Portador del Mensaje y este amor entre los dos Bienamados se acrecienta a cada instante desde toda eternidad hasta toda eternidad. Pero sólo la propia gente del amor entiende lo que estoy diciendo.
Amemos, por nuestra parte, a Allah y a Su Mensajero y a aquellos que Allah ama, para poder ganar su respeto. Para que podamos estar con aquellos que amamos en este mundo y en el Más Allá. Aquellos que aman a Allah y a Su Mensajero y a los justos, suyo es el camino recto — el camino del Islam — y el sendero de la guía correcta, ese es el sendero por el que caminan. No tienen nada en común con Satán, con crueles tiranos, con incrédulos, con los impíos y los inmorales.
Adoran a Allah, modelan su carácter sobre la ética de Muhammad. La perversidad, la mentira, la falsificación, la pereza, la malicia, ellos renuncian a todas esas cosas. Perdonan cualquier mal que les hayan hecho y tratan bondadosamente al que lo cometió. Son tolerantes, practican la generosidad, el contento, la paciencia, la gratitud, porque así lo hizo su bienamado Profeta.

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